Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

HOGAR IBÉRICO

España es una inmensa prisión
sembrada de penales y prisiones;
España es cual un solo corazón
que une en su latir a muchos corazones;
y esta unión resuelta y abnegada
es el arma potente y triunfadora
que impondrá la AMNISTÍA deseada
con su lucha viril y arrolladora.
¡Basta ya! Ha llegado el día
de que nuestra voz recorra el mundo
reclamando con ardor profundo
para nuestros presos la AMNISTÍA.

Autor del poema: Marcos Ana

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ELEGÍA A LUCIANO PARRONDO

(Que murió en la prisión de Burgos
a los veinte años de cautiverio)

Parrondo, amigo mío:
hace ya 20 años que te vi y te recuerdo
cantando sobre el filo de la muerte que huía.
Éramos arroyuelos, con el alma desnuda,
creciendo, en avenida.
No pesaban los muros:
hacia la mar seguían tu corazón y el mío,
ensanchando riberas,
con un alba en los ojos,
dejando a nuestro paso banderas y alegrías.
¡Qué juventud la tuya!
En tu cuerpo aterido por la muerte se mira
mi juventud perdida,
granada frente a todo...

Ay, Amigo:
mi corazón resiste; tu bandera ya es mía;
empaparé mis manos con tu sangre callada
y marcaré los astros con tu muerte y mi vida.
A veces creo que el mundo
tiene perdida el alma.
¿No escucha este cuchillo
que indiferente mina
nuestra espalda y nos hunde su filo hasta la muerte?
Mi corazón se obceca,
resiste todavía:
mas cuelga de su puerta tu ruiseñor callado
y vierte un llanto rojo donde tu luz se enfría.
¿Por qué no para el mundo este reloj sangriento?
¿No oye sus campanadas donde los hombres gritan?
Entre los poetas míos… Marcos Ana
Mi voz no puede alzarse,
le falta tu estatura.

No hay poeta que cante nuestra muerte infinita.
Hay hachazos tan duros que cortan la palabra.
En esta tierra nuestra ya todo se asesina.
Por el fuego sangrante de tu herida implacable
mi voz quema sus brazos
trepando hasta tus cimas.
Más no llega mi acento.
No hay lengua traspasada por el dolor que pueda
recompensar tu vida.
No hay voz para tu muerte
(quizá tu madre, acaso, llorando sea el poema,
que pide esta elegía).
Mas tu rostro insumiso
seguirá con nosotros.
Clamará en las campanas del corazón y un día
será tea en las cumbres del pensamiento indómito
muchacho azul, eterno laurel de la sonrisa.

No enterrarán tu nombre...
Arderá en mi palabra,
lo subiré a mis labios de la pena más viva,
escarbaré en el llanto
y hundido en sus raíces te subirá en sus hombros
mi voz al nuevo día.

Autor del poema: Marcos Ana

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SILENCIO

Mi casa tan lejos del mar
Mi vida tan lenta y cansada.
¡Quién me diera tenderme a soñar
una noche de luna en la playa!

Morder musgos rojizos y ácidos
y tener por fresquísima almohada
un montón de esos curvos guijarros
que ha pulido la sal de las aguas.

Dar el cuerpo a los vientos sin nombre
bajo el arco del cielo profundo
y ser toda una noche, silencio,
en el hueco ruidoso del mundo.

Autor del poema: Juana de Ibarbourou

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AMOR

El amor es fragante como un ramo de rosas.
Amando, se poseen todas las primaveras.
Eros trae en su aljaba las flores olorosas
de todas las umbrías y todas las praderas.

Cuando viene a mi lecho trae aroma de esteros,
de salvajes corolas y tréboles jugosos.
¡Efluvios ardorosos de nidos de jilgueros,
ocultos en los gajos de los ceibos frondosos!

¡Toda mi joven carne se impregna de esa esencia!
Perfume de floridas y agrestes primaveras
queda en mi piel morena de ardiente transparencia

perfumes de retamas, de lirios y glicinas.
Amor llega a mi lecho cruzando largas eras
y unge mi piel de frescas esencias campesinas.

Autor del poema: Juana de Ibarbourou

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HACIA NUEVOS MARES

Allí quiero ir; aún confío
en mi aptitud y en mí.
En torno, el mar abierto, por el azul
navega plácida mi barca.
Todo resplandece nuevo y renovado,
dormita en el espacio y el tiempo el mediodía.
Sólo tu ojo — desmesurado
me contempla ¡oh Eternidad!

Autor del poema: Friedrich Nietzsche

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ECCE HOMO

¡Sí! ¡Sé de dónde procedo!
Insaciable cual la llama
quemo, abraso y me consumo.
Luz se vuelve cuanto toco
y carbón cuanto abandono:
llama soy sin duda alguna.

Autor del poema: Friedrich Nietzsche

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A LA MELANCOLÍA

No te enojes conmigo, melancolía,
porque tome la pluma para alabarte
y, alabándote, incline la cabeza
sentado sobre un tronco como un anacoreta.
Así me contemplaste ayer, como otras muchas veces,
bajo los matinales rayos del cálido sol:
Ávido el buitre graznaba en el valle,
soñándome carroña sobre madera muerta.
¡Te equivocaste, pájaro devastador,
aunque momificado descansara en mi leño!
No viste mi mirada llena de placer
pasear en derredor altiva y ufana;
y que cuando insidiosa no mira a tus alturas,
extinta para las nubes más lejanas,
se hunde en lo más profundo de sí misma
para radiante iluminar el abismo del ser.
Muchas veces sentado en soledad profunda,
encorvado, cual bárbaro oferente,
pensaba en ti, melancolía,
¡Penitente, pese a mis pocos años!
Sentado así, me complacía el vuelo del buitre,
el estruendo de la avalancha,
y tú, inepta quimera de los hombres,
me hablabas con verdad, mas con horrible y severo semblante.
Acerba diosa de la abrupta naturaleza,
amiga mía, te complaces en manifestarte a mi alrededor
y en mostrarme amenazante el rastro del buitre
y el goce de la avalancha, para aniquilarme.
En torno a mí respira enseñando los dientes
la apetencia de muerte:
¡torturante avidez que amenaza la vida!
Seductora sobre la inmóvil estructura de la roca
la flor suspira por las mariposas.
Todo esto soy —me estremezco al sentirlo—:
mariposa seducida, flor solitaria,
buitre y rápido torrente de hielo,
gemido de la tormenta — todo para ensalzarte,
fiera diosa, ante quien profundamente inclino la cabeza,
y suspirando entono un cántico monstruoso de alabanza,
sólo para ensalzarte, ¡que con cordura
de vida, vida, vida esté sediento!
No te enojes conmigo, divinidad malvada,
porque con rimas dulcemente te orne.
Aquel a quien te acercas se estremece ¡oh rostro terrorífico!
Aquel a quien alcanzas se conmueve, ¡oh malvado derecho!
Y yo aquí estremeciéndome balbuceo canto tras canto
y me convulsiono en rítmicas figuras:
fluye la tinta, salpica la pluma afilada,
¡oh diosa, diosa, déjame — déjame hacer mi voluntad!

Autor del poema: Friedrich Nietzsche

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CÁSATE

Cásate:
si por casualidad das con una buena mujer,
serás feliz;
si no,
te volverás filósofo,
lo que siempre es útil para el hombre.

Autor del poema: Sócrates

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EL AMOR

Si eres un bien arrebatado al cielo
¿Por qué las dudas, el gemido, el llanto,
la desconfianza, el torcedor quebranto,
las turbias noches de febril desvelo?

Si eres un mal en el terrestre suelo
¿Por qué los goces, la sonrisa, el canto,
las esperanzas, el glorioso encanto,
las visiones de paz y de consuelo?

Si eres nieve, ¿por qué tus vivas llamas?
Si eres llama, ¿por qué tu hielo inerte?
Si eres sombra, ¿por qué la luz derramas?

¿Por qué la sombra, si eres luz querida?
Si eres vida, ¿por qué me das la muerte?
Si eres muerte, ¿por qué me das la vida?

Autor del poema: Manuel González Prada

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EL PÁJARO CIEGO

I

Era un Pájaro de nieve:
Con su inefable cantar,
Derramaba en tristes pechos
Alegría sin igual.

-«Pájaro, el Inca murmura,
Tu canción me atedia ya:
Siempre cantas alegrías,
Nunca lloras el pesar.

Lanza quejas doloridas,
Porque sufro negro afán,
Porque siento una amargura
Melancólica y mortal.

Canta canciones que aumenten
Mi congoja más y más,
Que yo gozo en mi tristeza,
Que yo gozo en mi penar».

Mas el Pájaro de nieve,
Sordo al mandato real,
Canta siempre la ventura,
Pero tristeza jamás.


II

Murmura un viejo Cacique:
-«Rey, al Pájaro cegad,
Y con lánguida tristeza
Su canción exhalará».

Ciego, el Pájaro de nieve
Siente y sufre pena tal,
Que, si fue de blancas plumas,
Es de negras plumas ya.

Canta dolor y amarguras
Con tan lúgubre cantar
Que, a su voz, las fieras lloran
Y se quiebra el pedernal.

Todos cierran los oídos,
Todos huyen y se van:
El oír los tristes cantos
Es gemir y agonizar.

La hija tierna del Monarca
Oye el canto sin igual,
Y solloza, y se adormece,
Y no despierta jamás.

Prorrumpe el Inca, estallando
Con la voz del huracán:
-«Pronto al Pájaro la muerte,
Pronto al Cacique cegad».

Autor del poema: Manuel González Prada

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