18 Poemas con verso libre 

AL CALOR DE UN ÁNGEL

Tengo los mismos años que vivió García Lorca
dos más que Maiakovski
cuatro encima de Bécquer
trece menos que Rilke.
Un año más que Whitman cantándose a sí mismo.

Sigo aquí. Mi papel
de testigo me sigue complaciendo.

Podría entonar antífonas solemnes.
Decir: cosecha,
sangre,
fuerza,
cosmos,
patria.

Me habían dicho que un día sería grande.
Pero de estas cenizas nadie me había hablado.
No morir. ¿Cómo se hace?
¿Con honra? ¿Con ejemplo?
¿Con la imaginación?
¿Con la memoria?

Quiero estar a tu lado entre los cisnes.
Nunca cerrar los ojos. Recordarte.
Que me abrace tu nombre.

Que tu sal en mi pecho
no haya cárcel ni enfermedad ni reyes
capaces de robármela.

Autor del poema: Raquel Lanseros

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FORMA DEL HUIR

Mariposa de luz, la belleza se va cuando yo llego a su rosa.
Corro, ciego, tras ella... La medio cojo aquí y allá...
¡Sólo queda en mi mano la forma de su huida!

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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DÉJAME, PENSAMIENTO, DÉJAME

Déjame, pensamiento, déjame,
mañana seré tuyo,
volveré a ser tu presa.
Pero hoy,
mientras la luz araña en los árboles y pide
una oportunidad,
quiero que me recoja la inútil primavera.

A la casa del frío
regresaré mañana, cuando el tiempo
exponga sus razones
y el corazón pregunte
lo que falta por ver,
cuántos latidos
pueden quedarle para detenerse.

Autor del poema: Luis García Montero

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PARA RECORDAR NOCHES COMO AQUELLAS TÚ...

Enviado por holaholita  Seguir

Para recordar noches como aquellas
tú y yo hemos despedido las estrellas.
Las noches son más largas que entonces,
o es que ya nos hemos hecho mayores,
ha pasado ya tanto desde entonces.
Hemos pedido los mismos licores,
hemos bebido hasta perder el norte;
hemos quedado con la misma gente,
gente extraña que ya no nos conoce.
Sin recordar hemos pasado la noche,
nos quedamos solos,se ha ido la gente
y encontramos ahora nuestra noche,
igual que cuando teníamos veinte.

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BAJO LAS SÁBANAS

Enviado por verarego49  Seguir

Bajo las sábanas
Pasión amor y descontrol
Son sinónimos de nuestro amor
Porque me gusta cuando tiemplas
Y pierdes el control.

Mientras la luna y las estrellas
Fieles testigos son
De un amor pactado
Bajo la pasión.

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Presagios infinitos, lágrimas de marfil.

Enviado por bymodex  Seguir

Existe, en alguna parte, un pasillo oscuro e intangible que recorre los rincones donde reina el polvo,
las aceras donde aún queda sangre derramada de los valientes.
Sangre divina,
sangre de miel,
recorriendo escombros y transportando fusiones de tristeza tranquila
y euforia mal gestionada.
Capaz de transferir sentimientos delirantes al fondo de la conciencia,
sentimientos corruptos.

Presagios infinitos,
lágrimas de marfil

¿Dónde queda la paz en el subconsciente?

Busco lenguas de azúcar glaseado,
ojos de eucalipto,
llaves al portal de la alegría.

Con el tiempo,
los sentimientos desaparecen en una tormenta de arena desesperada en mitad de la noche y el silencio se manifiesta dejando las puertas abiertas al dolor, a la codicia de las bestias nocturnas.
Engullendo el espacio,
arrancando delicadamente las paredes que forman el habitáculo transformándolo así en esporas invisibles de soledad.
Encarcelado en extensas emociones.

El reino de la miseria a mis pies.
Pocas veces he conocido sosiego.
Pocas veces he conocido amor.
Habitáculo de mármol,
habitáculo de Dios.

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LA GRAN ALEGRÍA

La sombra que indagué ya no me pertenece.
Yo tengo la alegría duradera del mástil,
la herencia de los bosques, el viento del camino
y un día decidido bajo la luz terrestre.

No escribo para que otros libros me aprisionen
ni para encarnizados aprendices de lirio,
sino para sencillos habitantes que piden
agua y luna, elementos del orden inmutable,
escuelas, pan y vino, guitarras y herramientas.

Escribo para el pueblo, aunque no pueda
leer mi poesía con sus ojos rurales.
Vendrá el instante en que una línea, el aire
que removió mi vida, llegará a sus orejas,
y entonces el labriego levantará los ojos,
el minero sonreirá rompiendo piedras,
el palanquero se limpiará la frente,
el pescador verá mejor el brillo
de un pez que palpitando le quemará las manos,
el mecánico, limpio, recién lavado, lleno
de aroma de jabón mirará mis poemas,
y ellos dirán tal vez: "Fue un camarada".

Eso es bastante, ésa es la corona que quiero.

Quiero que a la salida de fábricas y minas
esté mi poesía adherida a la tierra,
al aire, a la victoria del hombre maltratado.
Quiero que un joven halle en la dureza
que construí, con lentitud y con metales,
como una caja, abriéndola, cara a cara, la vida,
y hundiendo el alma toque las ráfagas que hicieron
mi alegría, en la altura tempestuosa.

Autor del poema: Pablo Neruda

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Satori.

Enviado por sinedie  Seguir

Si poeta eres
y, en versos te descompones,
pon a dieta la diarrea
no te manches los cojones.

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