34 Poemas de lluvia 

LLUEVE EN SILENCIO

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego...

Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece...

No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente...

Autor del poema: Fernando Pessoa

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DESAMOR

Las razones
que tuve para amarte
se borraron anoche
en la tormenta

Quedé limpia

Tu olor a huésped
voluptuoso en mis entrañas
se enredó con la lluvia
y se marchó.

Autor del poema: María Clara González

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Tristezas

Enviado por gabl  Seguir


Ayer me sentí muy triste
como tarde fría de lluvia inesperada,
de melancolía intensa que ahoga
todo pensamiento y nubla la mente.

Que aleja la poesía y la rima
atrayendo la prosa y cadencia del verso,
solo me acuerdo de semblanzas tristes
sin sentido, pero historias al fin.

Que tiñeron de blanco las sienes
y trajeron arrugas a mi frente,
hoy de nuevo me siento triste
sin poesía, sin inspiración, sin alegría.

gbl
24/09/2017
Derechos Reservados de Autor

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TEMPESTAD Y CALMA

La sombra
Sigue
Sombría
Noche;
Una
Luna
Clara
Destella.

Tranquilla
El aire puro
Destila
El azul celeste;
El sabio
Alquila
Viaje
¡Por supuesto!

La atmósfera
De la flor
Regenera
El olor,
Se incorpora,
Evapora
Para la aurora
Su olor.

En ocasiones la brisa
De los verdes olmos
Pasa y se estrella
En las dulces ramas
En el fondo del alma
Que la reclama
¡Es un remedio
Para todos los males!

Un punto se declara
Lejos de la casa
Se convierte en una vara;
Es una confusión;
Larga, negra, rápida
Nada más la doma
Ella se agranda, sube,
Cubre el horizonte.

La oscuridad avanza
Y dobla su negrura;
¡Su funesta apariencia
Toma y sobrecoge el corazón!
Y temblando presagia
Que esa oscura nube
Encierra una gran tormenta
En su enorme horror.

En el cielo, no hay más estrellas
La nube cubre todo
Con sus glaciales velas
Esta allí, solo y de pie.
El viento lo empuja, lo excita,
Su inmensidad se irrita;
¡Al ver su flanco que se agita,
Se comprende que esta en el límite!

Se repliega y se agrupa,
Aprieta sus vastos harapos;
Apenas contiene los centelleos
Que le vienen de sus vientos norteños;
La nube en fin se dilata,
Se entreabre, se rasga, explota,
Como un matiz escarlata
Las corrientes de sus negros torbellinos

El relámpago resplandece; luz brillante
Que os ciega y os quema los ojos,
No se desvanece, la tormenta silbante
Lo hace brillar, encenderse mucho mejor;
Vuela; en su curso mudo y rápido
El horrible viento lo conduce y lo aviva;
El rápido relámpago, en su fugitiva marcha
Por sus zigzags une la Tierra a los Cielos.

El rayo parte instantaneamente; tempestea, truena
Y el aire se llena de sus largo ruido;
En el fondo de los ecos, el inmenso ruido zumba,
Envuelve, presiona todos de sus resquebrajosos crujidos.
Triplica sus esfuerzos; el relámpago como la bomba,
Se lanza y rebota sobre el tejado que sucumbe,
Y el trueno estalla, y se repite, y cae,
Prolonga hasta los Cielos sus aterramientos.

Un poco más lejos, pero tembloroso todavía
En el negro cielo la tormenta continúa,
Y de sus fuegos ensombrece y colorea
La oscuridad de la silbante noche.
Entonces por instantes los vientos del norte la mueven
Se calma un poco, el trueno se esparce,
Y después se acalla, y en la lejanía rueda
Como un eco solamente que fue

El relámpago también es cada vez más raro
De vez en cuando muestra sus fuegos
No es más la cruenta lucha
Donde los vientos combatían entre ellos;
Llevando a otras partes su sombría cabeza,
El horror, el estampido de la tempestad
Un poco más tarde, se detiene,
Finalmente huyen sus bulliciosos juegos.

En el cielo la última nube
Es barrida por el viento;
En el horizonte esa gran tempestad
Ha cambiado muy rápidamente;
No se ve a lo lejos en la sombra
Más que una espesura larga, sombría,
Que se va, se tiñe de negro, oscuridad
Toda en su desplazamiento.

La naturaleza está tranquila,
Ha perdido su miedo;
Es dulce y dócil
Y se regocija el corazón;
Si el trueno ruge
Y con su profunda voz
Allá preocupa al mundo,
Aquí no se le teme más.

En el cielo la estrella
Con un luz más pura
Brilla y se devela
En el seno del azul celeste;
La noche en la tregua,
Que toma y sueña,
Y que se levanta,
No tiene más oscuridad.

El agradable aliento
Del dulce hálito
Que camina
Como un suspiro,
Silenciosamente,
La hoja inclina,
La zalamería,
Y provoca placer.

La naturaleza
Es aún
Mucho más pura,
Y se duerme;
En la embriaguez
La señora,
Así junta
Una cama de oro.

Toda alegre,
La flor
Se calma;
Su corazón
Tranquilo
Destila
El útil
Olor.

Ella
Huye,
Bella
Noche;
Una
Luna
Clara
Destella.

Autor del poema: Julio Verne

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LLUEVE

Tarde glacial de lluvia y de monotonía.
Tú, tras de los cristales del florido balcón,
con la mirada náufraga en la gris lejanía
vas deshojando lentamente el corazón.

Ruedan mustios los pétalos... Tedio, melancolía,
desencanto... te dicen trémulos al caer,
y tu incierta mirada, como una ave sombría,
abate el vuelo sobre las ruinas del ayer.

Canta la lluvia armónica. Bajo la tarde mustia
muere tu postrer sueño como una flor de angustia,
y, en tanto que, a lo lejos preludia la oración

sagrada del crepúsculo la voz de una campana,
tú rezas la doliente letanía verleniana:
como llueve en las calles, en mi corazón.

Autor del poema: Ernesto Noboa y Caamaño

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LLUEVE SOBRE EL CAMPO VERDE

Llueve sobre el campo verde...
¡Qué paz! El agua se abre
y la hierba de noviembre
es de pálidos diamantes.

Se apaga el sol; de la choza
de la huerta se ve el valle
más verde, más oloroso,
más idílico que antes.

Llueve; los álamos blancos
se ennegrecen; los pinares
se alejan; todo está gris
melancólico y fragante.

Y en el ocaso doliente
surgen vagas claridades
malvas, rosas, amarillas,
de sedas y de cristales...

¡Oh la lluvia sobre el campo
verde! ¡Qué paz! En el aire
vienen aromas mojados
de violetas otoñales.

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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LLUVIA

Toda la tarde llovió, y luego
semejante poder cayó de las nubes
en un hilo amarillo,
autoritario como se supone que es Dios.
Cuando golpeó el árbol, el cuerpo de ella
se abrió para siempre.

Autor del poema: Mary Oliver

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GOTAS

¿Se hieren y se funden?
Acaban de dejar de ser la lluvia.
Traviesas en recreo,
gatitos de un reino transparente,
corren libres por vidrios y barandas,
umbrales de su limbo,
se siguen, se persiguen,
quizá van, de soledad a bodas,
a fundirse y amarse.
Trasueñan otra muerte.

Autor del poema: Ida Vitale

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Amor bajo la lluvia.

Enviado por tania_palavez  Seguir

Mirábamos tormentas desde aquélla cima
Y tomamos fotos para inmortalizar el momento
Pensamos que sería eterno y ni el más grande amor supero las pruebas del tiempo
La foto del recuerdo la guardo en mi bolsillo y en la memoria, sabes que no miento
Nuestro amor intenso se apago con la lluvia y se perdió como las cenizas al viento

Ahora la lluvia me trae llantos
Recuerdo claramente lo que dijiste
Se guardó el recuerdo intacto
Aquellas palabras se escaparon de tu boca
E invadieron con rapidez mi espacio
Te amo, cuanto te amo

Ya no se si es mi llanto o es la lluvia
Lo que baja por mis mejillas
No se si pueda continuar cargando estos recuerdos, esta agonía
La lluvia me regalo momentos gratos y fotos bellas
Y ahora todo lo moja y las corrientes se lo llevan.

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Sola

Enviado por gabl  Seguir

Te vi parada allí, sola, pensativa
con la mirada perdida en el entorno,
ajena al presente, oyendo silbar el viento
que hacía que tu delgado cuerpo
se agitara como luz de una vela.

Tomó tiempo para que notaras mi presencia
y algo dentro de mí se conmovió
te sonreí con temor, y tú delicadamente
buscaste mis ojos, como pidiendo compasión.

Quise dejarte allí, empapada sin cobijo,
dejarte con la tristeza y el dolor,
que azotaba tu mente y sentidos,
solo tendí mi mano a la nada, a ti…

gbl
07/07/2017
Derechos Reservados de Autor




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