Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
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DECISIÓN
No decidí quererte
con la mente o con el corazón
fue el frío del invierno.
DULCE FURIA
Qué fulgor derramado esta luna de cera,
qué imparable este río
de mis venas abiertas
vertiéndose incesante en tu mar sin orillas.
Qué raudal de agonía
desatinada y plena,
de mi boca a tu boca,
de tu mar a mi arena.
Qué deslumbrante herida,
qué llama inapagada,
qué dulce y ardua furia de cuerpos anudados,
qué tierna la derrota después de la batalla...
ESPEJO NO
Espejo no: marca luminosa,
marca blanca.
Conforme en todo al movimiento
con que respira el agua
¡cómo se inflama en su delgada prisa
marea alta
y alumbra - qué pureza de contornos,
qué piel de flor - la distancia,
desnuda ya de peso,
ya de eminente claridad helada!
Conforme en todo a la molicie
con que reposa el agua,
¡cómo se vuelve hondura, hondura,
marea baja,
y más cristal que luz, más ojo,
intenta una mirada
en la que - espectros de color - las formas,
las claras, bellas, mal heridas, sangran!
¡NO, NO DIGAS NADA!
¡No: no digas nada!
Suponer lo que dirá
tu boca velada
es oírlo ya.
Yo oí lo mejor
de lo que dirías.
Lo que eres no viene a la flor
de las frases y los días.
Es mejor de lo que tu.
No digas nada: lo sé!
Gracia del cuerpo desnudo
que invisible se ve.
ESTA TIERRA
No me busques en los montes
por altos que sean,
ni me busques en el mar
por grande que te parezca.
Búscame aquí, en esta tierra
llana, con puente y pinar,
con almena y agua lenta,
donde se escucha volar
aunque el sonido se pierda...
IV
Cuántas iglesias tiene el cielo?
Por qué no ataca el tiburón
A las impávidas sirenas?
Conversa el humo con las nubes?
Es verdad que las esperanzas
Deben regarse con rocío?
FANTE
a cada rato vuelve
a mí,
allá en su cama, ciego,
siendo lentamente consumido,
el pequeño bulldog,
las enfermeras merodeando, corriendo
las cortinas, las persianas, las sábanas.
viendo si aún seguía con vida.
el chico de Colorado.
el coraje de American Mercury.
el chico malo católico de Mencken.
que fue a Hollywood.
y se echó en su orilla.
consumiéndose, consumiéndose, consumiéndose,
hasta que se fue.
él nunca supo que sería famoso.
me pregunto si le hubiera
importado.
yo creo que sí.
John, este es tu gran momento.
entraste en los libros de la
eternidad
ahí junto a Dostoievski,
Tolstói, y tu pequeño
Sherwood Anderson
Te lo dije.
y tú decías
"¿no le echarías mierda a un viejo ciego,
verdad?"
ah, no hay necesidad de eso,
bulldog.
ARIA
Es noche, es frío
y en lo lejano
el canto de una mujer
parece acunar la vida.
La voz, no el silencio,
es la desnudez de las palabras.
LOS JUGADORES
Juegan, juegan.
Agachados, arrugados, decrépitos.
Este hombre torvo
junto a los mares de su patria, más lejana que el sol,
cantó bellas canciones.
Canción de la belleza de la tierra,
canción de la belleza de la Amada,
canción, canción
que no precisa fin.
Este otro de la mano en la frente,
pálido como la última hoja de un árbol,
debe tener hijas rubias
de carne apretada,
granada,
rosada.
Juegan, juegan.
Los miro entre la vaga bruma del gas y el humo.
Y mirando estos hombres sé que la vida es triste.
EPITAFIO
Aquí el valor de la española tierra,
aquí la flor de la francesa gente,
aquí quien concordó lo diferente,
de oliva coronando aquella guerra;
aquí en pequeño espacio veis se encierra
nuestro claro lucero de occidente;
aquí yace enterrada la excelente
causa que nuestro bien todo destierra.
Mirad quién es el mundo y su pujanza,
y cómo, de la más alegre vida,
la muerte lleva siempre la victoria;
también mirad la bienaventuranza
que goza nuestra reina esclarescida
en el eterno reino de la gloria.
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