EL SONETO DEL LUCERO DEL ALBA 

Sus ojos encantados de púdica hermosura
nunca se hablan visto, ni se verán después
su gracia primitiva de cristiana dulzura
asi como el lucero de la mañana es.

Los dos, en un paréntesis de rosada blancura,
son espigas hermanas de la Divina mies,
tanto, que en los caminos de tu visión más pura,
al Lucero del Alba, como a la niña, ves.

Inseparables ambos, el lucero y la niña.
En mi viaje dichoso por la celeste viña,
corté de los racimos dorados, el mejor;

un soneto glorioso. Diamante verdadero,
donde, catorce veces, la niña del lucero
juegue, bajo los cielos de su propio candor.

Autor del poema: Azarías H. Pallais

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