64 Poemas de guerra 

MI HISTORIA DE LA GUERRA

Enviado por henrycv79  Seguir

LA TERNURA

Oh que lindo que se escucha
En noción de la dulzura
Con el alma entre las manos
Viene el amor se desnuda

Oh sentir de enamorado
Tan distante de mentiras
Que lo engañe el viento huraño
Lo aniquila, lo derriba

Las mañanas tan bonitas
Del caribe y sus paisaje
De mi tierra las orquídeas
Se las doy a tus pesares

Oh simpleza tan senciva
Tan humilde y tan confiada
Primer amor que ilumina
Un sueño que abre sus alas

Un cuento que en moraleja
Quiere convencer la luna
Diciéndole que la tierra
Por su pasión es que gira

Oh sapiencia de los tiempos
Eterno instinto del quiero
Que desconfía en silencio
Aunque esté amando por dentro

Recuerda que te conozco
Desde el día que empezaste
Soy quien te vistió de loto
¿Porque ese pálido lastre?

El amor es para siempre
La ternura es infinita
Y los momentos de impiéza
Solo te muestran cobarde
Si con trampas te confiesas
No hace premisas el padre

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MI HISTORIA DE LA GUERRA

Enviado por henrycv79  Seguir

SIN LASTIMAS

Estoy apresta a quedarme
Removiendo inspiración
Para sacar de tu adentro
La verdad de tu misión…

Y por cierto no has contado todo aquello
Que pasaste por las arcas de tu ejército
O tan solo son mentiras obsoletas
O es que quieres inquirir a capa suelta
Que te crea solo porque tú lo cuentas…

Has dicho de unos momentos
Disque de mucho dolor
Y que me amabas y que eso
Te hizo vivir en misión
Si es verdad lo que me cuentas
Dime no más que pasó…

Pon cuidado ya que por fin veo que giras
De lo duro a un poquito de nobleza
Pues la vida del soldado es muy estricta
Se la pasa entre designios y proezas…

Sin tiempo para el descanso
Sin amores sin amigos
Yendo a lugares extraños
Buscando desconocidos
Quitando vidas a diario
Sin tener claro motivo…

Pero así pase los días inhumanos
Unos rojos otros grises ya pasaron
De consuelo mi fortuna aquí me tienes
A tu gusto comencemos desde nuevo…

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CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

Autor del poema: Miguel Hernández

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EL CENTINELA

Hallamos un refugio de los boches.
Nos dio mucho trabajo: los cañones
lo rozaban de cerca, sin darle una de lleno.
En cascadas de fango la lluvia, hora tras hora,
llevaba la crecida hasta nuestra cintura
y hacía impracticable la escalera.
El aire que quedaba adentro era apestoso,
amargo como el humo y el olor de los hombres
que allí habían vivido dejando su destino
o su cuerpo.
Y allí nos refugiamos de las bombas
hasta que al fin dio con nosotros una
que apagó nuestro aliento y las velas. Después,
tropezando en el fango y su diluvio,
cayó por la escalera el cuerpo inerte
del centinela, y luego el rifle, algunos restos
de viejas bombas alemanas y más barro.
Lo dábamos por muerto hasta que habló:
«¡Señor, mis ojos! ¡Estoy ciego, ciego!».
Lo calmé y encendí el mechero ante sus ojos,
dije que si veía algún atisbo
de luz, no estaba ciego; era cuestión de tiempo.
«Nada», gemía. Y esos ojos como platos
todavía me miran en mis sueños.
Lo dejé allí, pedí unas parihuelas
y seguí a trompicones a otro puesto
y otra misión, bajo el aullido de aquel aire.
Aquellos pobres que sangraban, vomitaban,
o aquel otro que prefería haberse ahogado…
Intento ya no recordarlos nunca.
Pero por esta vez dejemos que el horror regrese:
escuchando los golpes y sollozos
y el rechinar salvaje de sus dientes
cuando las explosiones golpeaban sobre el techo
y el aire del refugio, al centinela
lo oímos a través de aquel estruendo:
«¡Veo una luz!». Pero la mía estaba ya apagada.

Autor del poema: Wilfred Owen

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DISCAPACITADO

En su silla de ruedas esperaba la noche,
tembloroso en su obsceno traje gris
cortado por los codos y sin piernas.
Las voces de los chicos, como un himno,
corrían en sus juegos por la tarde
hasta que el sueño fue alejándolos.

La ciudad, a esa hora, solía estar alegre:
florecían las lámparas en los azules árboles
y, en esa tenue luz, las chicas sonreían.
Aquellos viejos tiempos, cuando aún tenía piernas…
Ya nunca sentirá qué fina es la cintura
de una muchacha, ni qué cálida su mano.
Todo el mundo lo toca como un desecho obsceno.

Hace tan sólo un año él era un joven
de rostro aún más joven y más tonto.
Ahora es un anciano. Su espalda no se dobla
y ha perdido su sangre en un lugar lejano,
la ha vertido en los cráteres hasta secar sus venas.
La mitad de su vida la pasó en la carrera
y en el chorro rojizo que brotaba del muslo.

Esa sangre en su pierna, al ser llevado a hombros
después de un buen partido, le gustó en una época.
Un día, tras el fútbol, bebiéndose una pinta,
se decidió a alistarse. Aún no sabe por qué.
Creyó que en kilt parecería un dios.
También lo hizo quizá por complacer
a su chica, eso es, a las muchachas.
Por eso se alistó. No tuvo que insistir
con su mentira: «Diecinueve», escribieron.

No pensó en alemanes ni en austríacos,
le daba igual su culpa. Aún no tenía
miedo al miedo: pensó en las ricas joyas
de las empuñaduras de una daga,
en el marcial saludo, el cuidad de un rifle,
los permisos, las pagas, los ingenuos reclutas.
Lo llamaron a filas con tambores y vítores.

Algunos celebraron su regreso,
pero no con el gozo con que se canta un gol.
Uno le dio las gracias, le preguntó por su alma.

Ahora pasará seis años de hospitales,
hará cuanto las normas establecen
y aceptará la compasión que toque en suerte.
Hoy ha advertido cómo los ojos de las chicas
lo abandonaban por los hombres completos.
Es tarde y hace frío. ¿Por qué tardan
en venir a acostarle? ¿Por qué tardan?

Autor del poema: Wilfred Owen

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MI HISTORIA EN LA GUERRA

Enviado por henrycv79  Seguir

¿LO SABIAS?

Fortuna ya no te espero
A brazos sueltos tendidos
Pero te digo mis cosas
Pues hemos sido amigos
Y aunque ya tú no me creas
Escucha lo que hoy yo digo

Nací de unos padres buenos
En la orillas de un rio
Donde de niño el consuelo
Eran los cantos tardíos
Melodías que las aves
Daban gratis con sus trinos

Por allá en aquellos campos
Donde el tiempo no ha pasado
Un mundo olvidado pero alegre
Donde el vino es el viche, de mi gente

Donde se oye la marimba y el tumbao
Y se canta a capela el currulao
Esa tierra donde se come pescado
Al sonar de las olas en el bajo

De allá un día yo salí cual papachina
De la mata de una dama enamorada
Yo si siento esas cosquillas por la vida
Soy humilde desde mi alma apasionada

No son ruegos, es verdad
Yo soy leal a quien quiero
No puedes siquiera dar
Una esperanza a mi ruego.


LA ABSTENCIÓN

Iba a decirte una cosa
Ya que me cuentas lo tuyo
Sin habértelo pedido
Es que la lastima asoma
Ya cuando hablas del pasado
Si en verdad estas con migo
¿Entonce porque has fallado?

Te amaba así con tus cosas
Esa fortuna que anhelas
Y viene de aquellas costas
Donde el mar en playas suena
Y ya sabrás la respuesta
Que da la naturaleza

Allá lo hermoso del cielo
Se junta con la marea
En atardeceres rojos
Llenos de brisa somera
Creciste en el paraíso
Deja el orgullo y acepta

Decidme que el tiburón no se comió a la tortuga
Cuando sus huevos dejó
Bajo la luz de la luna

Huerfanita quede yo
Buscándote taciturna
Iba a decir que te amo
Pero eso dije insegura
Perdida en el viento aquel
Que hace dormir en la arena

Hoy cuentas tus travesuras
Tus intrigas, tus estancias
Pero no miras las vidas
Que dejastes en la espalda
Te fuiste de guerra un día
Buscando disque aventura
Y ya tu forma no cambia…

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Enviado por henrycv79  Seguir

EL CIENTO

Entendió mi pensamiento
Pero es del corazón
Es que estos remordimientos
Tan solo los digna Dios
Yo en orgullo no te ruego
Ni si quiera lloraría
Pero la humildad reclama
Insisto no es cosa mía

Fortuna cuando me amabas
Eran bonitos los días
El sol más suave irradiaba
Los vientos bien se sentían
Y este trovador que hoy llora
Cantos bonitos decía

Recuerdo que yo te vi
Cuando los sueños Vivían
En un cuerpo de inocente
Que apenas luces veía
Y ya tú estabas tan linda
Aunque no lo percibías

Yo fui el tentador primero
El zorro que estuvo al día
Que brotaran los polluelos
Que la gallina tendría
Y recoger su alimento
Su más bonita osadía
Robarle a ese jardinero
Y tu alcahueta fortuna

Creías en mi esperanza
Jugábamos no te olvides
Y prometíamos juntos
Afortunados un día
Paseándonos abrazados
La fortuna que seria
Porque no apresas el odio
El orgullo y la abstinencia
Acaso ya no hay esencia
De esos preciosos momentos...

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Enviado por henrycv79  Seguir

EL TEOREMA

Impensado lo que escucho
Detestable que es la duda
Cuando es tan sincero el verbo
Que funda la vida misma

Solo con pensarlo crea
Brota de tierra semilla
Pero triste que no crezca
¿Dime porque se marchita?
Ante ese calor intenso
Que irradias fortuna mía

Ahora resulta que soy
Un teorema de mentiras
Cuando fue gracias a dios
Que hoy vengo a verte mi vida

Te traje esas florecitas
Y esos besitos que un día
Dejamos bien sembraditos
Allá es ese jardincito
Donde están nuestros momentos
Por si ya no lo sabias

Solo tenía que decirte
Porque si no lo hago acabo
Así como acaba el chiste
Cuando no fue bien contado

Yo siento que no ha pasado
Ese tiempo que tu enlías
En mí adentro siempre ha estado
El verso y la poesía

El amarte oh mi fortuna
Siempre alegraron mis sueños
Es eso que me ha traído
A este preciso momento
Entonces ya ven a mí
Abrázame yo te quiero.

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Enviado por henrycv79  Seguir

LA LASTIMA

El que dice lo que siente
Y lo acomoda al vivir
No es muy claro de creerle
O es un sabio di que si

Ud no cree fortuna al verme
Despojado en mí sentir
Que te cuento de mi suerte
De mis noches sin dormir
De mi tiempo ten presente
A mitad quise vivir
En la hamaca me acostaba
Sin espíritu el en ti

No lo sabes y lo entiendo
Y de lastimas no vivo
Solo decirle al incrédulo
Que Dios si existe confío

Voy a seguir adelante
Así entre burlas tú sigas
Que mi destino es amarte
Y buscar tu compañía

Las batallas no cesaban
Tampoco el trajín mi vida
Del norte al sur me paseaba
Y por ti sobrevivía
Fortuna deja las chanzas
Créeme que no son liras

Son como ecos de morteros
Que el tiempo dispara inquieto
Y explota en los sentimientos
De quien siente amor intenso
Fortuna por eso espero
Poder seguir adelante
Para que al final del cuento
Creas y dejes que te ame


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Enviado por henrycv79  Seguir

RE EMPECEMOS

Retoquen duro campanas
Que vienen las cabalgatas
Preparen las alabardas
Para empezar la regata

El dicho no es más que historia
De batallas indolentes
Donde pasaban a gloria
Verdaderos combatientes

Re empecemos la maniobra
No me distraigas te digo
Fortuna a eso no se juega
Es brutal y sin testigos

Allá es donde entiende el hombre
El valor del nacimiento
Poniendo al filo su nombre
Frente de otros guerreros

Lucha pues a sangre y fuego
Guaviare no me has mentido
Muchos tu tierra besaron
Con los ojos abatidos

Tremendo cruce de balas
En el cerro san José
Un cabo que herido estaba
Y un amigo que se fue

Fortuna querías saber
Mi guerra ya te la cuento
Sentía de veras placer
Disparando mi buen yerro

De eso quedan las noches
Donde no puedo dormir
Porque se vienen a flote
Tal pesadilla sin fin…


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