III 

Ya nunca tocaré la sacra orilla
donde de niño recosté mi cuerpo,
Zante mía, en las olas reflejada
del griego mar en que nació doncella

Venus, que hizo fecundas esas islas
con su sonrisa; así callar no pudo
ni tus límpidas nubes ni tus frondas
el verso célebre de quien las aguas

cantó fatales y el diverso exilio
por el que rico en fama y desventura
besó su pedregosa Itaca Ulises.

Solamente tendrás de tu hijo el canto,
materna tierra mía: nos prescribe
el hado no llorada sepultura.

Autor del poema: Ugo Foscolo

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