19 Poemas para el día del padre 

MI PADRE

Yo tengo en el hogar un soberano,
único a quien venera el alma mía;
es su corona de cabello cano,
la honra su ley y la virtud su guía.
En lentas horas de miseria y duelo,
lleno de firme y varonil constancia,
guarda la fe de que me habló el cielo
en las horas primeras de mi infancia.
La amarga prescripción y la tristeza
en su alma abrieron incurable herida,
es un anciano y lleva en la cabeza
el polvo del camino de la vida.
Ve del mundo las fieras tempestades,
de la suerte las horas desgraciadas,
y pasa, como Cristo el Tiberíades,
de pie sobre las ondas encrespadas.
Seca su llanto, calla sus dolores,
y sólo en el deber sus ojos fijos,
recoge espinas y derrama flores
sobre la senda que trazó a sus hijos.
Me ha dicho: "A quien es bueno, la
amargura
jamás en llanto sus mejillas moja;
en el mundo, la flor de la ventura
al más ligero soplo se deshoja.
Haz el bien sin temer el sacrificio;
el hombre ha de luchar sereno y fuerte,
y halla quien odia la maldad y el vicio
un tálamo de rosas en la muerte.
Si eres pobre, confórmate y sé bueno;
si eres rico, protege al desgraciado,
y lo mismo en tu hogar que en el ajeno
guarda tu honor para vivir honrado.
Ama la libertad: libre es el hombre
y su juez más severo es la conciencia;
tanto como tu honor guarda tu nombre,
pues mi nombre y mi honor forman tu
herencia".
Este código augusto en mi alma pudo,
desde que lo escuché, quedar grabado;
en todas las tormentas fue mi escudo,
de todas las borrascas me ha salvado.
Mi padre tiene en su mirar sereno
reflejo fiel de su conciencia honrada.
¡Cuánto consejo cariñoso y bueno
sorprendo en el fulgor de su mirada!

Autor del poema: Juan de Dios Peza

76.10%

votos positivos

Votos totales: 590

Comparte:

POESÍA AL PADRE


Cuando venga tu padre...
Inútil amenaza, tú seguirás jugando,
y romperás los vidrios, si quiere el pelotazo,
y harás mal los deberes, si asciende por tu mente,
airoso y desplegado, tu sueño en barrilete.
-Cuando venga tu padre...
Mas tu padre comprende,
y escuchará los cargos fingiéndose enojado,
hasta que tú te alejes.
Después, dirá en voz baja,
que así como ésta tuya, fue traviesa su infancia.
Y en tendido descanso, desandará dichoso
los ojos entornados, los días de "rabona",
los juegos en tejado, el rostro de la madre
y aquel padre tan hombre que los dejó temprano.
Y sentirá de pronto el terror de perderte,
o de que tu lo pierdas, y buscará tus pasos,
e irá con tu recuerdo trepando
hasta la rama lejana de aquel árbol,
follaje, como entonces,
refugio de ese miedo de suelo de los pájaros.
-Cuando venga tu padre...
y quien llega es un niño adormecido en hombre,
que en vez de reprenderte, se enternece añorando.

Autor del poema: Matilde Alba Swann

76.07%

votos positivos

Votos totales: 422

Comparte:

A mi padre, mi querido y viejo amigo

Enviado por alpean  Seguir

Que tarde es para mí reconocer su sabiduría,
Aun, cuando no tuvo la oportunidad de estudiar
Pero, los obtuvo al cursar los de la universidad de la vida,
Misma que le dio la capacidad de discernir cualquier tema.

Un hombre que creció sin el amor de sus padres,
Sin el calor de una familia, de un hogar propio,
Con una niñez de orfandad, llena de tristezas,
En donde el tiempo para juegos, no existió.

Desde muy pequeño trabajo con sus hermanos,
Y cansado de tantos malos tratos que recibía,
Solo y a su muy corta edad decidió emigrar,
Llegó a esta ciudad, más solo que nunca.

Deambulo por muchos días, sin comer,
Como hoy, que veo a muchos niños e indigentes,
Cuando aún no alcanzaba su adolescencia,
Fue chalan de todo y obrero de ninguno.

Hay una persona bondadosa que le ofrece donde dormir,
Una cama de tierra, un cobertor fueron su refugio,
Le proporcionaron muchos meses de descanso,
Hasta el día que decidió agradecer y dejarlo.

El niño, ya era un adolecente con madures de adulto,
La ciudad de Villahermosa en esos años era segura,
Por fin después de tantos meses de caminar y buscar
Finalmente encontró un trabajo y donde dormir.

Nunca estuvo conforme con lo que tenía, siempre buscó más,
Pero sus mínimos o casi nada de estudios, no lo ayudaban,
Y así siguieron pasando los años, buscaba mejorar siempre,
Hasta que vio el principio del camino de su vida laboral.

Trabajo en refresquerías, paletearías, juguerías, y más,
Hasta que tomo la decisión de formar su propia familia,
Y tener un hogar, muchos hijos, una gran familia,
Quizás tener, lo que él, no le fue posible disfrutar como hijo.

Se propuso tener algo propio que le diera los recursos.
Para darle a su familia lo necesario y no pasar hambres.
Darles un techo y una cama de madera donde descansar,
Y los estudios requeridos para que un camino más fácil.

Su proyecto lo alcanzó, instalo su propia refresquería,
Hoy todavía existen, las Horchatas la Catedral,
Para su gran familia

75.79%

votos positivos

Votos totales: 252

Comparte:

ELEGÍA A MI PADRE

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo a nuestro parescer,
cualquiera tiempo pasado
fué mejor.

Y pues cemos lo presente
cómo en un punto es ido
y acabado
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
má que duró lo que vió,
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos á se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Autor del poema: Jorge Manrique

75.30%

votos positivos

Votos totales: 498

Comparte:

A MI PADRE

Nunca, señor, pensé que el verso mío
cuando te hablara en él por vez primera
la música filial de los veinte años,
del huérfano infelice la voz fuera.

Nada valió la familiar plegaria;
moriste en plena vida, y ¡qué contraste
tocóles a los tuyos, muerto amado,
en la noche fatal que agonizaste!

Noche con paz de luna; también fuiste
noche más que ninguna tormentosa;
tus horas de martirio florecieron
en mi jardín, como sangrienta rosa.

Todo lo evoco, Padre: tus quejidos;
tus palabras postreras; la voz triste
con que te habló tu hermano sacerdote;
la mañana de otoño en que moriste;
los cirios —compañeros de velada—;
la madre y los hermanos, todos juntos;
el ataúd que sale de la casa;
el sollozante oficio de difuntos;
y ¡oh infinita bondad la de los padres!
los ojos muertos de tu faz piadosa
que me vieron por último con lástima
en las orillas de la negra fosa.

Supe después lo enormemente triste
que es la trsiteza del hogar vacío
y lloré con la marcha de la madre
para tierras del norte. Mas confío
que te he de ver, oh Padre, para siempre
con mis pupilas de resucitado.

Aquel buen ángel que guardó el sepulcro
de Jesucristo, y que miró extasiado
la tierra redimida, y a las santas
mujeres que buscaban al Amado,
las consoló, verá concluir su oficio
cuando el último Adán encuentre abiertos
los eternos lugares de victoria
y no haya quien pregunte por sus muertos.

Autor del poema: Ramon Lopez Velarde

73.71%

votos positivos

Votos totales: 213

Comparte:

Tiempo Eterno

Enviado por gabl  Seguir

Mi padre vive en la eternidad del tiempo
y su sueño yace entre blancas nubes,
que rozan entre ellas y sus lágrimas
caen como gotas de rocío mañanero.

gbl
17/06/2018
Derechos Reservados de Autor

72.62%

votos positivos

Votos totales: 84

Comparte:

DISCURSO ÍNTIMO PARA MI PADRE

... tu cuerpo, padre, es una piedra en el campo aquél,
detrás del río;
no sé aún cómo llegó allí,
no sé;
... después de tantos años acarreando soles y lunas,
aupando de la tierra las terribles lágrimas que produce la oscuridad,
no tuve, padre, un rato de juventud con que pronunciar
y estrechar con pasión tu nombre; yo no sabía
que un muchacho con el cuerpo de mimbre
tenía que parar, hablar con su padre y darle forma, crearlo;
... y ahora ¿ cómo llegar a ti ? ¿ cómo sacar constelaciones
y lumbres vivas del corazón y tocar tus manos y que lo sepas ?
... este oficio de vivir no nos dio para mucho;
pero, al menos, nos queda esta prenda serena de dolor,
la que acompaña siempre a los silencios duros, y graves,
como el que ahora tengo.

Autor del poema: Orión de Panthoseas

67.66%

votos positivos

Votos totales: 436

Comparte:

Las mejores frutas.

Enviado por mayte78  Seguir




Las mejores frutas,
no las traía mi padre,


de la casa del abuelo,
naranjas, mandarinas,
peras, y melocotones,
que nos la daba, mi madre,
mientras jugábamos al sol,

Era la mejor fruta,
nos la traía mi padre,
con su ilusión,
con su olor y sabor,
inconfundible....
a fruta fresca, del campo,
traídas con mucho amor,


teníamos una parra verde,
que sembró con ilusión,
nos daba uvas hermosas,
de color rojas y zumosas,
y dulces llenas de amor,

en la mañana fresquita,
iba a una hermosa higuera
que igualmente el sembró,
y nos traía higos frescos,
con aroma y color....

otras veces también iba,
por la mañana temprano,
a coger los higos-chumbos,
con una caña especial,
que el preparó, de antemano,
para cogerlos muy bien,...
sin pincharse las manos,
luego...con mucha sabiduría,
le limpiaba las espinas,
,... y nos lo llevaba a casa,
fresquitos,... y limpios,
listos para comer....

que grande era mi padre,
todo lo hacía con amor....
tenía una amplia sonrisa,
que nos llegaba al corazón.









50.00%

votos positivos

Votos totales: 2

Comparte:

LOS DOS NIÑOS ¡LA DULZURA DE...

Enviado por yedra  Seguir

LOS DOS NIÑOS


¡La dulzura de tu cara mientras duermes!Te acaricio con mis manos y con mis ojos...
Y con mi alma quisiera abrigarte esta noche calma y todas las noches en que las estrellas acunen tu soñar.



Te conté un cuento, como casi siempre nos reímos de nuestras ocurrencias y bromas; y al final el sueño presto a vencer tus ojos, y siempre un abrazo y un "te quiero, papá".
Y la felicidad asoma a mis ojos, mientras contemplo tus 12 años, plácidos y felices en los caminos del sueño.

La sombra de otro tiempo y de otra infancia despiertan ecos en las veredas de mi corazón, y recuerdos de otra manita tendida que anhelaban un cuento, un abrazo, muchos besos y poder decir ¡Te quiero papá!
Un niño que volvió su mirada a las estrellas, a la luna y a un Padre Eterno que decían que amaba a los niños, y prendido en esa idea, soñó y buscó más allá...
La sombra de ese niño me acaricia el alma, mientras contemplo a mi hijo dormido y lo cubro de amor con mi ser.

¡Siempre estaré contigo!, nos reiremos, te contaré historias que nos hagan reír, te regañaré cuando sea necesario, pero siempre sabrás que te quiero, para que tu alma no se convierta jamás en una sombra, en un pecho de adulto, buscando una caricia...¡un te quiero!.

Aquel niño ya encontró sus estrellas en los ojos de otro mirar, en otros abrazos, en otros besos, en un te quiero que acaricia el alma de dos niños separados por el tiempo y unidos por el amor...

¡Duerme hijo!, duerme tranquilo, aquí tienes mi mano, siempre la tendrás.
Y dejemos que la vida discurra...y compartiremos las estrellas soñadas y la brisa de la tarde.
Y dejaremos que las manos de aquel niño se enlacen con las nuestras mientras paseamos juntos hacia el futuro...hacia el Amor.

AUTOR YEDRA

33.33%

votos positivos

Votos totales: 3

Comparte:

Desde el 11 hasta el 19 de un total de 19 Poemas para el día del padre

Añade tus comentarios