Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

¡OH! SR. BEST, ES USTED MUY MALO

¡Oh! Sr. Best, es usted muy malo
Y todo el mundo lo sabrá;
Su comportamiento básico será cantado
por mí, un poeta melodioso .–

Solía ir a Harrowgate
Cada verano que venía,
¿Y porque se lo ruego debería rehusar
ir este año lo mismo?

El camino es tan sencillo, el camino es tan suave,
El precio del envío no aumentó;
Usted es apenas más rápido de lo que era,
No menor Señor al menos.

Si las aguas fueran de utilidad.
¿Por qué ahora renunciar a su uso?
Usted no puede vivir otro año,
Todo es mortal aquí abajo.

Es su deber Mr. Best
dar a su salud reparo.
En vano más las píldoras de Richard serán,
Y en vano el cuidado de su consorte.

Pero aún un deber más noble le llama
Ahora hacia el Norte.
Levántate ennoblecido – como acompañante
de Martha Lloyd sale adelante.

Ella quiere su ayuda – ella te honra
con una llamada distinguida.
Salga adelante para ser la amiga de ella
que es la amiga de todos.

Tómela y pregúntese por su suerte,
En tener tal confianza.
Su conversa sensible y dulce
eliminará el calor y el polvo.

Ella hará que el viaje parezca tan corto
que usted apostará que el coche de caballos permaneció quieto.
Será como conducir a toda velocidad
de Newb’ry a la colina de Speen.

Transpórtela segura a la esposa de Morton
Y me olvidaré del pasado,
Y escribo algunos versos en tu alabanza
Tan finamente y tan rápido.

Pero si todavía te niegas a ir
nunca voy a dejarte descansar,
Buy te persigue con una canción de reproche
¡Oh! ¡Malvado Mr. Best!

Autor del poema: Jane Austen

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BIOGRAFÍA

La ventana nació de un deseo de cielo
y en la muralla negra se posó como un ángel.
Es amiga del hombre
y portera del aire.

Conversa con los charcos de la tierra,
con los espejos niños de las habitaciones
y con los tejados en huelga.

Desde su altura, las ventanas
orientan a las multitudes
con sus arengas diáfanas.

La ventana maestra
difunde sus luces en la noche.
Extrae la raíz cuadrada de un meteoro,
suma columnas de constelaciones.

La ventana es la borda del barco de la tierra;
la ciñe mansamente un oleaje de nubes.
El capitán Espíritu busca la isla de Dios
y los ojos se lavan en tormentas azules.

La ventana reparte entre todos los hombres
una cuarta de luz y un cubo de aire.
Ella es, arada de nubes,
la pequeña propiedad del cielo.

Autor del poema: Jorge Carrera Andrade

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AGONÍAS DE UN CARIBÚ

Bajo el paso incierto y vegetal de angustia,
Levanto el polvo de la nada.
Toda pupila emerge
en esta soledad suspensa,
Toda concentración oscura,
En violencia tal
De hacinamiento y llama pura entre las rocas.

La luna atenta y circundada
A su vez aclara
Aquel espacio de su prenda
Fluente y nemoroso.
Atormentados cascos van a mengua
Redoblando el eco
En mil contornos de la estéril claridad polar.

Único en sí repercute el gemido entre la fronda
De un balido incauto.
Ventajas cruentas de la selva:
Desvalidos pasos del garañón herido
Que ya en las turbias aguas del escajo su condición aplaca
Su pesar consume.
Yacentes ojos a su propia luz ocultos
Bajo el ámbito nocturno de este vuelo.

Ver adentro, el cazador también escucha
El retiro alado de tanta lejanía inclusa.
Y en murmullos que la brisa asume, cuanto más cercanos, se acrecienta el rocío de las fieras.

A aquellas cuencas vuelvo, al conjunto aquél,
Saturado y tenso,
De fragancia y brotes.
Los continuos árboles
De vertical sustento, de fiero embate,
Allí persisten
Como la postrera vibración del aire.

Tantas voces en el eco. ¡Oh luna te reflejas en mi mente!
Como el ave en las alturas de su vuelo contenida,
Tan solo aún, Noche mía, voy en ti, tan duro de distancias.
La pradera de tierno espacio en tanto me recibe,
Que en jugos desbordantes de los aires resplandece.

¿Mas, volverá el cedeño pasto
a brotar de luces?
De lo remoto el ciervo acude
A tal empeño de este clamor vedado.

Autor del poema: Alfredo Gangotena

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ORGÍA

¡Coruscante en su boca, la panacea!
Las Venas del padre no son
Sino hilos de celaje azul, ramaje del blasón.
El espíritu ha hecho de su cráneo
La sola brújula del pensamiento.
Las manos levantan el cielo raso
Como antorchas de ciencia y de progreso.

He aquí que nuestras mejillas se tornan carmesíes.
Somos sus huéspedes de gran linaje.
Luego nos procuran su ambrosía
El ajo, la estricnina y el sublimado.

Corimbos, umbelas, encajes en llama.
Mis miradas tatúan los senos de la dama.
Oh hermanos, que mi corazón haga la vuelta de la mesa.
¡Sobre mi rostro lamentable, mis lágrimas no son sino gotas de sangre!

Estos brazos nacientes como tromba sórdida de la axila,
El innoble deseo y el vientre, los pómulos de la infame
junto a la salina blancura del mantel
¡Duerme! ¿Para qué la amargura fluyente
de tus santas y lejanas soledades, oh mi alma?

Ellos, urgidos por la sombra de los grandes caminos,
franquean temprano las puertas del Edén.
Luego yo, el indigente, me quedo junto a Lázaro
Cogiendo sus cortezas y sus migas de pan.

Autor del poema: Alfredo Gangotena

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OH ALETEO DE ESOS LABIOS QUE IMPLORAN CLEMENCIA

Oh aleteo de esos labios que imploran clemencia:
Dama admirable, ceded a mi alma el esplendor de Vuestra Magnificencia.
Gritos velados de mis dientes, estertores salvajes del parto,
Dictad me la orden en los dédalos de mi canto.
Resortes y fuerzas martillados en los cráteres del sedimento;
Puertas omnímodas extraviadas en los palacios de diamante;
Y vosotros, senos del éter, donde se desmayan las fuentes del año,
Lactad, íntimos, las vías frugales que se derraman en mi pensamiento.
Bocas amasadas en el éxtasis y en la plenitud del sueño,
Anunciad al fiel para que escuche el follaje del espíritu.
El émulo del arquero, por la ruta alisia, apacigua las selvas:
Id a debatiros en la onda de sus plumas,
En el instante capital en el que evoco los encantos del mundo.
El acicate de su inmensa empresa y su gloria de doble filo
Que yo clame sin par, ¡Oh Legiones! la epopeya del Gran Navegante.

Autor del poema: Alfredo Gangotena

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POR EL BREVE POLVO (FRAGMENTO)

Es mejor... no preguntes el por qué de las cosas...
Bien están las espinas, de ellas brotan las rosas;
pronto arrulla la brisa si ha bramado el ciclón;
bien la noche, pues, brillan las estrellas piadosas,
bien las tardes azules y las tardes lluviosas,
y la verde hondonada y el adusto peñón.

Es mejor... no preguntes el por qué, que un secreto
adormido en el fondo de tu numen inquieto,
más que muchas respuestas te podrá contestar...
Si en la flor hay perfume, si da sombra el abeto,
si el torrente, en remanso, dormirá blando y quieto...
bien está, no preguntes, mira y ama al callar.

Ama, calla y contempla, que así habrá más paisajes
y más sol y más luna para todos los viajes
que hasta el último sueño deberás emprender.
No interrogues... la duda nublará tus celajes,
y a la pompa frondosa de los tibios boscajes,
trocará el hojarasca tu indiscreto por qué.

Si tu veste desgarras al doblar un recodo
del camino, si hay zarzas, polvaredas y lodo,
si sorprende a tu planta, rudo, el cruel, pedregal...
no desmaye tu anhelo que en la senda hay de todo:
pedregales y espinas, sauces, flores y lodo...
no te importe, que solo te interese el final.

No te importe, no inquieras, pon los mismos amores
sobre todas las zarzas, sobre todas las flores
que acaricien tus ojos en la vía, al pasar...
Si se te hunde una espina ¿para qué los rencores?
muy bien puede tu sangre enseñarle a dar flores,
tus perdones bien pueden enseñarle a aromar.

Vé sencillo. Agradece la bondad del sendero
desmayado a tu paso, y la luz del lucero,
que ‹se dan en silencio›, que se dan sin pedir...
Gracias dile a la fronda, Dios te pague al venero;
agradece a la hierba y al pedrusco severo,
y al ocaso y al orto y al cenit y al nadir...

Nada traes al viaje... la piedad del camino
va vistiendo de sombras y de luz tu destino,
va colmando tu alforja de armonía y de amor;
te da pan, te da fuentes en tu andar peregrino...
Nada traes al viaje, debes todo al camino...
en los días, paisajes y en las noches, fulgor.

Anda, pues, perfumando de humildades la senda...
que a la flor y al abrojo por igual les entienda
tu sandalia viajera... –¡virgen, leve emoción...!–
ve en la estrella regalo y en el lodo ve ofrenda...
nada traes al viaje, no maldigas la senda...
gracias di a la llanura, Dios te pague, al peñón...

Simplifícate, entrégate como el sol al paisaje,
como el campo a la espiga, como el viento al boscaje,
que si nada has traído, nada puedes llevar.
Es mejor... nada inquieras, no maldigas; no ultraje
tu pregunta a la senda... Ve sencillo en el viaje,
hasta cuando el camino, manso, quiera acabar.

Autor del poema: Francisco Granizo

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Y ALLÁ

Alguien habla y yo estoy de pie
Voy a ir allá a la otra punta

Los árboles lloran
Porque a lo lejos otras cosas mueren

Ahora la cabeza se ha apoderado de todo

Pero todavía no te he comprendido
Sigo tus pasos sin saber quién soy
Hay que pasar por una puerta en la que nadie espera
Para un imposible reposo
Todo se aparta y nos vuelve la espalda

Un poco de vacío queda en torno
Y para revivir días pasados
Un alma desapegada se entretiene
Y arrastra todavía un cuerpo que se gasta
El último tiempo de un compás
Más tenaz y más desgarrador
Un dolor musical murmura

Autor del poema: Pierre Reverdy

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CUANDO NIÑO, BUSCABA YO FANTASMAS

Cuando niño, buscaba yo fantasmas
en calladas estancias, cuevas, ruinas
y bosques estrellados; mis temerosos pasos
ansiaban conversar con los difuntos.
Invocaba esos nombres que la superstición
inculca. En vano fue esa búsqueda.
Mientras meditaba el sentido
de la vida, a la hora en que el viento corteja
cuanto vive y fecunda
nuevas aves y plantas,
de pronto sobre mí cayó tu sombra.
Mi garganta exhaló un grito de éxtasis.

Autor del poema: Percy Bysshe Shelley

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PENSANDO EN LO PASADO, DE MEDROSO

Pensando en lo pasado, de medroso,
hállome gran amor dentro en mi pecho;
bien sé que lo pasado ya es deshecho,
mas da el maginallo algún reposo.

De descansar estoy tan deseoso
que para reposar doquiera m'echo;
donde'spero descanso, allí es mi lecho,
aunque sea el descanso mentiroso.

Mas este descansar, siendo tan vano,
ha d'acabarse'n muy breve momento;
y el triste recordar está en la mano.

He de bolver a mi dolor temprano;
la cuenta de'sto es tal que no la cuento;
mas hallo lo que pierdo y lo que gano.

Autor del poema: Juan Boscán

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NI SIQUIERA EL DIOS DEL FUEGO

Ni siquiera el dios del fuego
puede devorar este recuerdo
de un amor por ti quemado
en el infierno de un engaño.

Autor del poema: Jorge Javier Roque

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