Poemas 

Así funciona Yavendrás: En el menú, tienes un montón de poemas de escritores célebres clasificados por categorías (amor, amistad,...) y también la sección "Vuestros poemas" con TODO el contenido que vais subiendo: visítala para estar al tanto de lo que publica la comunidad.

Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

Si quieres buscar el contenido clasificado por autor, visita nuestra sección de Autores
 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

FAMA

Esto es la fama: domingos,
una sensación de vacío
como en Balthus,

callejuelas empedradas,
iluminadas por el sol, resplandecientes,
una pared, una torre marrón

al final de una calle,
un azul sin campanas,
como un lienzo muerto

en su blanco
marco, y flores:
gladiolos, gladiolos

marchitos, pétalos de piedra
en un jarrón. Las alabanzas elevadas
al cielo por el coro

interrumpidas. Un libro
de grabados que pasa él mismo
las hojas. El repiqueteo

de tacones altos en una acera.
Un reloj que arrastra las horas.
Un ansia de trabajo.

Autor del poema: Derek Walcott

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

VOLCÁN

Joyce temía al trueno,
mas durante su funeral los leones del zoológico de Zurich rugieron
¿Fue en Zurich o en Trieste?
No importa. Son leyendas, así como
es leyenda la muerte de Joyce,
o el rumor obsesivo de que Conrad
ha muerto, y Victoria es irónica.
Desde esta casa en el acantilado
sobre la franja del horizonte nocturno
es posible ver el resplandor de dos grúas a lo lejos
en el mar
hasta la hora del amanecer; es como
el resplandor del cigarro
y el resplandor del volcán
al final de Victoria.
Uno podría abandonar la escritura
por esas señas de los grandes
que lentas se consumen, y ser en cambio,
su lector ideal, meditativo y
voraz, haciendo que el amor por las obras maestras
sea superior al intento
de repetirlas o mejorarlas,
y ser así el mejor lector del mundo.
Por lo menos eso necesita del asombro
que se ha perdido en nuestro tiempo;
tanta gente lo ha visto todo
tanta gente es capaz de predecir
tanta que se niega a aceptar el silencio
de la victoria, el desinterés
que arde en la médula,
tantos no son más que
ceniza erguida cual cigarro,
tantos dan al trueno por hecho.
¡Cuán común es el relámpago, qué perdidos están los leviatanes
que ya ni siquiera buscamos!
Habían gigantes en aquel entonces.
En aquel entonces se liaban buenos cigarros.
Debo leer con más cuidado.

Autor del poema: Derek Walcott

100.00%

votos positivos

Votos totales: 5

Comparte:

ME DETENGO A OÍR UN ESTREPITOSO TRIUNFO DE CIGARRAS

Me detengo a oír un estrepitoso triunfo de cigarras
ajustando el tono de la vida, pero vivir a su tono
de alegría es insoportable. Que apaguen
ese sonido. Después de la inmersión del silencio,
el ojo se acostumbra a las formas de los muebles, y la mente
a la oscuridad. Las cigarras son frenéticas como los pies
de mi madre, pisando las agujas de la lluvia que se aproxima.
Días espesos como hojas entonces, próximos los unos a los otros como
horas y un olor quemado por el sol se alzó de la carretera lloviznada.
Punteo sus líneas a las mías ahora con la misma máquina.
¡Qué trabajo ante nosotros, qué luz solar para generaciones!-
La luz corteza de limón en Vermeer, saber que esperará allí
por otros, la hoja de eucalipto
rota, aún oliendo fuertemente a trementina,
el follaje del árbol del pan, de contorno oxidado como en van Ruysdael.
La sangre holandesa que hay en mí se dibuja con detalle.
Una vez quise limpiar una gota de agua de un bodegón flamenco
en un libro de estampas, creyendo que era real.
Reflejaba el mundo en su cristal, temblando con el peso.
¡Qué alegría en esa gota de sudor, sabiendo que otros perseverarán!
Que escriban: «A los cincuenta invirtió las estaciones,
la carretera de su sangre cantó con las cigarras parlantes»,
como cuando emprendí el camino para pintar en mi decimoctavo año.

Autor del poema: Derek Walcott

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

SI ESTUVIESE AQUÍ

Si estuviese aquí, en este cuarto blanco, en este hotel,
cuyas bisagras permanecen calientes, incluso bajo el viento marino,
te repanchigarías, dejado inconsciente por la hora de siesta;
no podría levantarte la campana de la resurrección
ni el gong del mar con su retintín plateado, seguirías echado.
Si te tocaran sólo cambiarías esa posición por la de un corredor en el
maratón del sonámbulo. Y te dejaría dormir. Las cosas se
desploman gradualmente
cuando el despertador, con su batuta de director,
empieza a la una: las reses doblan las rodillas
en los pastos tranquilos, sólo el rabo de la yegua se menea,
dándole con el plumero alas moscas, melones borrachos caen rodando
a las cunetas, y los mosquitos siguen volando en espiral a su paraíso.
Ahora el primer jardinero, bajo el árbol de la sabiduría,
olvida que es Adán. En el aire acostillado
cada parche de sombra se dilata como un oasis
por la fatigada mariposa, una laguna verde para fondear.
Playa blanca abajo, calmada como una frente
que ha sentido el viento, un estatismo sacramental
te traería el sueño, que es la corona del verano,
el sueño que divide sin rencor a sus amantes,
el sudor sin pecado, el horno sin fuego,
el sosiego sin el auto, el agonizante sin miedo,
mientras la tarde retira esas barras de la ventana
que rayaron tu sueño como el de un gatito, o el de un prisionero.

Autor del poema: Derek Walcott

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

LA LUNA Y NUEVA YORK

Nos encontrábamos todos los días
en el mismo sitio
compartíamos versos, cigarrillos
y a veces una novela de aventuras.
Lanzábamos piedrecillas
desde el puente donde almorzaban
los obreros de la fábrica de vidrio.
Le decía que la tierra es redonda
mi tía bruja y la luna un pedazo de cobre.
Que un día iría a Nueva York
la ciudad abundante en cosas estrambóticas
donde los gatos vagabundos
duermen bajo los automóviles
donde hay un millón de mendigos
un millón de luces
un millón de diamantes . . .
Nueva York donde las hormigas
demoran siglos trepando al Empire State
y los negros se pasean por Harlem
vestidos con colores chillones
que destilan betún en el verano.
Iría por los restaurantes
hasta encontrar un cartelito:
“Se necesita muchacho para lavar los platos.
No se requiere título universitario”.
A veces comería un sandwich
recogería manzanas en California
pensaría en ella cuando montara en el elevado
y le compraría un traje parecido al neón . . .
me iba a besar
cuando sonó el pito de la fábrica.

Autor del poema: Mario Rivero

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

DE NIÑO A HOMBRE

Es fácil dejar a un niño
a merced de los pájaros.

Mirarle sin asombro
los ojos de luces indefensas.

Dejarle dando voces entre una multitud.

No entender el idioma
claro de su medialengua.

O decirle a alguien:
es suyo para siempre.

Es fácil,
facilísimo.

Lo difícil
es darle dimensión
de un hombre verdadero.

Autor del poema: Roberto Sosa

100.00%

votos positivos

Votos totales: 7

Comparte:

MITO

Unha pinga de orballo,
o recendo da rosa,
a memoria dun xesto,
o tremor dunha sílaba,
permanecen no tempo,
grávanse a lume e ar
na conciencia daqueles
máis atentos e lúcidos
e fanse mito.
¡Mito!
Único símbolo posíbel
que os deuses poderosos
aceptan e comprenden.

Autor del poema: Manuel María Fernández

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

SOÑOS FUXIDÍOS

Os meus febles soños melancólicos
sempre me foxen para Bretaña.
E cando voltan
traen gusto a codeso,
saramago, xesta e hidromel.
Ás veces sangran
polas feridas que lles fan
as duras espiñas das silveiras.
En ocasiós demoran moito
contemplando dolmens,
estraños petroglifos,
cruceiros e calvarios populares
ou entretéñense querendo descifrar
a forte cadencia melodiosa
do idioma bretón que ten
música de vento e cantería.
De raro en raro os soños meus
quedan pendurados nas ponlas
das abidueiras e salgueiros
en figura de néboa esfarrapada
para ollar correr os ríos
e deixarse adormecer
ao seu murmurio de gaita familiar.
Teño que ir a Rennes novamente
e escoitar o mar en Saint Maló.

Autor del poema: Manuel María Fernández

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

A LUZ DO CORAZÓN

A única palabra verdadeira
que se escoita unha vez
en toda a vida:
aquela
que revelan os deuses
vaise adelgazando,
luíndose, perdendo a súa
imprecisa materia corporal,
facéndose lixeira,
translúcida,
in-mar-ce-sí-bel
até que se converte
en rosa, lúa, caravel
ou preciso salouco dun paxaro
que nos enche de luz o corazón.

Autor del poema: Manuel María Fernández

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

CERVO

Cervo en liberdade, luz e aire:
ábreste docemente como
unha raiola de lúa enfeitizada
na terra carnal dos nosos soños
e fas sagrado o bosque rumoroso.

A arboreda xentil que te coroa,
grave e lene -tal a brétema-
é a única alborada que pode
facer agromar do corazón
unha música pura e misteriosa.

Cervo que baixas con urxencia
a nidia limpidez da auga fría
para cumprir o rito de beber
as cores o os misterios da mañá.

Cervo, camelia tremelante,
marabilloso Outono en plenitude:
convérteste en espello,
salouco lonxano e esvaído,
lene melancolía vagorosa
e fulgor que cega: como o lóstrego.

Autor del poema: Manuel María Fernández

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Desde el 31 hasta el 40 de un total de 50 Poemas

Añade tus comentarios