SÚPLICA 

Tírenlo todo,
pero dejen la música!

Trennos la tierra en que nacimos,
donde crecimos
y donde descubrimos por primera vez
que el mundo es así:
un laberinto de ajedrez ...

Tienen la luz del sol que nos calienta,
tu lírica de xingombela
en las noches mulatas
de la selva mozambiqueña
(esa luna que nos sembró en el corazón
la poesía que encontramos en la vida)
nos sacan la paja ̶ humilde cubata
donde vivimos y amamos,
nos sacan el hacha que nos da el pan,
nos sacan el calor de fuego
(que nos es casi todo)
̶ pero no nos quiten la música!

Pueden desterrarnos,
conducirnos
para largas tierras,
vendiéndonos como mercancía,
nos encadenamiento
a la tierra, del sol a la luna y de la luna al sol,
pero seremos siempre libres
si nos dejan la música!
Que donde esté nuestra canción
incluso esclavos, señores seremos;
e incluso muertos, vivimos.
Y en nuestro lamento esclavo
será la tierra donde nacimos,
la luz de nuestro sol,
la luna de los xingombelas,
el calor del fuego,
la paloma donde vivimos,
¡el hacha que nos da el pan!

Y todo será nuevamente nuestro,
aunque las cadenas en los pies
y azorrague en el dorso ...
Y nuestra queja
será una liberación
¡derramada en nuestro canto!
Por lo tanto,
de rodillas pedimos:
Tírenlo todo ...
pero no nos quiten la vida,
¡no nos lleven la música!

Autor del poema: Noemia de Sousa

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