II 

No soy quien fui; murió de mí gran parte,
y lo que queda es languidez y llanto.
Las hojas de laurel, las esperanzas
de mis jóvenes cantos, se han secado.

Desde que Marte y su licencia impía
con su sangriento manto me vistieron,
está ciega la mente y muerta el alma,
y las desgracias son mi arte y mi orgullo.

Y aunque el deseo de morir me viene,
a mi fiera razón cierran las puertas
ansia de gloria y caridad de hijo.

De la suerte, de mí y de otros, esclavo,
conozco lo mejor y no lo escojo
y sé invocar la muerte y no matarme.

Autor del poema: Ugo Foscolo

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