33 Poemas de mujeres 

A MADONA

Aquí a tus pies lanzada, pecadora,
contra tu tierra azul, mi cara oscura,
tú, virgen entre ejércitos de palmas
que no encanecen como los humanos.

No me atrevo a mirar tus ojos puros
ni a tocarte la mano milagrosa;
miro hacia atrás y un río de lujurias
me ladra contra tí, sin Culpa Alzada.

Una pequeña rama verdecida
en tu orla pongo con humilde intento
de pecar menos, por tu fina gracia,

ya que vivir cortada de tu sombra
posible no me fue, que me cegaste
cuando nacida con tus hierros bravos.

Autor del poema: Alfonsina Storni

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HIMNO A LA CLARIDAD

A cambio de mi vida nada acepto.
¿Qué se puede ofrecer que valga más
que el calor de la llama, que la espiga
convocada a ser grano, que la noche
que dentro ya contiene el joven día?

Escucho mis pisadas sobre el suelo.
A lo lejos, alguien también las oye.
Tañido lastimero de campanas
en su oído. Eco de brasas tiernas
en el mío, que todavía es temprano
y en el cuerpo palpita el pulso errante.

Me pongo por testigo en esta hora,
cuando la lluvia lava más que riega
y los libros liberan más que nutren.

¿A qué esperáis? Encended los caminos,
que empapen bien los ojos. Recorredlos
mientras haya una lumbre en los pulmones,
mientras un niño aguarde su ocasión
de convertirse en hombre, mientras verbos
de orígenes distantes desemboquen
en una voz unida, mientras reinen
las noches que nos prenden, abrazad
el destello arcilloso de la tierra
que es nuestro hogar común,
el verdadero.

A cambio de mi vida nada acepto,
aunque sepa -y bien que eso me duele-
que no siempre es el justo el encumbrado.
La luz es un oficio fugitivo,
impenitente en su aversión al óxido.

Aun así, yo me aferro a esta urdimbre,
a esta pila de huesos que me suman,
a este rayo en proceso, presentido
en su persecución de lo inefable.
La profecía acampa frente al cielo
con los párpados tersos y se afana
en avanzar en base a lo avanzado.

Que nada nos detenga. La llamada
del infinito debe obedecerse.
Soberana inquietud que nos animas,
enséñanos a merecer el néctar
de estos días que nos tocan. Muéstranos
un modo de luchar contra el vacío
de este dulce interludio. Que la fe
en la alegría posible no abandone
ni la razón despierta ni el recuerdo.

Sé que tengo sentido porque vivo,
y sé que no hay dolor ni menoscabo
que puedan inmolar esta fortuna
de ser en el presente, de existir,
de sentirme el orfebre del instante.

Yo soy mi propio riesgo. Doy por cierta
la sed de infinitud que me espolea.
Ante el placer de respirar me postro.

No hay verdad más profunda que la vida.

Autor del poema: Raquel Lanseros

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LOS HOMBRES

Cuando era joven, tenía la costumbre de mirar
detrás de las cortinas
a los hombres que iban y venían por la calle. Hombres viejos, borrachos.
Hombres jóvenes, más ácidos que la mostaza.
Los veía. Los hombres siempre
están yendo a alguna parte.
Ellos sabían que yo estaba ahí. Con quince
años, y famélica.
Se paraban debajo de mi ventana
con los hombros en alto, como los
pechos de una adolescente,
y la cola del traje palmeándoles
las nalgas,
los hombres.

Un día te toman con delicadeza
entre sus manos, como si
fueras el último huevo crudo de la tierra. Después
aprietan. Un poquito nomás. El
primer estrujón es agradable. Un abrazo rápido.
Suaves hasta tu indefensión. Un poquito
más. Y empieza a doler. Te arrancan una
sonrisa que patina en el miedo. Cuando
se acaba el aire,
el cerebro te explota, estalla breve y feroz
como la cabeza de un fósforo. Hecho trizas.
Es tu jugo
el que baja por sus piernas. Manchándoles los zapatos.
Mientras la tierra vuelve a enderezarse
y el gusto trata de retornar a la lengua,
tu cuerpo ya se cerró. Para siempre.
No existen llaves.

Después la ventana se cierra toda sobre
tu mente. Ahí, detrás
del oscilar de las cortinas, caminan los hombres.
Sabiendo algo.
Yendo a alguna parte.
Pero esta vez, nada más voy a
pararme y mirar.

A lo mejor.

Autor del poema: Maya Angelou

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Es el juego de saber enamorar

Enviado por vagoempedernido  Seguir

Princesa tu que amaste,
Te entregaste sin pensar.
Te envolviste en los brazos
De un Don Juan.

Y con miedo de perder al amor
Cambiaste la razón por una emoción.
Mientras que para él,
Solo eras una ficha más en su colección.

Para él, amar es un juego de azar
Jugó contigo hasta no poder más.
Y ahora tu mejor jugada
Es no estar enamorada.

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LA SORTIJA

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.
Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.

Autor del poema: Emily Dickinson

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LOS BAILES NOCTURNOS

Cayó una sonrisa en la hierba.
¡Irrecuperable!

¿Y cómo tus bailes nocturnos
van a perderse? ¿En las matemáticas?

Tales brincos y espirales puros…
De cierto que recorren

el mundo para siempre; pero no quedaré
enteramente vacía de bellezas: el don

de tu pequeño aliento; el olor
a hierba empapada de tus dormires -azucenas, azucenas.

Incomparable es tu carne.
Fríos pliegues de ego: la cala

y la tigridia, que va embelleciéndose…
Manchas – y una expansión de pétalos calientes.

Los cometas
tienen tanto espacio que recorrer,

tanta frialdad, tanto olvido.
Así se pulverizan tus gestos:

cálidos y humanos; luego su luz rosada
que sangra y se desuella

al pasar por las negras amnesias del cielo.
¿Por qué me son dados

esas luminarias, esos planetas,
que caen como bendiciones, como copos

hexagonales, blancos,
en mis ojos, mis labios, mi cabello

derritiéndose al contacto?
En ninguna parte

Autor del poema: Sylvia Plath

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MORIR NO DUELE MUCHO

Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:

La costumbre del sur, cuando los pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:

Los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,
brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.

Autor del poema: Emily Dickinson

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SÚPLICA

Por hoy
dame la mano
para engañarme

Dame tu cuerpo
para saciar mi sed

Por hoy
sólo por hoy
enséñame a mentir
como te mientes
cuando repites

que únicamente el vuelo
de un ave migratoria
te une a mí

Autor del poema: María Clara González

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AL DESPERTAR

Al despertar
uno se vuelve
al que era
al que tiene
el nombre con que nos llaman,
al despertar
uno se vuelve
seguro,
sin pérdida,
al uno mismo
al uno solo
recordando
lo que olvidan
el tigre
la paloma
en su dulce despertar.

Autor del poema: Fina García Marruz

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ITALIA

En Roma,
la Madona.

En Florencia,
la Doncella.

La Pasión,
en Venecia.

Amica mea.

Autor del poema: Fina García Marruz

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