Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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CHIAPAS

Estas tierras de guerra no me asustan,
me arropa tu recuerdo, valentía
no me sobra y las galas no me gustan
aunque presumo sí, de bonomía.

Y tú, mar de por medio, ¿qué dirías
si te dijera yo que me han herido,
que está mi corazón de enfermería?.
¡No te alarmes!, verás ha sucedido

que mi alma, alzada en armas ha cargado
la ballesta mejor que poseía,
y sin menos ni más, ha disparado

su saeta con grande puntería,
contra este pobre ausente, enamorado
y lo ha dañado de melancolía.

Autor del poema: Alberto Cortez

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PASEO SENTIMENTAL

Flechaba el crepúsculo sus luces postreras
sobre los nenúfares, entre las junqueras;
los blancos nenúfares que tenían una
palidez heráldica de rayo de luna.
Junto al muerto estanque llora la sauceda;
yo voy silencioso bajo la arboleda,
en donde la bruma finge un inquietante
fantasma azulenco de voz sollozante.
Yo voy junto al triste lago de agua muerta,
con mi llaga viva, para siempre abierta;
los sauces se inclinan, y baja del cielo,
la sombra, el nocturno y estrellado velo,
que ahoga del crepúsculo las luces postreras
en el quieto estanque de espesas junqueras,
y blancos nenúfares soñadores de una
palidez heráldica de rayo de luna.

Autor del poema: Paul Verlaine

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AMOR EN AGOSTO

Cuando los dos juntos
entre las arañas y debajo de las arañas,
nos vamos, con muchos miembros, a la red,
que, hecha en casa,
me coge a ti y a mí,
somos
el uno
presa
del otro.

Autor del poema: Günter Grass

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A LA BELLEZA

¡Oh, divina belleza! Visión casta
de incógnito santuario,
ya muero de buscarte por el mundo
sin haberte encontrado.
Nunca te han visto mis inquietos ojos,
pero en el alma guardo
intuición poderosa de la esencia
que anima tus encantos.
Ignoro en qué lenguaje tú me hablas,
pero, en idioma vago,
percibo tus palabras misteriosas
y te envío mis cantos.
Tal vez sobre la tierra no te encuentre,
pero febril te aguardo,
como el enfermo, en la nocturna sombra,
del sol el primer rayo.
Yo sé que eres más blanca que los cisnes,
más pura que los astros,
fría como las vírgenes y amarga
cual corrosivos ácidos.
Ven a calmar las ansias infinitas
que, como mar airado,
impulsan el esquife de mi alma
hacia país extraño.
Yo sólo ansío, al pie de tus altares,
brindarte en holocausto
la sangre que circula por mis venas
y mis ensueños castos.
En las horas dolientes de la vida
tu protección demando,
como el niño que marcha entre zarzales
tiende al viento los brazos.
Quizás como te sueña mi deseo
estés en mí reinando,
mientras voy persiguiendo por el mundo
las huellas de tu paso.
Yo te busqué en el fondo de las almas
que el mal no ha mancillado
y surgen del estiércol de la vida
cual lirios de un pantano.
En el seno tranquilo de la ciencia
que, cual tumba de mármol,
guarda tras la bruñida superficie
podredumbre y gusanos.
En brazos de la gran Naturaleza,
de los que huí temblando
cual del regazo de la madre infame
huye el hijo azorado.
En la infinita calma que se aspira
en los templos cristianos
como el aroma sacro de incienso
en ardiente incensario.
En las ruinas humeantes de los siglos,
del dolor en los antros
y en el fulgor que irradian las proezas
del heroísmo humano.
Ascendiendo del Arte a las regiones
sólo encontré tus rasgos
de un pintor en los lienzos inmortales
y en las rimas de un bardo.
Mas como nunca en mi áspero sendero
cual te soñé te hallo,
moriré de buscarte por el mundo
sin haberte encontrado.

Autor del poema: Julián del Casal

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SARGAZOS

Esa vela que descansa en la luz,
hastiada de las islas,
una goleta que surca el Caribe

en dirección al hogar, podría ser Odiseo,
camino a casa en el Mar griego;
aquel ansia de padre y esposo

bajo las arrugadas uvas agrias, es
como aquél adultero que escucha el nombre de Náusica
en el grito de cada gaviota.

Esto no tranquiliza a nadie. La vieja batalla
entre la obsesión y la responsabilidad
no terminará nunca y ha sido la misma

tanto para el navegante como para el que se retuerce allá en la orilla
sobre sus sandalias al encaminar sus pasos hacia el hogar,
desde que Troya suspiró su última llama,

y la roca del gigante ciego sacó la batea
de cuyo pozo surgen los grandes hexámetros
que terminan en marejadas exhaustas.

Los clásicos pueden consolar. Más no lo suficiente.

Autor del poema: Derek Walcott

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ME DETENGO A OÍR UN ESTREPITOSO TRIUNFO DE CIGARRAS

Me detengo a oír un estrepitoso triunfo de cigarras
ajustando el tono de la vida, pero vivir a su tono
de alegría es insoportable. Que apaguen
ese sonido. Después de la inmersión del silencio,
el ojo se acostumbra a las formas de los muebles, y la mente
a la oscuridad. Las cigarras son frenéticas como los pies
de mi madre, pisando las agujas de la lluvia que se aproxima.
Días espesos como hojas entonces, próximos los unos a los otros como
horas y un olor quemado por el sol se alzó de la carretera lloviznada.
Punteo sus líneas a las mías ahora con la misma máquina.
¡Qué trabajo ante nosotros, qué luz solar para generaciones!-
La luz corteza de limón en Vermeer, saber que esperará allí
por otros, la hoja de eucalipto
rota, aún oliendo fuertemente a trementina,
el follaje del árbol del pan, de contorno oxidado como en van Ruysdael.
La sangre holandesa que hay en mí se dibuja con detalle.
Una vez quise limpiar una gota de agua de un bodegón flamenco
en un libro de estampas, creyendo que era real.
Reflejaba el mundo en su cristal, temblando con el peso.
¡Qué alegría en esa gota de sudor, sabiendo que otros perseverarán!
Que escriban: «A los cincuenta invirtió las estaciones,
la carretera de su sangre cantó con las cigarras parlantes»,
como cuando emprendí el camino para pintar en mi decimoctavo año.

Autor del poema: Derek Walcott

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CAMINANTE DEL AGUA

Había edificado una casa en medio del océano,
una casa que te albergara.
Libre del polvo del suelo
en sus planos puse el diseño de un sueño.
Para tu contemplación, pinturas y fábulas
y las otras fantasmagorías: el triunfo ..,
Una pequeña isla en el centro del agua.
Podías ser el muchacho que partió, sin más,
o el viajero de una ancha ruta coronado de pámpanos.
O el hijo pródigo que al fin regresara
abrumado por la rudeza de las grandes ciudades '"
Quién sino yo, que sólo ve un naufragio que se continúa,
observando el viento y las olas oscurecidas,
tiene aún voces para inquirir,
atado a tu regreso y a la esperanza,
De ver volver tu barco sobre el andar del mar,
sacudido por el ancho océano del vivir,
pequeño capitán en el puente. iRemontada apenas la infancia!
Pequeño todavía, y doblando
hacia un puerto que no sabe donde está.
Propenso a chocar contra rompientes que aprietan y atraen.
Solo en el elemento
pronto a hundirse, elevarse, o dormirse con las aguas ..

Autor del poema: Mario Rivero

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LA BALADA DE LOS HOMBRES HAMBRIENTOS

Los hombres hambrientos tienen oro
casas con retretes de mármol
y vestidos suntuosos
Pero no pueden matar el hambre y la sed
del tigre de sus ojos

Los hombres hambrientos son
en alguna forma hermosos
Por una magia mortal y execrable
sus oídos se han vuelto sordos
Pero los hombres hambrientos simulan oír
y pagan bien a los cantores

Pregonan una extraña desesperación
han perdido el recuerdo de los humanos olores
caminan para buscar un aroma imbuscable
el de los tallos de las flores muertas y de los pétalos podridos
el olor que al mismo tiempo es
el olor de la muerte y el olor del nacer
Se cubre de moho el corazón
de estos hombres hambrientos
Se entrecruzan a la deriva
No se ven
Son muchos en movimiento
Sus mujeres lavadas en agua de caros perfumes sintéticos
adustas acechan también
aquel olor que alcanza los huesos
Si levantan las cabezas hacia cosas más altas
no distinguen otra cosa que el viento
Remeros esclavos en un gran bajel de oro
van los hombres y mujeres hambrientos…

Autor del poema: Mario Rivero

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LA LUNA Y NUEVA YORK

Nos encontrábamos todos los días
en el mismo sitio
compartíamos versos, cigarrillos
y a veces una novela de aventuras.
Lanzábamos piedrecillas
desde el puente donde almorzaban
los obreros de la fábrica de vidrio.
Le decía que la tierra es redonda
mi tía bruja y la luna un pedazo de cobre.
Que un día iría a Nueva York
la ciudad abundante en cosas estrambóticas
donde los gatos vagabundos
duermen bajo los automóviles
donde hay un millón de mendigos
un millón de luces
un millón de diamantes . . .
Nueva York donde las hormigas
demoran siglos trepando al Empire State
y los negros se pasean por Harlem
vestidos con colores chillones
que destilan betún en el verano.
Iría por los restaurantes
hasta encontrar un cartelito:
“Se necesita muchacho para lavar los platos.
No se requiere título universitario”.
A veces comería un sandwich
recogería manzanas en California
pensaría en ella cuando montara en el elevado
y le compraría un traje parecido al neón . . .
me iba a besar
cuando sonó el pito de la fábrica.

Autor del poema: Mario Rivero

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LUZ EN CUYO ESPLENDOR EL ALTO CORO

Luz en cuyo esplendor el alto coro
con vibrante fulgor está apurado,
de dulces rayos bello ardor sagrado,
do enriqueció Eufrosina su tesoro;

Ondoso cerco que purpura el oro,
de esmeraldas y perlas esmaltado
y en sortijas lucientes encrespado,
a quien me inclino humilde, alegre adoro;

cuello apuesto, serena y blanca frente,
gloria de amor, gentil semblante y mano,
que desmaya la rosa y nieve pura,

es esta por quien fuerzo el mal presente
que pruebe su furor, y siempre en vano
aventajar intento mi ventura.

Autor del poema: Fernando de Herrera

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