DE LA DESOBEDIENCIA ORIGINAL DEL HOMBRE 

de la desobediencia original del hombre
y el fruto del prohibido árbol, cuyo sabor
trajo al mundo de la muerte, y todas nuestras penas,
al perder el Edén, hasta que otro mayor
hombre nos restablezca en la sede feliz,
canta, Musa Celeste, que en la secreta cumbre
de Horeb o Sinaí inspiraste al pastor
que primero enseñó a la raza elegida,
como allá en el principio de los cielos y la tierra
surgieron desde el caos; [...]
te invoco a ti que me alientes en mi canto aventurado,
que pretende elevarse con ambicioso vuelo
sobre el monte Parnaso, decidido a lograr
cosas aún no intentadas en prosa o verso.

Autor del poema: Alejandro Latorre Quintanilla

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