Poemas 

Así funciona Yavendrás: En el menú, tienes un montón de poemas de escritores célebres clasificados por categorías (amor, amistad,...) y también la sección "Vuestros poemas" con TODO el contenido que vais subiendo: visítala para estar al tanto de lo que publica la comunidad.

Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

Si quieres buscar el contenido clasificado por autor, visita nuestra sección de Autores
 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

HIMNO DE PAZ

Resuena en las inmensas llanuras
la orquesta de un lejano tropel;
un vértigo de danzas impuras
anuncia a las edades la danza de Luzbel.

Ambiente de pasión y de guerra;
delirios de matanza y pasión.
El viejo corazón de la Tierra
destila sus dolores en cada corazón...

¡Mirad! En rutilantes desfiles
acuden a morir y a matar;
Licurgo con la lanza de Aquiles,
y fuego sobre el éter, y fuego bajo el mar...

Destellan bajo el sol las espadas;
oíd: ¡ha redoblado el temblor!
y fiebre de clarinadas
y vuelo de cabalgadas,
y el dolor...

Son gritos de llamada: mil trinos
acordes en un trino mortal;
«¡Al Rhin!», dicen los pueblos latinos,
y arroja contra el Rhin sus destinos
la fúlgida familia ancestral.

Van todos: el cantor siciliano,
los rubios argonautas de Albión,
y Alberto de la Mancha, y el férvido espartano,
y el gran jinete galo galopa en su bridón...

Y allá, los pueblos fuertes que olvidan su heroísmo:
los blondos Prometeos; el casco y el clarín;
Sigfrido, alma de bronce; Wotán, alma de abismo;
leyendas de la selva; cinta de fuego: ¡el Rhin!

Se traban: sangre y lucha;
cuatro años que no dejan un minuto al amor;
la imprecación del odio que se escucha,
y allá Caín con alas, y aquí la herida en flor.
Perdió sus alboradas de púrpura la rosa,
calló sus armonías el laúd;
un compás de tragedia retumba en cada cosa,
porque en toda la Tierra se está abriendo una fosa
y en cada tronco de árbol germina un ataúd...

Pero ya se siente
venir del Occidente
la fe que levanta
—ruiseñor que canta—,
la breve virtud de la Paz,
y haciendo palpable la oliva quimérica,
surcó el océano la joven América
y en pleno Diluvio soltó la torcaz.

¡Qué noble armonía, qué alígero cántico
sacude el fogoso tritón del Atlántico
que lleva en sus lomos la nueva canción!
Gloriosa de espumas navega la barca
y vuelve a los hombres la historia del arca,
donde la gacela sonríe al león.

¡La Paz! A su nombre
fue de nuevo el hombre:
ya no se debaten los odios humanos,
y en vez de las armas se cruzan las manos.
¡Suprema armonía,
calor, poesía,
toda circundada de luz la Verdad;
besar las espinas que acechan al paso;
ser bueno a la aurora, ser justo al ocaso,
y allá arriba el cielo y aquí libertad!

¡Quiero la paz eterna y fuerte, pero leve:
un cóndor con las uñas embotadas en nieve;
suprema y levantada
sobre el odio del barro y el revés de la espada,
sobre el hermano herido,
sobre las impiedades, sobre Sila y Adán,
como un ave que cuelga la emoción de su nido
sobre la cresta de un volcán!

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco

72.97%

votos positivos

Votos totales: 37

Comparte:

PERFECCIÓN

Esa nube fue y se fue.
¡Qué limpio ha dejado el aire
la pureza de ese ser
que existió para negarse!

Autor del poema: Francisco Pino

72.95%

votos positivos

Votos totales: 24210

Comparte:

CANCIÓN DE LOS ARTRÍTICOS

Somos la flor y nata
de los artríticos,
somos la quinta esencia
de los nefríticos;
tenemos casi siempre
hipertensión
y una vaga hipertrofia
del corazón.

Nuestra elegancia es cosa
bien manifiesta,
nuestra presencia nunca
es muy molesta.
Somos unos Petronios
de alta tensión,
más fervientes del plato
que de Platón.

No pueden compararse
con los artríticos
los gafos ulcerosos
o sifilíticos.
Somos productos natos
de selección,
que marchan por la vida
con distinción.

Nos lleva suavemente
nuestro organismo
a la gota, a la artritis
y al reumatismo,
y nos mete, por último,
de un empujón,
en el coma, que es signo
de conclusión.

Somos la flor y nata
de los artríticos,
somos la quinta esencia
de los nefríticos;
tenemos casi siempre
hipertensión
y una vaga hipertrofia
del corazón.

Autor del poema: Pío Baroja

72.93%

votos positivos

Votos totales: 133

Comparte:

AMOR IMPRESO EN EL ALMA...

Si hija de mi amor mi muerte fuese,
¡qué parto tan dichoso que sería
el de mi amor contra la vida mía!
¡Qué gloria que el morir de amar naciese!

Llevara yo en el alma, adonde fuese,
el fuego en que me abraso, y guardaría
su llama fiel con la ceniza fría,
en el mismo sepulcro en que muriese.

De esotra parte de la muerte dura,
vivirán en mi sombra mis cuidados,
y más allá del Lethe mi memoria.

Triunfará del olvido tu hermosura;
mi pura fe y ardiente, de los hados,
y el no ser por amar, será mi gloria...

Autor del poema: Francisco de Quevedo

72.92%

votos positivos

Votos totales: 144

Comparte:

ESTA PAZ ANODINA

A menudo me observo
y aprecio en mí tu falta,
un vacío que borra mi relieve,
que pacta con los días esta paz anodina.

Entonces, nada pienso, nada sé.
Te llamo alma, con un cuidado extremo.
y escojo esta palabra para hacerte presente,
para magnificar tu ausencia entre las cosas
que han brillado en el centro de otras cosas menores
y me ofrecen ahora su palidez, la cera
derrotada de lo que tuvo vida.

Son las horas sin luz,
los días sin asombro ni memoria,
tiempo impávido, cuando
las únicas noticias de mí son estos pobres
mensajes de mi cuerpo,
el que todo lo ignora,
ese tibio volumen que avanza y parpadea
cargado con la necia metafísica
de su respiración.

Autor del poema: Antonio Cabrera

72.92%

votos positivos

Votos totales: 746

Comparte:

PLAYERAS

Baje a la playa la dulce niña,
perlas hermosas le buscaré;
deje que el agua durmiendo ciña
con sus cristales su blanco pie.

Venga la niña risueña y pura,
el mar su encanto reflejará,
y mientras llega la noche oscura,
cosas de amores le contará.

Cuando en Levante despunte el día
verá las nubes de blanco tul,
como los cisnes de la bahía,
rizar serenas el cielo azul.

Enlazaremos a las palmeras
la suave hamaca y en su vaivén
las horas tristes irán ligeras,
y sueños de oro vendrán también.

Y si la luna sobre las olas
tiende de planta bello cendal,
oirá la niña mis barcarolas
al son del remo que hiende el mar.

Mientras la noche prende en sus velos
broches de perlas y de rubí,
y exhalaciones cruzan los cielos,
¡lágrimas de oro sobre el zafir!

El mar velado con tenue bruma
te dará su hálito arrullador,
que bien merece besos de espuma
la concha-nácar, nido de amor.

Ya la marea, niña, comienza;
ven que ya sopla tibio terral,
ven y careyes tendrá tu trenza,
y tu albo cuello rojo coral.

La dulce niña bajó temblando,
bañó en el agua su blanco pie;
después cuando ella se fue llorando,
dentro las olas perlas hallé.

Autor del poema: Justo Sierra Méndez

72.92%

votos positivos

Votos totales: 48

Comparte:

VIDA DE UNA FLOR

Por la verde ronda de hojas ya se asoma
con temor infantil, y apenas mirar osa;
siente las ondas de luz que la cobijan,
y el azul incomprensible del cielo y del Verano.
Luz, viento y mariposas la cortejan; abre,
con la primera sonrisa, su ansioso corazón
hacia la vida, y aprende a entregarse,
como todo ser joven, a los sueños.

Más ahora ríe toda, arden sus colores
y en su cáliz asoma ya el dorado polen;
aprende a sentir el calor del mediodía
y, agotada, se inclina al lecho de hojas por la tarde.

Labios de mujer madura con sus bordes,
donde las líneas tiemblan por la edad ya presentida.
cálida florece al fin su risa, en cuyo fondo
amarga caducidad y hastío anidan.

Pero ya se ajan y reducen los pétalos,
ya cuelgan pesadamente sobre las semillas.
Palidecen los colores como espectros: el gran
secreto envuelve ya a la moribunda.

Autor del poema: Hermann Hesse

72.92%

votos positivos

Votos totales: 48

Comparte:

UN DESENGAÑO

En las riberas vagando
de la mar, las verdes olas
mira Argelina y contando
las horas que van pasando
vierte lágrimas a solas.

Sus lindos ojos de cielo
en el horizonte fija,
por ver si encuentra un consuelo
¡mas ay!, que es vano el anhelo
que su corazón cobija.

Su amante le dijo allí
desde su buque velero:
«Aguarda Argelina aquí:
Que si hoy dejarte prefiero,
mañana vendré por ti.»

Y entera la noche larga
que silenciosa corría
vio pasar; pero en su impía,
cruel desventura amarga
no vio que su bien volvía.

Y el día también llegó:
Mas fue que llegara en vano,
que el bien que ansiosa esperó,
consuelo del mal tirano,
por el mar no pareció.

Y allí todavía está
mirando a la mar movible,
por ver si la mar le da
lo que tal vez imposible
para Argelina será.

Y viendo al fin reducidas
sus esperanzas en nada,
viendo en el viento esparcidas,
las ilusiones perdidas,
su bienandanza frustrada;

mirando al bien que se aleja
con su fugitivo encanto,
dijo en tristísima queja:
«¿Por qué tan sola me deja,
cuando yo le amaba tanto?

¿Por qué si tras él corrí?
¿Por qué si hasta aquí llegué?
¿Por qué si tanto esperé
a verle más no volví?

¿No comprendió que sin él,
fuera un tormento mi vida,
donde guardara escondida
llena una copa de hiel?

¡Adiós, ventura de un día!
¡Adiós, delicia soñada,
donde he mirado estampada
toda la esperanza mía!

¡Ya nunca más te veré,
que el rudo penar que siento
me irá consumiendo lento,
y de dolor moriré!

¡Adiós, hermosa ribera
donde mi esperanza dejo
ya para siempre me alejo
de tu orilla placentera.

Mas si viniendo él aquí
oyeras su dulce canto,
contéstale, dile cuánto,
cuánto por él padecí!...»

Autor del poema: Rosalía de Castro

72.92%

votos positivos

Votos totales: 144

Comparte:

LA PARÁBOLA DEL JOVEN Y EL ANCIANO

Se alzó pues Abraham, cruzó los bosques.
Llevó consigo fuego y un cuchillo.
Y mientras caminaban ambos juntos,
preguntó así Isaac, el primogénito:
«Padre, veo que llevas hierro y fuego,
pero ¿el cordero para el sacrificio?».
Abraham ató al joven con cordajes
y construyó trincheras, parapetos…
Al sacar su cuchillo, de repente,
un ángel lo llamó del Cielo y dijo:
«Retira ya tu mano del muchacho,
no le hagas ningún daño. Hay un carnero
que es presa de ese arbusto por los cuernos;
ofrécelo mejor en sacrificio».

Pero el viejo rehusó, mató a su hijo
y, uno a uno, a los jóvenes de Europa.

Autor del poema: Wilfred Owen

72.92%

votos positivos

Votos totales: 48

Comparte:

YA HE PERDIDO

Ya he perdido mi figura,
ya se desnudó mi sangre,
casi un alma soy, parecen
mis venas rojo ramaje.

Mis pies sedientos no pueden,
no deben ir a buscarte,
quieren beber de la tierra
agua de olvido bastante,
para que mis corazones
en otoño se derramen,
cuando la brisa los mueva
y el huracán los arrastre.

Hojas del árbol caídas
que irán lejos a encontrarte.

Autor del poema: Manuel Altolaguirre

72.92%

votos positivos

Votos totales: 48

Comparte:

Desde el 3181 hasta el 50 de un total de 50 Poemas

Añade tus comentarios