DIOS 

La luz es la orla que ciñe tu manto,
tu planta infinita la esfera sin fin,
tu voz el murmullo más mágico y santo,
tu sombra las nubes henchidas de encanto,
tu aliento el aroma del nardo y jazmín.

Si airado rebrama fatídico el viento,
si trémula gime la brisa fugaz,
mi ser se conmueve ¡Señor! yo te siento
y á ti, en misterioso, veloz pensamiento,
mi espíritu implora seráfica paz.

Mi fe de cristiano no es ráfaga vana:
sin verte te adoro de hinojos ¡oh Dios!
Si el cielo azulado con tintes de grana
decora naciente la aurora galana,
yo admiro la lumbre que dejas en pos.

Mas ¡ah! te sentimos y no te miramos
que, al ver tanto brillo, tan gran majestad,
los que una mirada terrena gastamos
y á tí nuestra débil querella elevamos,
dejáranos ciegos tu espléndida faz.

Autor del poema: Ricardo Palma

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