Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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COMO LA MAR, LOS BESOS

No importan los emblemas
ni las vanas palabras que son un soplo sólo.
Importa el eco de lo que oí y escucho.
Tu voz, que muerta vive, como yo que al pasar
aquí aún te hablo.

Eras más consistente,
más duradera, no porque te besase,
ni porque en ti asiera firme a la existencia.
Sino porque como la mar
después que arena invade temerosa se ahonda.
En verdes o en espumas la mar, se aleja.
Como ella fue y volvió tú nunca vuelves.

Quizá porque, rodada
sobre playa sin fin, no pude hallarte.
La huella de tu espuma,
cuando el agua se va, queda en los bordes.

Sólo bordes encuentro. Sólo el filo de voz que
en mí quedara.
Como un alga tus besos.
Mágicos en la luz, pues muertos tornan.

Autor del poema: Vicente Aleixandre

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AQUELLA HORA DE MEDIANOCHE

La Madre Virgen se arrodilla sobre el piso
Y tiene a su bebé en el brazo,
El corazón está más contento que los labios pueden decir,
Para mantener a su bebé nacido nuevo cómodo y tibio,
Un bebé más dulce y justo y estimado
Que cualquiera subió brote en el sol brillante,
De quiénes ojos pequeños miran directamente en su propio,
Oh, bendijo a criada, hijo de Dios es también tuyo.
Tras la medianoche santa, cuando Él vino a la tierra:
Cuando vierte un rayo del sol por un vidrio límpido,
No partida ninguna marca sobre su cara;
Una gota de rocío sobre el césped verde fresco,
Una estrella pequeña que cayó sobre su regazo,
Un bebé que arrulla, eso busca el seno virgen.
Las esperanzas de todo el mundo de pecado-maldijo
Sobre estes párpados de bebé descansa.
Y desde entonces la hora de medianoche es santa,
Y millón de corazones humanos se bate
A la admiración y el amor para Él que vino,
Para salvar el mundo, propia Palabra encarnada de Dios.
El entró la oscuridad, quien era La Luz,
Su divinidad brilló de ojos claros de niño cianótico,
La maldición de la tierra primer pecado se levantó entonces,
Esa hora de la medianoche volvió a abrir el paraíso

Autor del poema: Anónimo

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CANCIÓN: MI MÚSICA ES TU VOZ

Si no te conociera si no estuviera aquí
no habría encontrado la alegría de vivir
enciendes melodías que brotan en tu voz
que calman y apaciguan mi lucha interior
y aunque somos diferentes nos une una obsesión
cantar es nuestra vida y mi música es tu voz
cuenta con mi vida que hoy la doy por ti
mi pasión la quiero compartir

a tu lado me siento seguro
a tu lado no dudo
a tu lado yo puedo volar
a tu lado hoy brilla mi estrella
a tu lado mi sueño
se hará por fin realidad
a tu lado

estamos hoy unidos cantando esta canción
mañana separados pero unido está el corazón
y aunque somos diferentes nos une una obsesión
cantar es nuestra vida y mi música es tu voz

a tu lado me siento seguro
a tu lado no dudo
a tu lado yo puedo volar
a tu lado hoy brilla mi estrella
a tu lado mi sueño
se hará por fin realidad

a tu lado... me siento seguro, me siento seguro
a tu lado no dudo
a tu lado yo puedo volar
a tu lado hoy brilla mi estrella
a tu lado mi sueño
se hará por fin realidad

a tu lado... a tu lado mi música es tu voz.

Autor del poema: Alumnos de Operación Triunfo (España) 2002

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ORACIÓN

La barca morena de un pescador,
cansada de bogar,
sobre la playa se puso a rezar:
¡Hazme, Señor,
un puerto en las orillas de este mar!

Autor del poema: José Gorostiza

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ESBOZOS

El viento del Otoño crepita frío entre los juncos secos,
envejecidos por el anochecer;
aleteando, las cornejas vuelan desde el sauce, tierra adentro.

Un viejo solitario se detiene un instante en una orilla,
siente el viento en sus cabellos, la noche y la nieve que se acercan,
desde la orilla en sombras mira la luz enfrente
donde entre nubes y lago la línea de la costa más lejana
todavía refulge en la cálida luz:
aúreo más allá, dichoso como el sueño y la poesía.

La mirada sostiene con firmeza en la fulgurante imagen,
piensa en la patria, recuerda sus buenos años,
ve palidecer el oro, lo ve extingirse,
se vuelve y, lentamente, se dirige
tierra adentro desde aquel sauce.

Autor del poema: Hermann Hesse

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DESNUDO

El cielo de tu tacto
amarillo cubría
el oculto jardín
de pasión y de música.

Altas yedras de sangre
abrazaban tus huesos.

La caricia del alma
—brisa en temblor— movía
todo lo que tú eras.

¡Qué crepúsculo bello
de rubor y cansancio
era tu piel! Estabas
como un astro sin brillo
recibiendo del sol
la luz de tu contorno.

Sólo bajo tus pies era de noche.

Eras cárcel de música,
de la música presa
que intentaba escapar
en cada gesto tuyo,
pero que no podía salir
y se asomaba como un niño
a los cristales de tus ojos claros.

Autor del poema: Manuel Altolaguirre

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RINCÓN DE LA SANGRE

Tan chico el almoraduj
y... ¡cómo huele!
Tan chico.

De noche, bajo el lucero,
tan chico el almoraduj
y, ¡cómo huele!

Y... cuando en la tarde llueve,
¡cómo huele!

Y cuando levanta el sol,
tan chico el almoraduj
¡cómo huele!

Y, ahora, que del sueño vivo
¡cómo huele,
tan chico, el almoraduj!
¡Cómo duele!...
tan chico el almoraduj
Tan chico.

Autor del poema: Emilio Prados

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A UNOS OJOS

Más dulces habéis de ser,
si me volvéis a mirar,
porque es malicia, a mi ver,
siendo fuente de placer,
causarme tanto pesar.

De seso me tiene ajeno
el que en suerte tan crüel
sea ese mirar sereno
sólo para mí veneno,
siendo para otros miel.

Si crüeles os mostráis,
porque no queréis que os quiera,
fieros por demás estáis,
pues si amándoos, me matáis,
si no os amara, muriera.

Si amando os puedo ofender,
venganza podéis tomar,
porque es fuerza os haga ver
que o no os dejo de querer,
o me acabáis de matar.

Si es la venganza medida
por mi amor, a tal rigor
el alma siento rendida,
porque es muy poco una vida
para vengar tanto amor.

Porque con él igualdad
guardar ningún otro puede;
es tanta su intensidad,
que pienso ¡ay de mí! que excede
vuestra misma crüeldad.

¡Son, por Dios, crudos azares
que me dén vuestros desdenes
ciento a ciento los pesares,
pudiendo darme a millares,
sin los pesares, los bienes!

Y me es doblado tormento
y el dolor más importuno,
el ver que mostráis contento
en ser crudos para uno,
siendo blandos para ciento.

Y es injusto por demás
que tengáis, ojos serenos,
a los que, de amor ajenos,
os aman menos, en mas,
y a mí que amo más, en menos.

Y es, a la par que mortal,
vuestro lánguido desdén
¡tan dulce... tan celestial!...
que siempre reviste el mal
con las lisonjas del bien.

¡Oh, si vuestra luz querida
para alivio de mi suerte
fuese mi bella homicida!
¡Quién no cambiara su vida
por tan dulcísima muerte!

Y sólo de angustias lleno,
me es más que todo crüel,
el que ese mirar sereno,
sea para mí veneno,
siendo para todos miel.

Autor del poema: Ramón de Campoamor

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LAS AVES

Cuando aún rodaban ríos de escoriáceas riberas
sobre la piel salvaje de la tierra, y cuando al
beso del sol, mostraba en sus anchas caderas
llagas de agua, fuego de piedra y de metal,

como vírgenes úlceras de asquerosidad pura,
las aves —nobles ejércitos del águila bizarra—
cortaron con alegre vuelo la azur llanura,
y el jefe en una roca del cielo hincó la garra.

Y abrió la alondra el lirio de trinos de su pico
para cantar los dulces paisajes perfumados
del sol, que se gozaba inconsciente, en el rico
azur rompiendo un vaso de perfumes dorados.

Y el cisne alzó las alas, como una hostia partida
para santificar el secreto de calma
y volar, en un momento audaz en que la vida
convidaba a encerrarse a vivir en el alma;

escuchando los números de la mar o del viento,
o los jóvenes ruidos terrenales, o los
versículos del manuscrito amarillento
que vi un día en el seno poderoso de Dios.

Autor del poema: Alfonso Cortés

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AMARTE

Amarte no fue un ramo de rosas en la tarde.
¿Dejarte cualquier día para siempre y no verte...?
Todavía me queda otro infierno más grande.
Esperar a que vuelvas más allá de la muerte.

Autor del poema: Vicente Núñez

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