44 Poemas a la madre 

MATERNIDAD

Un arrullo de sangre por las venas.
Un cansancio de luz en las pupilas,
un escozor de ala en las axilas
y en la carne un preludio de azucenas.

Un lento madurar de horas y penas,
sordo río de noches intranquilas,
y en el simple silencio en que te exilias,
buscar los senos y encontrar colmenas.

Sentir más cerca la razón del nido.
Pulsar toda la espera en un latido,
analizar la curva en las corolas,

y escuchar que tu angustia se convierte
en un llanto que triunfa de la muerte
sobre un encendimiento de amapolas.

Autor del poema: Jorge Robledo Ortiz

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MATERNIDAD

Mujer: en un silencio que me sabrá a ternura,
durante nueve lunas crecerá tu cintura;
y en el mes de la siega tendrás color de espiga,
vestirás simplemente y andarás con fatiga.

-El hueco de tu almohada tendrá un olor a nido,
y a vino derramado nuestro mantel tendido-,
Si mi mano te toca,
tu voz, con vergüenza, se romperá en tu boca
lo mismo que una copa.
El cielo de tus ojos será un cielo nublado.
Tu cuerpo todo entero, como un vaso rajado
que pierde un agua limpia. Tu mirada un rocío.
Tu sonrisa la sombra de un pájaro en el río...

Y un día, un dulce día, quizá un día de fiesta
para el hombre de pala y la mujer de cesta;
el día que las madres y la recié;n casadas
vienen por los caminos a las mismas cantadas;
el día que la moza luce su cara fresca,
y el cargador no carga, y el pescador no pesca...
-tal vez el sol deslumbre; quizá la luna grata
tenga catorce noches y espolvoree plata
sobre la paz del monte; tal vez el villaje
llueva calladamente; quizá yo esté; de viaje...-
Un día un dulce día con manso sufrimiento,
te romperás cargada como una rama al viento,
y será el regocijo.
de besarte las manos, y de hallar en el hijo
tu misma frente simple, tu boca, tu mirada,
y un poco de mis ojos, un poco, casi nada...

Autor del poema: Gracia Plena

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PARA MAMA

Enviado por pedriarroe2001  Seguir

Ella me dió su vida;
me dió su amor
y yo se lo pago con
el corazón

Cuando me levanto
pienso a cada instante
lo bello y lo hermoso que
es tener una madre

Tener una madre es
un paraiso que el eterno
ha hecho con creatividad
para estar con ella
por toda una vida y
disfrutar con ella hasta
la eternidad

Quiero que sepas que
en este momento yo
sigo aplicando todos
los sentimientos que
tú me enseñaste
siendo tan pequeño
y ahora que estoy joven
quiero que supieses
que aunque este tan grande
mi amor por tí es tan grande
a cada instante que daria hasta
la vida por tí mamá...
TE AMO.
(Clara Echeverri)

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Te amo mamá

Enviado por amen  Seguir

Eres lo mejor que yo tengo en la vida si Dios te aparta de mi yo no se que haría tal vez loco yo me volvería pero en mis sueños yo mucho te abrasaría

Y aunque me dijiste que no llorara en tu funeral sabes que aunque fuera un robot no lo iba lograr y es que yo también tengo sentimientos y llevo un corazón por dentro

Y es que quiero que me entiendas perdón yo te pido y a Dios yo lo tengo
de testigo el a mi me ama como yo a ti y en verdad comprende que me arrepentí

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RECUERDOS

Se oprime el corazón al recordarte,
Madre, mi único bien, mi dulce encanto;
Se oprime el corazón y se me parte,
Y me abrasa los párpados el llanto.

Lejos de ti y en la orfandad, proscrito,
Verte nomás en mi delirio anhelo;
Como anhela el presito
Ver los fulgores del perdido cielo.

¡Cuánto tiempo, mi madre, ha transcurrido
Desde ese día en que la negra suerte
Nos separó cruel!... ¡Tanto he sufrido
Desde entonces, oh Dios, tanto he perdido,
Que siento helar mi corazón de muerte!

¿No lloras tú también ¡oh madre mía!
Al recordarme, al recordar el día
En que te dije adiós, cuando en tus brazos
Sollozaba infeliz al separarme,
Y con el seno herido hecho pedazos,
Aun balbucí tu nombre al alejarme?

Debiste llorar mucho. Yo era niño
Y comencé a sufrir, porque al perderte
Perdí la dicha del primer cariño.
Después, cuando en la noche solitaria
Te busqué para orar, sólo vi el cielo,
Al murmurar mi tímida plegaria,
Mi profundo y callado desconsuelo.

Era una noche obscura y silenciosa,
Sólo cantaba el búho en la montaña;
Sólo gemía el viento en la espadaña
De la llanura triste y cenagosa.
Debajo de una encina corpulenta
Inmóvil entonces me postré de hinojos,
Y mi frente incliné calenturienta.

¡Oh! ¡cuánto pensé en ti llenos los ojos
de lágrimas amargas! ... la existencia.
Fue ya un martirio, y erial de abrojos
El sendero del mundo con tu ausencia.

Mi niñez pasó pronto, y se llevaba
Mis dulces ilusiones una a una;
No pudieron vivir, no me inspiraba
El dulce amor que protegió mi cuna.
Vino después la juventud insana,
Pero me halló doliente caminando
Lánguido en pos de la vejez temprana,
Y las marchitas flores deshojando
Nacidas al albor de mi mañana.

Nada gocé; mi fe ya está perdida;
El mundo es para mí triste desierto;
Se extingue ya la lumbre de mi vida,
Y el corazón, antes feliz, ha muerto.

Me agito en la orfandad, busco un abrigo
Donde encontrar la dicha, la ternura
De los primeros días; ni un amigo
Quiere partir mi negra desventura.
Todo miro al través del desconsuelo;
Y ni me alivia en mi dolor profundo
El loco goce que me ofrece el mundo,
Ni la esperanza que sonríe en el cielo.

Abordo ya la tumba, madre mía,
Me mata ya el dolor... voy a perderte,
Y el pobre ser que acariciaste un día
¡Presa será temprano de la muerte!

Cuando te dije adiós, era yo niño:
Diez años hace ya; mi triste alma
Aún siente revivir su antigua calma
Al recordar tu celestial cariño.

Era yo bueno entonces, y mi frente
Muy tersa aún tu ósculo encontraba...
Hace años, de dolor la reja ardiente
Allí dos surcos sin piedad trazaba.

Envejecí en la juventud, señora;
Que la vejez enferma se adelanta,
Cuando temprano en el dolor se llora,
Cuando temprano el mundo desencanta,
Y el iris de la fe se descolora.

Cuando contemplo en el confín del cielo,
En la mano apoyando la mejilla,
Mis montañas azules, esa sierra
Que apenas a vislumbrar mi vista alcanza,
Dios me manda el consuelo,
Y renace mi férvida esperanza,
Y me inclino doblando la rodilla,
Y adoro desde aquí la hermosa tierra
De las altas palmeras y manglares,
De las aves hermosas, de las flores,
De los bravos torrentes bramadores,
Y de los anchos ríos como mares,
Y de la brisa tibia y perfumada
Do tu cabaña está mujer amada.

Ya te veré muy pronto madre mía;
Ya te veré muy pronto, ¡Dios lo quiera!
Y oraremos humildes ese día
Junto a la cruz de la montaña umbría,
Como en los años de mi edad primera.
Olvidaré el furor de mis pasiones.
Me volverán rientes una a una
De la niñez las dulces ilusiones,
El pobre techo que abrigó mi cuna.
Reclinaré en tu hombro mi cabeza
Escucharás mis quejas de quebranto,
Velarás en mis horas de tristeza
Y enjugarás las gotas de mi llanto.

Huirán mi duda, mi doliente anhelo.
Recuerdos de mi vida desdichada;
Que allí estarás, ¡oh ángel de consuelo!
Pobre madre infeliz... ¡madre adorada!.

Autor del poema: Ignacio Manuel Altamirano

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Alma Guerrera

Enviado por glass43  Seguir

Dentro de ti,
estoy segura de ello,
que laten las ganas,
pero pesan las excusas sin sentido,
prevalecen los para qué,
porque sabes que tienes alma de artista,
alma guerrera y luchadora,
un alma que anhela vivir una vida nueva,
o una vida soñada
desde mucho tiempo atrás,
pero que te cortaron las alas
nada más despegar. 

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Mi mamita

Enviado por penelopo2  Seguir

Me mantiene vivo tu amor
Abro los ojos por ti
Camino porque me acompañas
Asi opera tu amor en mi.
Soy un inutil si me faltas
me cambias hasta la ropa
eliges el color que quiero
Si tomo toda la sopa
Hoy cumplo 30 y ya vez
Ya no soy tu chiquitito
Mamá dejame crecer!!!
Quiero ir al baño solito!!!
J.R

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Aún

Enviado por jordi  Seguir

Desde tu vientre hasta mi muerte,
y para mi "aún" no es suficiente.

Del amor que me has entregado,
"aún" no soy consciente.

Tarde será el día que me arrepienta,
por eso perdóname madre, sin saber "aún" por qué.

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Madre

Enviado por liliana007  Seguir

Yo pensaba que todo era perfecto que nunca te apartarían de mi lado .
Que será de mi ,quien me amará,como tú me has amado quien me vio a mí, quien cuidará de mí.
Que será de mí.
No me la apartes de mí,solo soy un niño que no tendrá amor de mamá .
Quien eres ,quien eres para arrancarme así de mí.
Si sabes que es de todo para mí .
Mi vida sin su vida no hay vida .
Autor :Alexánder Núñez

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LA MEJOR MADRE

Donde el Rhin, escondido entre la bruma,
Más sus cristales líquidos desata
Y cayendo en mugiente catarata
Quiebra en ligera espuma
El sesgo curso de zafir y plata,
Como blanca paloma
Que cabe fuente límpida sestea,
Yace apacible aldea
Tendida negligente en una loma.

Allí tiene su hogar tranquilo y viejo
Alberto el tejedor, mozo arrogante,
De condición honrada y generosa
Cual de gentil talante;
Y allí tiene también su madre amante,
Anciana y achacosa,
Que ya solo en un báculo apoyada
O en el robusto brazo del mancebo,
Va al templo los domingos, adornada
De su antiguo ajuar con lo más nuevo.

¡Al templo dije! ¡A una mansión vacía,
Desnuda, pobre y fría,
Sin luces, sin altar, sin santuario,
Sin humo perfumado de incensario;
Sin lenguas de metal que hablen al alma
Colgadas del airoso campanario;
Sin imágenes místicas, serenas
Cuya grave actitud, llena de calma,
A meditar invita
Y a rezo fervoroso solicita!
Porque Alberto, y su madre y toda aquella
Aldea alegre y bella,
Que se mira en el Rhin como en espejo
Transparente y bruñido
De claro diamante,
Ha tiempo que más ley no ha conocido
Ni más culto ha seguido
Que el culto de una secta protestante.

Y así el ardiente corazón de Alberto
Para la fe está muerto
Pues nada encuentra en su natal capilla
Que encienda la ternura,
Que le llame con íntima dulzura,
Ni que traiga a su boca
La oración amantísima y sencilla
Que brotando del labio, al cielo toca.
Y Alberto, que sufría
Honda y secretamente
Porque nunca acertaba a ser creyente,
A solas con su Dios se condolía
De no saber amarle dignamente.

Paseándose un día
Del río por la margen pintoresca,
En una fronda retirada y fresca
Que el pino con el sauce entretejía,
Vio en el suelo tendido
Un hombre anciano, al parecer dormido,
O quizás desmayado mortalmente,
Según está de quieto
Y según tiene pálida la frente.
Era en rostro y vestir desconocido,
Cubríale un sayal tosco y raído
Con un cordel sujeto,
Y los descalzos pies sangre manaban
Y ráfagas de polvo
El semblante y cabellos afeaban.
Alberto compasivo
Se arrodilló cabe el exhausto viejo,
Y diligente y vivo
Con agua roció su faz helada,
Y la túnica abriendo remendada
Porque más libre respirar pudiese
Vio una cruz sobre el pecho colocada
Y a su lado la imagen peregrina
De una mujer bellísima, radiante,
Con la sien rodeada
De un círculo de estrellas chispeante.

Cómo salió de su mortal desmayo
El viejo religioso
Y qué pláticas tuvo con Alberto,
Nadie supo jamás. Pero es lo cierto
Que desde aquel instante misterioso
Alberto, retirado y silencioso,
Ya no asiste a las fiestas de su aldea;
Ya la barra de hierro no blandea,
Ni lanza la pelota,
Ni ya se saborea
Con la cerveza que espumante brota;
Ni a las muchachas del lugar ofrece
La flor azul que crece
En los bordes del Rhin majestuoso
“¡Qué triste que anda Alberto!”
(Dicen sus compañeros de trabajo)
“Su corazón parece que está muerto”.
¡Oh error, error profundo
De los ciegos juicios de este mundo!
¡Morir el corazón que se retira
Y con su Dios se abraza
Y por su Dios suspira!
No mueren los volcanes
Porque ceniza pálida los vele;
Antes el fuego que nació debajo
Arder entonces más intenso suele.
La madre a quien Alberto debe vida
Y en cuyo seno reposó de niño,
Con ojo perspicaz, que da el cariño,
Observa de su hijo la mudanza
Y ansiosa y afligida
A su cuarto llegando cierta tarde
No podía dar crédito a sus ojos
Pues lo encontró de hinojos
Ante una breve mesa, guarnecida
De cirios y de flores
Y de miles de adornos y primores
Puestos en torno de una imagen bella
De toca azul y blanca revestida
Y que por lindos ángeles servida
Con celestiales pies la luna huella.
Ambas manos cruzadas
Y alzado el rostro grave que ilumina
Interior claridad alta y divina
Estábase el mancebo tan absorto,
Que no escuchó la puerta que rechina
Ni sintió de su madre las pisadas.

“Hijo del corazón, ¿qué estás haciendo?”
Turbada preguntó la madre buena.
Y Alberto respondió con voz serena:
“Estaba con mi madre departiendo”.
Y cuando así decía,
Señalaba a la imagen hechicera
Cuyo rostro gentil aparecía
Entre el reflejo ardiente de la cera.
“¿Esa imagen tu madre? ¡No te entiendo!
Ella es joven y hermosa
Yo vieja, agobiada, y achacosa…”
Solemnemente replicóle Alberto:
“Mi madre en el principio fue creada:
No fuera el Universo todavía,
Y ya mi madre concebida fuera”.
“Deliras”. “No deliro, madre mía”.
“¿Y el amor, hijo mío, que me debes,
En esa imagen a poner te atreves?”.
“Sé, madre, que me amáis con gran ternura;
Sé que daros mi vida fuera poco;
Pero esa madre inmaculada y pura
Me quiere más que vos…”. “¡Más! ¡Estás loco!”.
“¡Sí, mucho más! Oíd. Ella tenía
Un Hijo sin igual, idolatrado
Y por mí lo han entregado
Al tormento más crudo y más prolijo;
En una cruz por mí murió clavado…
Esa madre… esa madre me ha salvado…”.
“¿Cómo se llama…?”. “Llámase María;
Yo católico soy, pues soy su hijo”.

Viniendo iba la noche,
Y la madre de Alberto que lloraba
Y Alberto que sereno la miraba,
Se confundieron en abrazo estrecho
Y Alberto pronunció: “¡Ven a mis brazos:
Quizá es la vez postrera
Que se junta mi pecho con tu pecho!”.
Y aquellos tiernos lazos y aquel nudo deshecho
Vistió Alberto un sayal, y con la frente
De humilde contrición resplandeciente
Dijo: “Por mal que a tu cariño cuadre,
Bendíceme, que parto”.
“Lejos de ti, ¿quién me dará consuelo?”
Preguntó la infelice.
Y Alberto entonces inspirado dice:
“Te sabrá consolar la mejor Madre
Que tienen los mortales en el cielo”.

Autor del poema: Emilia Pardo Bazán

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Desde el 21 hasta el 30 de un total de 44 Poemas a la madre

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