Encuentro
Enviado por jeanpierre41 Seguir
23 Agosto 2026, 01:27
Él no era solo un hombre; esa noche, era el artesano de mi perdición. Sus manos, acostumbradas a trazar versos sobre el papel, encontraron en mi cuerpo su lienzo más salvaje. No hubo prisa, solo la intensidad de un hambre que se había gestado durante siglos de espera.
Comenzó recorriendo cada centímetro de mi ser como quien lee un poema prohibido, bajando por la curva de mi cuello, deteniéndose en el valle de mis pechos hasta que mi piel vibró bajo su lengua. Me desarmó con una devoción casi religiosa. Me tomó por completo, explorando cada rincón, cada pliegue de mi intimidad, sin dejar un solo espacio sin reclamar. Me hizo sentir que el mundo se reducía a ese roce, a la forma en que sus labios y dedos convertían mi deseo en una urgencia líquida y ardiente.
Cuando no pude más, cuando el calor se volvió insoportable, lo guié hacia adentro.
Cabalgando sobre él, sentí que la gravedad perdía su fuerza. Fue un ascenso frenético, un galope contra el destino. Con cada embestida, la habitación se borraba; solo existía el choque de nuestra piel, el sudor que se deslizaba por nuestras espaldas y el sonido de nuestras voces fundiéndose en un solo jadeo. Mis manos aferradas a sus hombros, mis uñas marcando el ritmo de su entrega. Me elevé, impulsándome más allá de lo terrenal, buscando en su mirada ese destello de estrellas que solo ocurre cuando dos almas se incendian a la vez.
El clímax fue un naufragio de luces y espasmos, un grito ahogado en su hombro que me dejó temblando, vacía de todo menos de él. Allí, bajo la luz roja de la pasión, fui diosa, fui musa y fui, sobre todo, mujer en su estado más puro y voraz.
