44 Poemas de dolor 

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por ti...

Enviado por vmkln_1423  Seguir

conversaciones infinitas en mi cabeza,
el dolor rondando mi habitacion,
la soledad de mi mano,
las iluciones que me creaste me consumian,
el miedo que me dejaste me abraza,
las inseguridades acompañandome cada noche,
la tristeza siendo mi toalla de lagrimas.
¿y tu? ¿donde estas? ¿a donde te fuiste?
¿por que me diste todo esto en la caja que
tenias en tu escritorio? ¿no te ame lo
suficiente? ¿fue tan mala como para que me
dieras todo esto? ¿no estuve en tus peores
momentos? ¿no llore por ti lo suficiente?
¿Por que no te quedaste a mi lado...?

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De menos

Enviado por nelodifer  Seguir

Echo de menos estar dias sin dormir por ciudarte.
Echo de menos tu olor.
Echo de menos el sonido de tus pisadas por la casa.
Echo de menos tus ronquidos.
Echo de menos como me hacías reír, reír de verdad.
Echo de menos como me hacías sentir.
Echo de menos la felicidad que traías a mi vida.

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¿Qué parte de mí leyó el demonio?

Enviado por amoo  Seguir

¿Dónde empieza el miedo
cuando el libro se abre?
¿En la página o en el pecho?
¿En la letra que no sale
o en la mirada que espera
como quien castiga sin tocar?

Mi angelito, decía la portada,
con dibujos que parecían rezar.
Pero yo no rezaba.
Yo me preparaba.

¿Puede un libro tener dientes?
¿Puede la promesa suave tener filo?
Cada tarde, a las tres,
el conjuro comenzaba:
la “r” se volvía trampa,
la lengua, traición,
y el cuerpo, altar del error.

El miedo no gritaba.
Se instalaba en el estómago
como un huésped educado
que no pide nada
pero lo consume todo.

¿Quién decidió que aprender dolía?
¿Quién convirtió la lectura
en ceremonia de juicio?

La silla sabía.
La pared marfil también.
Ambas me sostenían
como quien acompaña
sin intervenir.

Yo era niña,
pero ya sabía leer el peligro
en el silencio entre palabras.

¿Y si el demonio no era invocado,
sino enseñado?
¿Y si el libro no era objeto,
sino espejo
de una pedagogía que castiga
cuando el cuerpo no obedece?

Hoy lo abro de nuevo,
no para repetir el conjuro,
sino para preguntarle:

¿Qué parte de mí leíste mal?
¿Por qué tu caricia fingida me dolía?
¿Y por qué, aún hoy,
mi cuerpo recuerda
cada página como si fuera piel?

Autor: Norma Cecilia Acosta Manzanares.
Derechos reservados

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ME DUELE, LO SIENTO

Enviado por chofiss  Seguir

¡Auch!

Me raspé la rodilla...
Y me duele,
POR QUE CAÍ CONTRA UNA PIEDRA

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