Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
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CANCIÓN PARA O SIL
Meu vello Sil cantareiro,
meu vello Sil cantador,
¡chegas feliz e riseiro,
marchas riseiro e cantor!
Meu vello Sil pelengrín,
viaxeiro e namorado:
¡pasas a ponte en Petín
e ollas o pazo de Arnado!
Meu vello Sil das canciós,
vagamundo e tarabelo:
¿lembras as vellas lexiós
na ponte de Sobradelo...?
Eu quero que me respondas,
vello Sil das aureanas:
¿aínda viven nas túas ondas
as doces ninfas paganas?
Meu vello Sil dos romanos,
detén o paso, non corras:
¿hai lugares máis humanos
que as terra de Val de Orras?
FORMA DEL ALTO Y CAÍDO CORAZÓN
Vilano, el corazón se desvanece
en pura altura de tu amado espanto,
ciega la flecha el manantial del llanto
y por tu rama el ruiseñor padece.
Ni agua ni voz... la mano que enloquece
por asirte, en la sima del quebranto
es piedra y es raíz, mas, entre tanto,
el corazón en vuelo desfallece.
Y mátame tu sueño, que al socaire
del sueño caigo, duro, acometido,
alta brisa del cielo desmedido.
Mátame el sueño y más allá del aire
de tu sueño, revuelan todavía
aves en desalada cetrería.
A MI MADRE
Hace tiempo que triste, sollozando,
La inquieta vida con afán devoro;
Hace tiempo que vivo suspirando,
Y que doliente, cuando canto, lloro.
Distantes ya mis esperanzas bellas
No le mandan al alma sus fulgores;
Ya en mi oscuro horizonte no hay estrellas,
Y en mi triste camino ya no hay flores.
Pensando siempre en la ilusión perdida
Perpetuo afán dentro del alma siento;
Ya me abruma el cansancio de la vida
No tengo ya ni de llorar aliento.
Pero hoy pensando en tu cariño amante
De la suerte desprecio los enojos,
Para ver á lo menos un instante
Brillar la dicha en tus cansados ojos.
Yo sé que tu alma la esperanza siente
Escuchando mis vagas armonías,
Y tus penas aduerme dulcemente
El flébil son de las canciones mías.
Con un dulce y amante sentimiento,
Conmovido levanto mis cantares;
Porque quiero que goces un momento,
Porque quiero que olvides tus pesares.
¡Oh! si pudiera yo de tu camino
Apartar para siempre los dolores,
Y hacer que un astro de esplendor divino
Tu existencia llenara de colores;
¡Con cuánta dicha en apacible calma,
Convirtiera tus horas de quebranto! . . .
Pero solo con lágrimas del alma
Pagarte puedo tu cariño santo.
En vano siempre sin cesar aspiro
A llenar tu existencia de alegría;
Pues siempre triste suspirar te miro
Sin poder evitarlo, madre mía.
Desde el instante que la luz del cielo
Mis ojos vieron por la vez primera,
Huyó la dicha en agitado vuelo
Y la tristeza fue tu compañera.
Siempre ha sido mi dicha tu ventura;
Siempre he sido tu espíritu y tu aliento;
Tu existencia he llenado de amargura;
Mas tu amor no ha cambiado ni un momento.
Tu amor es puro cual lo son las flores;
Que el amor de una madre, siempre toma
De la luz de los cielos sus colores,
Del mismo Dios su celestial aroma.
Aún recuerdo con gratos embelesos
Las dulces horas de la dulce infancia,
Y aún parece que bebo de tus besos
La dulce miel y la inmortal fragancia.
Yo recuerdo que triste me veías,
Al darme abrazos con ternura inquieta,
¡Tal vez entonces contemplar creías
Mi corona de mártir y poeta!
Después, la infausta juventud graciosa
Vi llegar con su séquito de amores,
Derramando en mi vida cariñosa
Su placer, y sus risas, y sus flores.
Corrí al mirarla por su amor llevado
En su seno buscando la alegría,
Y desde entonces ¡ay! nunca he dejado
De llorar un instante, madre mía.
En su lucha perpetua las pasiones
Me llenaron de angustia hora tras hora;
Y agostando mis bellas ilusiones
Llegó la tempestad desoladora.
Huyó de entonces el reposo blando,
La dulce dicha me negó su abrigo,
Se alejó mi esperanza suspirando
Y el tedio vino á caminar conmigo.
Del amor anhelando la ventura,
Ceñirme quise las brillantes galas;
Pero ingrato esquivando mi ternura
Cobijarme no quiso con sus alas.
En vano siempre desolado y triste,
De entonces ¡ay! mi corazón suspira:
El amor en la tierra ya no existe,
Su esperanza y su gloria son mentira
Luchando en vano con la suerte varia
Viví soñando en esperanzas locas,
Como el ave que gime solitaria
En las áridas cumbres de las rocas.
Cuando en triste y amargo desaliento,
Morir mirando la esperanza mía
Exhalaba mi lúgubre lamento,
Sólo el viento á mis ayes respondía.
Mis dolores entonces tú miraste,
Me viste el corazón hecho pedazos,
Y con triste sonrisa me llevaste
A llorar mis pesares en tus brazos.
Nunca tuve un amargo sufrimiento
Ni lloré de la suerte los enojos,
Que no oyera en tus labios un lamento,
Que no viera una lágrima en tus ojos.
Cuando un funesto y desgraciado día,
Cansada ya de padecer el alma,
Partir ansiosa de su hogar quería
En otras playas á buscar la calma;
Contemplando mi lóbrega existencia
Y mis penas mirando tristemente,
Más bien quisiste lamentar mi ausencia
Que verme padecer eternamente.
Al ver mi afán y mi profundo duelo,
Perder quisiste tu feliz reposo,
Llorar quisiste sin hallar consuelo
Por mirarme un instante venturoso.
Y yo entre tanto que por mí llorabas
He vivido soñando un imposible;
Mientras tú mis pesares lamentabas
He vivido mirándote insensible.
No me culpes empero, madre mía,
Que al cruzar presuroso mi camino
Tu pesar aumentando, yo cumplía
Los caprichos del bárbaro destino.
Nunca pienses que olvido tus dolores,
Jamás ¡oh madre! que te olvide esperes;
Daré mi vida porque tú no llores,
Pues yo te quiero como tú me quieres.
Y aunque el hado insensible á mi agonía
De ti me aparte con furor violento,
Donde quiera que me halle, madre mía.
Tendrá una nota para ti mi acento.
Suspiraré por ti perpetuamente
Mientras me dé su luz la vida inquieta,
Y dejaré al morir, sobre tu frente,
Mi corona de mártir y poeta.
SÍMILO, EL TAÑEDOR DE LIRA
Símilo, el tañedor de lira, mató a sus vecinos, a todos,
tocando durante una noche entera, excepto a uno, a Orígenes.
La naturaleza le había hecho sordo. Así que a él,
a cambio del oído, le dio una más larga vida.
ANTE LAS INJUSTICIAS
Ante las injusticias
y adversidades de la vida...
¡calma!.
YO NO QUIERO COBARDES
Yo no quiero cobardes
que me hagan sufrir
Mejor le digo adiós
a tu boca de anís.
APOLO Y DAFNE
El primer amor de Febo: Dafne la Peneia, que no
se lo dio el azar ignorante, sino la salvaje ira de Cupido.
El Delio a él, hacía poco, por su vencida sierpe soberbio,
lo había visto, doblando los cuernos para tensar el nervio,
y '¿Qué tienes tú, lascivo niño, con las fuertes armas?'
había dicho: 'esas son cargas decentes para los hombros nuestros,
que darlas certeras a una fiera, dar heridas podemos al enemigo,
que al que ora con su calamitoso vientre tantas yugadas hundía,
hemos derribado, de innumerables saetas henchido, a Pitón.
Tú con tu antorcha no sé qué amores conténtate
con irritar, y no las loas reclames nuestras.'
El hijo a él de Venus 'Atraviese el tuyo todo, Febo,
a ti mi arco' dice, 'y cuanto los seres ceden
todos al dios, tanto menor es tu gloria a la nuestra.'
Dijo, y rasgando el aire a golpes de sus alas,
diligente, en el umbroso recinto del Parnaso se posó,
y de su saetífera aljaba aprestó dos dardos
de diversas obras: ahuyenta este, causa aquel el amor.
El que lo causa de oro es y en su cúspide fulge aguda.
El que lo ahuyenta obtuso es y tiene bajo la caña plomo.
Este el dios en la ninfa Peneide clavó, mas con aquel
hirió de Apolo, pasados a través sus huesos, las medulas.
En seguida el uno ama, huye la otra del nombre de un amante,
de las guaridas de las espesuras, y de los despojos de las cautivas
fieras gozando, y émula de la innupta Febe.
Con una cinta sujetaba, puestos sin ley, sus cabellos.
Muchos la pretendieron; ella, rechazando a los pretendientes,
sin soportar ni conocer varón, bosques no hollados lustra
y de qué sea el Himeneo, qué el Amor, qué el matrimonio, no cura.
A menudo su padre le dijo: 'Un yerno, hija, me debes,'
a menudo su padre le dijo: 'Me debes, niña, unos nietos.'
Ella, como un crimen las teas odiando conyugales,
su pulcro rostro teñía de un verecundo rubor
y de su padre en el cuello prendida con tiernos brazos:
'Dame, padre queridísimo' dijo 'de una perpetua
virginidad disfrutar: dio esto su padre antes a Diana.'
Él, ciertamente, obedece, pero a ti el decor este, lo que deseas
prohíbe que sea, y con tu voto tu hermosura pugna.
Febo ama, y al verla desea las bodas de Dafne,
y lo que desea espera, y sus propios oráculos le engañan;
y como las leves cañas sahúman, despojadas de sus espigas,
como con las hachas los cercados arden, que al acaso un caminante
o demasiado acercó o ya a la luz abandonó,
así el dios en llamas se vuelve, así en su pecho todo
se abrasa, y estéril, esperando, nutre un amor.
Contempla no ornados de su cuello pender los cabellos
y '¿Qué si se los peinara?,' dice. Ve de fuego brillantes,
a estrellas semejantes sus ojos, ve sus labios, que no
es haber visto bastante; alaba sus dedos y manos
y brazos, y desnudos en más de media parte sus hombros;
si algo está oculto, mejor lo cree. Huye más veloz que el aura
ella leve y no ante estas palabras del que la revoca se detiene:
'¡Ninfa, te lo ruego, del Peneo, espera! No te sigue un enemigo,
¡ninfa, espera! Así la cordera al lobo, así la cierva al león,
así al águila con su ala huyen temblorosa las palomas,
a los enemigos cada uno suyos: el amor es para mí la causa de seguirte.
Triste de mí, no de bruces te caigas o indignas de herirse
tus piernas señalen las zarzas y sea yo para ti causa de dolor.
Ásperos, por los que te apresuras, los lugares son: más despacio, te ruego,
corre y tu fuga inhibe, que más despacio persiga yo.
A quién complaces pregunta, con todo: no un paisano del monte,
no yo soy un pastor, no aquí reses y greyes,
hórrido, vigilo. No sabes, temeraria, no sabes
a quién huyes y por eso huyes: a mí la délfica tierra
y Claros y Ténedos y los reales de Pátara me sirven;
Júpiter es mi padre; por mí lo que será, y ha sido,
y es se revela; por mí concuerdan las canciones con los nervios.
Cierta, en verdad, la nuestra es: que la nuestra, con todo, una saeta
más cierta hay, la que en mi vacío pecho estas heridas hizo.
Invento la medicina mío es, y auxiliador por el orbe
me llaman, y de las hierbas la potencia sometida está a nos.
¡Ay de mí, que por ningunas el amor es sanable hierbas,
y no sirven a su dueño, las que sirven a todos, artes!'
Del que más iba a hablar con tímida carrera la Peneia
huye, y con él mismo sus palabras inacabadas deja,
entonces también pareciendo hermosa; desnudaban su cuerpo los vientos,
y las brisas opuestas hacían vibrar sus ropas a su encuentro,
y leve el aura atrás daba, empujados, sus cabellos,
y acreciose su hermosura con la huida. Pero entonces no soporta más
perder sus ternuras el joven dios y, como aconsejaba
el propio Amor, a tendido paso sigue sus plantas.
Como el perro, en un vacío campo, cuando una liebre, el galgo,
vio, y este su presa con los pies busca, aquella su salvación;
el uno, como quien está a punto de cogerla, ya, ya tenerla
espera, y con su extendido morro roza sus plantas;
la otra en la duda está de si ya ha sido apresada, y de los propios
mordiscos se arranca y la boca que le toca atrás deja:
así el dios y la virgen; es él por la esperanza raudo, ella por el temor.
Sin embargo el que persigue, por las alas ayudado del Amor,
más veloz es, y el descanso niega, y a la espalda de la fugitiva
acecha, y sobre su pelo, esparcido por su cuello, alienta.
Sus fuerzas ya consumidas, palideció ella, y vencida
por la fatiga de la rápida huida, contemplando las peneidas ondas
'Presta, padre,' dice 'ayuda; si las corrientes numen tenéis,
por la que demasiado complací, mutándola, pierde mi figura.'
Apenas la plegaria acabó un torpor grave ocupa su cuerpo,
su muelle torso se ciñe de una tenue corteza,
en fronda sus pelos, en ramas sus brazos crecen,
el pie, ora tan veloz, con morosas raíces se prende,
su cara copa tiene: permanece su nitor solo en ella.
A esta también Febo ama, y, puesta en su madero su diestra,
siente todavía trepidar bajo la nueva corteza su pecho,
y estrechando en sus brazos esas ramas, como a miembros,
besos da al leño; rehúye en cambio sus besos el leño.
Al cual el dios: 'Mas, puesto que esposa mía no puedes ser,
el árbol serás, ciertamente' dijo 'mío. Siempre te tendrán
a ti mi pelo, a ti mis cítaras, a ti nuestras, laurel, aljabas;
Tú a los generales Lacios asistirás cuando su alegre voz
el Triunfo cante, y divisen los Capitolios las largas pompas;
en los postes Augustos tú misma, fidelísisma guardiana,
ante sus puertas estarás, y la encina central guardarás,
y como mi cabeza es juvenil por sus intonsos cabellos,
tú también perpetuos siempre lleva de la fronda los honores.'
Había acabado Peán: con sus recién hechas ramas la láurea
asiente y, como una cabeza, pareció agitar su copa.
ANTES QUE TODAS LAS COSAS FUE CAOS (TEOGONÍA)
Antes que todas las cosas fue Caos; y después Gea la de amplio seno, asiento siempre sólido de todos los Inmortales que habitan las cumbres del nevado
Olimpo y él Tártaro sombrío enclavado en las profundidades de la tierra espaciosa; y después Eros, el más hermoso entre los Dioses Inmortales, que rompe las fuerzas, y que de todos los Dioses y de todos los hombres domeña la inteligencia y la sabiduría en sus pechos.
NO PUEDES DEPENDER DE TUS OJOS...
No puedes depender de tus ojos
cuando tu imaginación está fuera de foco.
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