Noche de fuego
Enviado por jeanpierre41 Seguir
30 Septiembre 2026, 18:52
Había algo en él que me desarmó antes de que mediara palabra alguna: su aroma. No era el perfume genérico de un aparador, sino un rastro almizclado, masculino y limpio que parecía reclamar el aire que yo respiraba. Cuando su mano rodeó la mía, sentí un chispazo eléctrico recorrer mi columna; su piel era firme, segura, y ese primer beso que depositó en el dorso de mi mano no fue de cortesía, fue una promesa de conquista.
Ya en la penumbra de la habitación, el mundo exterior dejó de existir. Solo quedábamos él, yo y ese magnetismo animal que me hacía sentir vibrar.
Me recostó con una lentitud tortuosa, sus ojos fijos en los míos, devorándome con una adoración que me hacía sentir sagrada. Se arrodilló a los pies de la cama, y mientras mi respiración se volvía errática, tomó mi pie con una delicadeza que contrastaba con la fuerza de sus hombros.
Sintió el estremecimiento que me sacudió cuando sus labios rozaron mi empeine. Me besó allí, con una devoción casi religiosa, subiendo por mi tobillo mientras sus manos grandes y cálidas firmeza mis piernas. Se detuvo, me miró desde abajo y, con una voz ronca que me humedeció al instante, pidió permiso. No con palabras, sino con un gesto de entrega total para ascender hacia mi centro, ese lugar que ya reclamaba su presencia con un latido húmedo y constante.
Cuando finalmente se hundió en mí, no hubo dudas. Me tomó como se toma a una diosa: con una mezcla de ferocidad y ternura que me hizo arquear la espalda, buscando fundirme con él. Cada embestida era una nota de una sinfonía de placer que solo nosotros conocíamos.
El contacto de su pecho sudado contra mis pechos sensibles. Mis gemidos perdiéndose en su cuello, mientras él gruñía mi nombre como un mantra. Sentir esa oleada de "miel" cálida y dulce recorriéndome por dentro cuando ambos estallamos en un unísono de espasmos y entrega absoluta.
