12 Poemas góticos 

UNA BALADA DE ENTIERRO

Si justo aquí debo morir,
Solemnemente os debo pedir
Que tomes lo que resta de mí
Hacia las colinas por el bien del viejo bien.
Amortájame en el mismo fondo,
En el mismo hielo usado para apagar,
Aquel mismo que bebí cuando estaba seco.
—Observa esto para el bien del viejo bien—

Corre hacia la estación de trenes,
Hacia Umballa pide sólo un billete de ida,
No me preocupa el retraso o las sacudidas.
Descansaré alégremente del rencor
De los coolies y su clamor;
Así envuelto de mi dignidad
Envíame lejos para el bien del viejo bien.

Luego de la soñolienta Babu despierta,
Reserva para cuatro un camión.
Pocos, creo, desearán viajar
En mi lóbrega compañía,
Como antiguamente hacían.
Necesitaré un descanso especial,
Algo que nunca antes tomé,
Consíguemelo para el bien del viejo bien.

Después de esto, todo debes disponer,
No seré huésped de ningún hotel,
Ni la espina del buey me soportaría,
Dura es la espalda y áspera la soga,
Las cuerdas de Toga son frágiles y delicadas.
Crea un asiento y ubícame allí,
En una cómoda cuerda flexible,
Haz lo posible para el bien del viejo bien.

Después de esto, tu trabajo está hecho.
Recuérdale al sacerdote un lamento
Por la partida del querido muerto,
Sacude el polvo y las cenizas al viento.
No me bajes de inmediato, confío
En una excusa que me brinde tres días.
Luego embriágate por el bien del viejo bien.

No podría soportar los llanos,
¡Piensa en el ardor de Junio y Mayo!
¡Piensa en las lluvias de Septiembre!
¡Todo sobre mi hasta el día del juicio!
Nunca debería descansar en paz,
Debería yacer despierto y sudar.
Bájame, entonces, hacia mi lecho,
A las colinas para el bien del viejo bien.

Autor del poema: Rudyard Kipling

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Pétalos raidos

Enviado por cuentista  Seguir

PÉTALOS RAIDOS

Ahora…
Me ahogué en el vicio intentando naufragar
quise hundirme, así dejase de latir
mas, por más que a mi alma asesine, incesante
no deja de sentir.

Mucho antes…
Qué bonitas las Gardenias
las llevamos junto a ella, a un palacio sepulcral
silencioso, ya lo hicimos, en calmado funeral
y la muerte más llorona, nos guió.
Con la venia la enterramos en paisaje boreal
bajo un lustre presencial
¡Tantas lágrimas llevé!
La amo aún,
entre flores de Gardenia vi su féretro celar
bellos pétalos traídos que con ella han de quedar
y la muerte los tocaba; fue llorosa una vez más.
En la triste despedida un amor quedase allí
vi la tumba más hermosa que la arena a de enterrar
rancia tierra lapidosa,
vi a la muerte de rodillas en sollozo pregonar
“La ama aún”,
y prometo, aún la amo.
Sepultaron las Gardenias en la fosa celestial
junto a ella las llevamos, las llevamos a enterrar
y entre pétalos traídos
posa mi reina sobre flores perennal.

A veces…
Llueven lágrimas tremendas
en la lápida reciente
tú, estoica espera en soledad ¡llevadme muerte!
Al no estar ella,
mis latidos retumban y se oyen
y a cada tumba se escucha,
dueño de las nieblas, tú, muerte
llevaste a ella
¡Levadme a mí!, a reino inerte
hazlo parca, y deja de llorar
no puedo padecer en vida
pues con vida, tanto amor siento
“La amo, aún”.

"Cuentista 2020".

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