Poemas
Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!
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CULPAR A LOS OTROS
Culpar a los otros
es patrimonio específico
de los corazones inferiores.
TOCADOS POR UN ÁNGEL
Nosotros, desacostumbrados al valor
exiliados del placer
enroscados en la caparazón de la soledad
hasta que el amor baja de su templo sagrado
y se presenta ante nuestros ojos
para liberarnos a la vida.
Llega el amor
y en su tren vienen éxtasis
viejos recuerdos de gozo
antiguas historias de dolor.
Y si somos audaces,
el amor arranca de nuestras almas
las cadenas del miedo.
Al calor de la luz del amor
abandonamos nuestra timidez
nos atrevemos a ser valientes
Y de pronto vemos que el amor
nos cuesta todo lo que somos
y todo lo que podemos ser.
Y sin embargo es el amor
lo único que nos libera.
ELEGÍA PARA TI Y PARA MÍ
I
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente en mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.
II
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
III
Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizás: «Qué linda es, todavía».
Tú, quizás pensarás: «Se está poniendo viejo».
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo, o con otra.
O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.
IV
Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos.
V
Y pasará la vida. Yo seguiré soñando,
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Yo ya te habré olvidado definitivamente,
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
Y quizás, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.
VI
Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosas,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
¿TEMES LO QUE PUEDE TRAERTE EL MAÑANA?
¿Temes lo que puede traerte
el mañana?
No te adhieras a nada,
no interrogues a los libros ni a tu prójimo.
Ten confianza; de otro modo,
el infortunio no dejará de justificar tus aprehensiones.
No te preocupes por el ayer:
ha pasado...
No te angusties por el mañana:
aún no llega...
Vive, pues, sin nostalgia ni esperanza:
tu única posesión es el instante.
TE FUISTE
Da igual si era de día o de noche
o la estación del año que acontecía,
da igual si estaba solo
o el lugar del que volvía
te fuiste
y del techo sangraron rabias y futuros predecibles
y las estatuas se echaron las manos a la cabeza
y los misterios se hicieron pesados y los caminos cuestas
y mis recuerdos volvieron a escupir todos mis errores
y el viento trajo dudas y hasta aconsejaron los niños
y los panes se endurecieron como pedruscos
y el asfalto rebañó con su gris todas las bocas
y mis piernas fueron palos y mis manos desiertos
y de las nubes llovieron vómitos y legañas
y los peces siguieron su camino hipnotizados
y el bosque volvió a encerrarse entre sus ramas
y mi corazón quedó último y descalificado
te fuiste
y yo…
volví a ser otra línea negra en la ciudad.
NUESTRO AMOR
En la sala de espera sin nombre ni rostro,
Libre de los pasos violentos que destrozan el camino,
De la memoria que destruye como un ácido el alma,
Cadáver vacío de esperanza,
Ilusiones convertidas en humildes piedras,
Y el corazón latiendo para siempre en el mismo punto.
Yo había atravesado la vida como un balazo durante cuarenta y tres años,
Hasta que naciste tú.
Saltamos las barreras del tiempo,
Nuestras almas milenarias pudieron encontrarse.
Tú sabías que algún día tendrías que asistir a mi muerte,
Dejarme disolver en tu memoria.
Yo sabía que debería impedir tu suicidio,
Convencerte de que continuaría invisible junto a ti.
El presente se convirtió en joya,
A la que transformamos en esfera,
Danzando con los astros alrededor del ojo de dios.
Con euforia mezclada de tenebrosa angustia,
Vimos la eternidad en cada segundo,
Y al infinito acurrucado
Como un gato junto a nuestros pies.
Nuestros corazones aprendieron a latir al mismo ritmo,
Conversamos sin cesar con las bocas pegadas,
Una junta a la otra.
Le dimos a nuestros cuerpos cadáveres,
El orgasmo que los vestía de ángeles,
Los ruidos invasores se convirtieron en música,
Y la manzana que ambos mordimos,
Adquirió el sabor del elixir de las vidas sin fin.
Qué más se puede pedir!
Ahí vamos felices hacia el exterminio,
Como el sol y sus planetas,
Como las miríadas de universos,
Exterminio que es pantano,
Dando origen a la sublime flor de la conciencia,
Cuyo aroma es el amor.
CANTO ESPIRITUAL
Si el mundo es ya tan bello y se refleja,
oh, Señor, con tu paz en nuestros ojos,
¿qué más nos puedes dar en otra vida?
Así estoy tan celoso de estos ojos y rostro,
y del cuerpo que me diste, Señor,
y del corazón que en él late...
¡y tengo tal miedo a la muerte!
Pues, ¿con qué otros sentidos me harás ver
este cielo azul sobre las montañas,
y el ancho mar, y el sol que en todo brilla?
Dame en estos sentidos paz eterna
y no querré más cielo que este cielo azul.
Aquel que grite tan sólo «¡Detente!»
al instante que le traiga la muerte,
no lo entiendo, Señor, ¡yo, que quisiera
parar tantos instantes cada día
para que eternos fueran en mi corazón! ...
¿O es que este «hacer eterno» es ya la muerte?
Pero entonces, la vida ¿qué sería?
Tan sólo sombra del tiempo que pasa,
ilusión de lo cerca y de lo lejos,
cuenta del mucho, el poco, el demasiado,
engañador, pues ¿ya todo lo es todo?
¡Da igual! Del modo que sea, este mundo
tan extenso, tan diverso y temporal,
esta tierra con todo cuanto engendra,
es mi patria, Señor, ¿y no podría
ser también una patria celestial?
Hombre soy, y es humana mi medida
para todo lo que pueda creer y esperar:
si mi fe y mi esperanza aquí se quedan
¿me acusarás por ello más allá?
Más allá veo el cielo y las estrellas,
y allí también un hombre ser quisiera:
si a mis ojos las cosas has hecho tan bellas,
si mis sentidos y ojos hiciste para ellas,
¿por qué cerrarlos, pues, otro «como» buscando?
¡Si para mí jamás lo habrá como éste!
Ya sé que existes, mas dónde, ¿quién lo sabe?
Cuanto miro se te parece en mí...
Déjame, pues, creer que estás aquí.
Y cuando llegue la hora temerosa
en que se cierren estos mis ojos humanos,
ábreme tú, Señor, otros mayores
para tu inmensa faz poder mirar.
¡Nacimiento mayor sea mi muerte!
TÚ DORMÍAS
Engastada en mis manos fulguraba
como extraña presea, tu cabeza;
yo la ideaba estuches, y preciaba
luz a luz, sombra a sombra su belleza.
En tus ojos tal vez se concentraba
la vida, como un filtro de tristeza
en dos vasos profundos... yo soñaba
que era una flor de mármol tu cabeza;...
Cuando en tu frente nacarada a luna,
como un monstruo en la paz de una laguna
surgió un enorme ensueño taciturno...
Ah! tu cabeza me asustó... Fluía
de ella una ignota vida... Parecía
no sé qué mundo anónimo y nocturno...
ABRIENDO BRECHA
Andamos
abriendo brecha,
Apropiándonos
de nuestro nombre,
de nuestras agendas.
de nuestra edad,
atesorándola,
asumiendo los cambios,
cambiando.
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