35 Poemas de mujeres 

A MADONA

Aquí a tus pies lanzada, pecadora,
contra tu tierra azul, mi cara oscura,
tú, virgen entre ejércitos de palmas
que no encanecen como los humanos.

No me atrevo a mirar tus ojos puros
ni a tocarte la mano milagrosa;
miro hacia atrás y un río de lujurias
me ladra contra tí, sin Culpa Alzada.

Una pequeña rama verdecida
en tu orla pongo con humilde intento
de pecar menos, por tu fina gracia,

ya que vivir cortada de tu sombra
posible no me fue, que me cegaste
cuando nacida con tus hierros bravos.

Autor del poema: Alfonsina Storni

78.26%

votos positivos

Votos totales: 23

Comparte:

A PROPÓSITO DE EROS

De todas las terrenas servidumbres
que aprisionan mi afán en esta cárcel
me confieso deudora de la carne
y de todos sus íntimos vaivenes
que me hacen más feliz
y menos libre.

A veces, sin embargo,
la esclavitud se muestra soberana
y me siento señora del destino.

Porque sé amar, porque probé la fruta
y no maldije nunca su sabor agridulce,
porque puedo ofrecer mi corazón intacto
si el camino se digna requerirlo,
porque resisto en pie, con humilde firmeza,
el rigor de este fuego que enloquece.

En este fragor mudo en el que todos somos
rufianes, vagabundos, desposeídos y presos
no existen vencedores ni vencidos
y mañana no arrienda la ganancia de ayer.

Que no entre en la batalla quien sucumba
ante el rencor pequeño de las humillaciones.

Sabed, son necesarias descomunales dosis
de grandeza de espíritu y coraje
en las lides calladas de la pasión humana.

La recompensa, en cambio, es sustanciosa.

Ser súbdito tan sólo de la naturaleza,
no temer a la muerte ni al olvido,
no aceptarle a la vida una limosna,
no conformarse con menos que todo.

Autor del poema: Raquel Lanseros

78.05%

votos positivos

Votos totales: 41

Comparte:

SER RÍO SIN PECES

Ser de río sin peces, esto he sido.
Y revestida voy de espuma y hielo.
Ahogado y roto llevo todo el cielo
y el árbol se me entrega malherido.

A dos orillas del dolor uncido
va mi caudal a un mar de desconsuelo.
La garza de su estero es alto vuelo
y adiós y breve sol desvanecido.

Para morir sin canto, ciego, avanza
mordido de vacío y de añoranza.
Ay, pero a veces hondo y sosegado
se detiene bajo una sombra pura.
Se detiene y recibe la hermosura
con un leve temblor maravillado.

Autor del poema: Rosario Castellanos

77.50%

votos positivos

Votos totales: 480

Comparte:

HIMNO A LA CLARIDAD

A cambio de mi vida nada acepto.
¿Qué se puede ofrecer que valga más
que el calor de la llama, que la espiga
convocada a ser grano, que la noche
que dentro ya contiene el joven día?

Escucho mis pisadas sobre el suelo.
A lo lejos, alguien también las oye.
Tañido lastimero de campanas
en su oído. Eco de brasas tiernas
en el mío, que todavía es temprano
y en el cuerpo palpita el pulso errante.

Me pongo por testigo en esta hora,
cuando la lluvia lava más que riega
y los libros liberan más que nutren.

¿A qué esperáis? Encended los caminos,
que empapen bien los ojos. Recorredlos
mientras haya una lumbre en los pulmones,
mientras un niño aguarde su ocasión
de convertirse en hombre, mientras verbos
de orígenes distantes desemboquen
en una voz unida, mientras reinen
las noches que nos prenden, abrazad
el destello arcilloso de la tierra
que es nuestro hogar común,
el verdadero.

A cambio de mi vida nada acepto,
aunque sepa -y bien que eso me duele-
que no siempre es el justo el encumbrado.
La luz es un oficio fugitivo,
impenitente en su aversión al óxido.

Aun así, yo me aferro a esta urdimbre,
a esta pila de huesos que me suman,
a este rayo en proceso, presentido
en su persecución de lo inefable.
La profecía acampa frente al cielo
con los párpados tersos y se afana
en avanzar en base a lo avanzado.

Que nada nos detenga. La llamada
del infinito debe obedecerse.
Soberana inquietud que nos animas,
enséñanos a merecer el néctar
de estos días que nos tocan. Muéstranos
un modo de luchar contra el vacío
de este dulce interludio. Que la fe
en la alegría posible no abandone
ni la razón despierta ni el recuerdo.

Sé que tengo sentido porque vivo,
y sé que no hay dolor ni menoscabo
que puedan inmolar esta fortuna
de ser en el presente, de existir,
de sentirme el orfebre del instante.

Yo soy mi propio riesgo. Doy por cierta
la sed de infinitud que me espolea.
Ante el placer de respirar me postro.

No hay verdad más profunda que la vida.

Autor del poema: Raquel Lanseros

76.67%

votos positivos

Votos totales: 30

Comparte:

LA SORTIJA

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.
Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.

Autor del poema: Emily Dickinson

76.15%

votos positivos

Votos totales: 218

Comparte:

Es el juego de saber enamorar

Enviado por vagoempedernido  Seguir

Princesa tu que amaste,
Te entregaste sin pensar.
Te envolviste en los brazos
De un Don Juan.

Y con miedo de perder al amor
Cambiaste la razón por una emoción.
Mientras que para él,
Solo eras una ficha más en su colección.

Para él, amar es un juego de azar
Jugó contigo hasta no poder más.
Y ahora tu mejor jugada
Es no estar enamorada.

75.00%

votos positivos

Votos totales: 8

Comparte:

CHIQUITINA

Chiquitina.
Encogida y en posición fetal,
ensayando la salida a una vida
cuando muchos querían de mí el aborto.
Absorto en su cálculo sobre a cuántos niños tiene que asustar,
el monstruo se ha quedado dormido.
Pido,
si no es mucho,
extender los dedos sin que nadie me los corte antes.
Ya no sé quién soy,
perdí mis huellas dactilares poniendo la mano en el fuego por
personas que no
merecían la pena.
A veces tampoco quiero saber quién soy
y me emborracho hasta escupir
una saliva que parece gasolina.
Me imagino sus manos aterrizando en mi piel,
como cerillas encendiéndose
y veo volar todo por los aires.
Qué cosas es capaz de hacer una niña,
una anciana agotada,
para poder volar.
Me he volado la cabeza,
y me he imaginado a la pena después
utilizando mis sesos como peonzas.
Ahora entiendo el:
«Deja de darle vueltas».
Quiero bajarme de esta montaña rusa,
de esta montaña sin vistas,
de esta cima sin nieve.
Quién habrá sido el adulto que se haya esnifado sus nevadas
cúpulas,
en qué sucio baño.
Nunca he entendido por qué algunos juegos vienen con
instrucciones,
algunas personas te imponen sus leyes
o el motivo por el que no puedes quebrantar sus normas.
A ellos les diré la única que yo sigo:
despiertas,
naces,
amas,
amas,
amas
y mueres.

Autor del poema: Loreto Sesma

75.00%

votos positivos

Votos totales: 24

Comparte:

CAMBIÓ PROTECCIÓN DE SU VARÓN POR...

Enviado por 7521gsv  Seguir

Cambió protección de su varón,
por estabilidades a destiempo,
Se manifiesta el instinto primitivo
del macho dominante de urgente
necesidad. Pasiones para ella, feromonas de intercambio,
motivos contrastados de comportamientos aleatorios,
sustentados por la ciencia de la anatomía desde el entorno cavernícola de un Homo Sapiens
online. Exento de la responsabilidad que le otorga la ignorancia de la manada y el beneplácito
del estado virtual.

75.00%

votos positivos

Votos totales: 4

Comparte:

LA HORA

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.

Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida aprisa.

Después..., ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo,
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?

Autor del poema: Juana de Ibarbourou

72.73%

votos positivos

Votos totales: 11

Comparte:

MORIR NO DUELE MUCHO

Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:

La costumbre del sur, cuando los pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:

Los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,
brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.

Autor del poema: Emily Dickinson

70.84%

votos positivos

Votos totales: 1468

Comparte:

Desde el 21 hasta el 30 de un total de 35 Poemas de mujeres

Añade tus comentarios