Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
Si quieres buscar el contenido clasificado por autor, visita nuestra sección de Autores
EL MÁS HERMOSO MITO INVENTADO POR EL HOMBRE
El más hermoso mito inventado por el hombre
más hermoso que Dios
o el hermoso ideal del socialismo
y el dinero que acumulan los ricos.
Más hermoso que el odio, la invención más hermosa.
El amor.
SI ME QUITO EL AMOR
Si me quito el amor
desnuda me quedas,
no me pidas que rompa tus vestidos
ahora que llega el frío,
búscame en los armarios de tus calles,
en la ciudad sin ley de mis tres manos,
la derecha, la izquierda, la que te ama,
los pasillos y el tren donde una noche
descolgaré por fin tu gabardina
porque llegó el invierno,
la estación de las perchas,
los ojales más grandes del deseo
y mi cuerpo abrochándose a la espera
de esos días de lluvia que te pones
bajo la falda a veces
EN EL ECO DE LA ROCA
En el eco de la roca
que cae ladera abajo
oigo el sonido de la Historia
OVACIÓN
Este manantial de caricias
no morirá jamás
Será -después de la partida-
paloma
viento
incienso
arena de desierto.
PALABRAS, EXTENSA NOCHE
En algún lugar, más allá de la extensa noche
y la distancia entre nosotros, pienso en ti.
El paisaje se aleja lentamente de la luna.
¡Qué sensación tan agradable! ¿O afirmo lo contrario y digo que es triste?
En cualquier caso canto
una canción imposible llena de deseo que no puedes escuchar.
La lala la. ¿Ves?
Cierro los ojos e imagino las oscuras colinas que habría cruzado
para llegar hasta ti. Porque te amo
y así es como parece o como se parece en palabras.
CANCIÓN V (fragmento 2)
(...)
no pienses que cantado
sería de mí, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo y sangre y de sudor teñido;
ni aquellos capitanes
en las sublimes ruedas colocados,
por quien los alemanes
el fiero cuello atados,
y los franceses van domesticados;
mas solamente aquella
fuerza de tu beldad sería cantada,
y alguna vez con ella
también sería notada
el aspereza de que estás armada,
(...)
II
No soy quien fui; murió de mí gran parte,
y lo que queda es languidez y llanto.
Las hojas de laurel, las esperanzas
de mis jóvenes cantos, se han secado.
Desde que Marte y su licencia impía
con su sangriento manto me vistieron,
está ciega la mente y muerta el alma,
y las desgracias son mi arte y mi orgullo.
Y aunque el deseo de morir me viene,
a mi fiera razón cierran las puertas
ansia de gloria y caridad de hijo.
De la suerte, de mí y de otros, esclavo,
conozco lo mejor y no lo escojo
y sé invocar la muerte y no matarme.
SE CANTA AL MAR
Nada podrá apartar de mi memoria
La luz de aquella misteriosa lámpara,
Ni el resultado que en mis ojos tuvo
Ni la impresión que me dejó en el alma.
Todo lo puede el tiempo, sin embargo
Creo que ni la muerte ha de borrarla.
Voy a explicarme aquí, si me permiten,
Con el eco mejor de mi garganta.
Por aquel tiempo yo no comprendía
Francamente ni cómo me llamaba,
No había escrito aún mi primer verso
Ni derramado mi primera lágrima;
Era mi corazón ni más ni menos
Que el olvidado kiosko de una plaza.
Mas sucedió que cierta vez mi padre
Fue desterrado al sur, a la lejana
Isla de Chiloé donde el invierno
Es como una ciudad abandonada.
Partí con él y sin pensar llegamos
A Puerto Montt una mañana clara.
Siempre había vivido mi familia
En el valle central o en la montaña,
De manera que nunca, ni por pienso,
Se conversó del mar en nuestra casa.
Sobre este punto yo sabía apenas
Lo que en la escuela pública enseñaban
Y una que otra cuestión de contrabando
De las cartas de amor de mis hermanas.
Descendimos del tren entre banderas
Y una solemne fiesta de campanas
Cuando mi padre me cogió de un brazo
Y volviendo los ojos a la blanca,
Libre y eterna espuma que a lo lejos
Hacia un país sin nombre navegaba,
Como quien reza una oración me dijo
Con voz que tengo en el oído intacta:
"Este es, muchacho, el mar". El mar sereno,
El mar que baña de cristal la patria.
No sé decir por qué, pero es el caso
Que una fuerza mayor me llenó el alma
Y sin medir, sin sospechar siquiera,
La magnitud real de mi campaña,
Eché a correr, sin orden ni concierto,
Como un desesperado hacia la playa
Y en un instante memorable estuve
Frente a ese gran señor de las batallas.
Entonces fue cuando extendí los brazos
Sobre el haz ondulante de las aguas,
Rígido el cuerpo, las pupilas fijas,
En la verdad sin fin de la distancia,
Sin que en mi ser moviérase un cabello,
¡Como la sombra azul de las estatuas!
Cuánto tiempo duró nuestro saludo
No podrían decirlo las palabras.
Sólo debo agregar que en aquel día
Nació en mi mente la inquietud y el ansia
De hacer en verso lo que en ola y ola
Dios a mi vista sin cesar creaba.
Desde ese entonces data la ferviente
Y abrasadora sed que me arrebata:
Es que, en verdad, desde que existe el mundo,
La voz del mar en mi persona estaba.
ELEGÍAS (2)
¡Rendid a quien queráis, parias! ¡Yo estoy ya a salvo!
Bellas damas, señores de la más rancia alcurnia,
comunicaos noticias de los viejos parientes
y a la cohibida charla siga el insulso juego.
Y vosotros también, con vuestras sosas peñas,
grandes y chicas, todo de tedio me llenáis,
repitiendo esas sandias políticas noticias
que a lo largo de Europa persiguen al viajero.
Igual que la canción de Mambrú a aquel inglés,
de París a Liorna y a Roma y aun a Nápoles,
antaño persiguiera; y si a Esmirna bogara,
también a recibirle allí Mambrú saliera.
Pues lo mismo yo ahora tengo que oír por doquier
censuras para el pueblo, para los reyes críticas.
Así que no tan pronto descubráis mi refugio,
que Amor, regio mecenas, se dignara prestarme.
Cúbrenme allí sus alas; y mi romana bella,
a fuer de tal no teme las lenguas viperinas;
de chismes no se cuida, que adivinar tan solo
los deseos del amado, solicita, pretende.
Del extranjero plácenle los libres, rudos modos,
que de montes y nieves y de cabañas dícenle;
la llama que en su pecho ella prende, comparte,
y celebra no aprecie como el romano el oro.
Mejor servida ahora su mesa está; de sobra
tiene trajes y un coche que la lleve a la Ópera.
De su nórtico huésped hija y madre se ufanan,
y en sus romanos pechos el bárbaro domina.
AL VER LOS MÁRMOLES DE ELGIN
Mi alma es demasiado débil; sobre ella pesa,
como un sueño inconcluso, la espera de la muerte
y cada circunstancia u objeto es una suerte
de decreto divino que anuncia que soy presa
de mi fin, como un águila herida mira al cielo.
Pero es un delicado murmullo este lamento
por no tener conmigo una nube, acaso un viento
que hasta abrir su ojo el alba me dé tibio consuelo.
Estas borrosas glorias que imagina la mente
prestan al corazón un territorio escondido
y un extraño dolor cuyo prodigio silente
mezcla la helénica grandeza con el sonido
del Tiempo ya pasado o de un mar inclemente,
con el solo la sombra de un ser desconocido.
Desde el 4261 hasta el 50 de un total de 50 Poemas
