44 Poemas a la madre 

Mamá

Enviado por dudu  Seguir

Yo le decía mamá
porque ella es una bella dama
cuando no estoy en mi hamaca
siempre duermo en su cama.

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NO TUVISTE TIEMPO !NO TUVISTE TIEMPO¡...

Enviado por yedra  Seguir

NO TUVISTE TIEMPO


!No tuviste tiempo¡
De contemplar el anochecer con sosiego en el alma,y escuchar el canto de los pájaros en el desperezar del nuevo día.

!No tuviste tiempo¡
De escuchar una melodía en la distancia,en

un anochecer soñoliento,y sentir discurrir las notas de la canción por los entresijos del corazón adormecido.

!No tuviste tiempo¡
De mirar hacia lo alto,y que las estrellas se reflejaran en tus ojos.
Ni de contemplar la luz de la Luna que se perdía por los tejados de aquella vieja casa,sin iluminar tu alma dolorida.

!No tuviste tiempo¡
De que la brisa acariciara tu frente,sosegara tu corazón,y te envolviera con su dulce aliento para aliviar el agobio de tus días.

!No tuviste tiempo¡
De sentir las horas discurrir por tus venas,con alegría.
De contar los minutos que cruzan tu tiempo con algunas sonrisas en tu rostro,que aliviaran el peso sobre tus hombros.

!Si tuviste tiempo¡
Para olvidarte de ti misma.
Para olvidar las estrellas que estaban sobre ti...por otras estrellas que alumbraban otros ojos.

!Si tuviste tiempo¡
Para dejar trascurrir hora tras hora con tu arduo trabajo,para que a tus hijos no le faltara qué ponerse y qué llevarse a la boca.
!Y no podías pararte a contemplar las estrellas sobre ti¡

!Si tuviste tiempo¡
De ver pasar los años sobre aquellos que contenían tus desvelos,tus sudores,y tus ilusiones infinitas...ilusiones de Madre.

!Por eso hoy madre¡
Con tu cuerpo abatido por el tiempo.
Con tu ser cansado de los años,de la lucha tenaz por los tuyos;con esas estrellas que pasaron sobre ti si poder aferrarlas,sin la brisa que hubiera aliviado tu carga de vida dura y sacrificada.
En esta tarde que la brisa me trae estos recuerdos,hoy madre...


Un lejano lucero
del inmenso cielo
quisiera ofrecerte
!pero algo mejor tengo¡
que es la vida que tú me diste
para poder...QUERERTE

AUTOR YEDRA

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LAS HOJAS SECAS (A MI MADRE)

Dicen que todo al fin se desvanece,
Todo pasa, se olvida, pierde y borra.
Yo no soy infeliz, mas vivo triste,
Y un torcedor arrastro en mi memoria.

Un templo, un bosque, un ave que pasando
Cruza en el viento descarriada y sola,
Prensan mi corazón, y a mis pupilas
Solitaria una lágrima se asoma.

Pláceme ver un claro riachuelo
Lamer su orilla con azules ondas,
Y al resplandor del trémulo sepulcro
Sentir la fuente murmurar sonora.

Pláceme ver, tras el opuesto monte,
Hundir al sol su faz esplendorosa,
Y despedirle desde el hondo valle
Al compás de las aguas y las hojas.

Y pláceme en paseos solitarios,
En dulces sueños delirando sombras,
Perderme en la floresta sin camino
Ideando quiméricas historias.

La mía es triste, cansa y no interesa;
Sin aventuras intrincadas, corta;
Es una historia solamente mía,
Como otras muchas que a la vez se ignoran.

Es la historia de un sueño fatigoso,
En que nada sucede, nada importa;
No se comprende, pero no se olvida,
Y sus vagos recuerdos nos acosan.

Yo la recuerdo con vergüenza siempre,
Temo profundizarla, y sus memorias,
Como gotas de mágico veneno,
Caen en mi corazón una tras otra.

¿Qué os hicísteis, dulcísimos instantes
De mi infancia gentil? ¿Dó están ahora
Los labios de coral que me colmaron
De blandos besos que mis ojos lloran?

¿Dó está la mano amiga que trenzaba
Las hebras mil de mi melena blonda,
Tejiéndome coronas en la frente
De azucenas silvestres y amapolas?

Era ¡ay de mí! mi madre; alegre entonces,
Tranquila, amante, como el alba hermosa;
Jamás me ha parecido otra hermosura
Tan digna de vivir en mi memoria.

Apartaos, impúdicas quimeras;
Más os detesto cuanto más vosotras
Tenaces me seguís; ya no sois nada,
Cesó el festín, rompiéronse las copas.

Ella es mi madre; sus ardientes besos
Con vuestra vil presencia se inficionan;
Idos en paz, que el llanto de sus ojos,
Del alma impura vuestra imagen borra.

¡Madre, te encuentro llorando!
¡Ah! ¡No atiendes a mis voces!
Mírame, ¿no me conoces?
¿Tan mudado, madre, estoy?
¿Tan pronto borrar pudieron
Mi rostro las desventuras?
¡Bebí tantas amarguras!…
Pero al fin, madre, yo soy.

¡Cuán trémula está tu mano!
Tu corazón, ¡cuán opreso!
Madre, ¿no tienes un beso
Ni una queja para mí?
¡Lloras! Beberé tu llanto…
Mas abrasan tus mejillas…
Heme, madre, de rodillas
Avergonzado ante ti.

Apartas de mí los ojos;
Sufres viéndome, lo veo;
Mas estoy como está el reo,
Humillado ante su Dios.
Tornadme el rostro, señora,
Y aunque lo tornéis severo,
Aunque sea el favor postrero
Porque me ausente de vos.

Lo sé: receláis acaso
Que vendí vuestro cariño
Por el impúdico aliño
De otro amor más terrenal.
Este color de mi frente
Tal vez os parece impuro…
¡Oh, Madre mía, os lo juro:
Me habéis comprendido mal!

Soñé, y me desvanecieron
Mis fatales ilusiones;
Sentí mis locas pasiones
Dentro de mi pecho arder.
La tempestad era horrible,
La noche lóbrega, densa,
La mar tormentosa, inmensa,
Mi barca débil ¿Qué hacer?

Lanzado al mar sin aviso,
Dejéme llevar del viento;
Sacóme el mar turbulento
A otra playa de ilusión;

Yo a lo lejos la miraba:
Y era una tierra tan bella,
Que el pasar, madre, por ella,
Fue terrible tentación.

Bebí el agua de sus fuentes,
Gocé el aura de sus flores;
Embriagado en sus amores,
En sus bosques me adormí;
Allí, el placer me esperaba;
Vos, en la opuesta ribera……
Horrible tentación era,
Mas luché, madre, y vencí.

Tal vez en mi sien soñaba
Glorioso laurel naciente;
Yo lo arranqué de mi frente;
Pensaba en vos, y le hollé.
Allí quedó entre la arena,
Y, al lanzarle, dije: -Crece,
Que si mi sien te merece,
Más ansioso volverá.

En vano mis ilusiones
Me acosaron tumultuosas;
A las ondas procelosas
Me arrojó audaz, y volví.
Sin fuerza, sin esperanza,
Madre, en mi congoja fiera,
Tu imagen fue la postrera
Que guardé mientras viví.

¿Mas tú, inconsolable lloras
Sin atender a mis voces!
¡Mi vida! ¿No me conoces?
¿Tan mudado, madre, estoy?
¿Tan pronto borrar pudieron
Mi rostro las desventuras?
¡Bebí tantas amarguras!…
Pero, al fin, madre, yo soy.

¡Mas no me escuchas! ¡Llorando,
La faz amorosa escondes!
Te llamo y no me respondes:
¡Tanto, madre, te ultrajé!
Te entiendo, por fin: yo solo
No basto ya a consolarte;
Me será fuerza dejarte,
Y a la mar me volveré.

Mas oye: Es el otoño; rebramando,
El ábrego los árboles sacude;
De roncos cuervos el siniestro bando,
A los peñascos cóncavos acude.

Brilla sin fuerza el sol en Occidente,
Y allá en la falda de espinoso risco,
Guía el pastor, con paso indiferente,
Las humildes ovejas al aprisco.

Seco el follaje de la selva umbría,
De sus verdes doseles se despoja;
Y al empuje de ráfaga bravía,
El bosque se desnuda hoja por hoja.

El ábrego las huella y arrebata,
Las arrastra en revuelto torbellino,
Ciega en la fuente la serena plata,
Borra los lindes del igual camino.

Triste fantasma del verjel ameno
Y esqueleto fantástico, semeja
Cada desnudo tronco, un día lleno
De la sombra magnífica que deja.

Flores, ¿en dónde estáis? Y ¿dó se esconden
Los céspedes que amenos os cercaban?
¿Cómo los ruiseñores no responden
Al son de las alondras que pasaban?

¿Qué es del arrullo de la mansa fuente
Donde a beber bajaban las palomas?
¿Qué es del aura que erraba suavemente
Cargada de suspiros y de aromas?

Las galas del Abril se marchitaron,
Los céfiros errantes se extinguieron,
En ayes los murmullos se tornaron,
Y anchos arroyos las corrientes fueron.

Todo pasó. En el valle pantanoso
Hay en vez de una fuente una laguna,
Y en las ramas del álamo pomposo,
Las hojas se desprenden una a una.

Así, madre, van mis días,
Con las hojas de consuno,
Desprendiéndose uno a uno
Al vaivén de la pasión.

Y así van las ilusiones
De mi esperanza importuna,
Desprendiéndose una a una
De mi seco corazón.

Como esas hojas marchitas
No volverán a su rama;
El cierzo las desparrama,
La lluvia las pudrirá.
Como el bosque queda triste,
Y silencioso y desnudo,
Seco y solitario y mudo
Mi corazón siento ya.

Esas hojas amarillas
Que ayer nos prestaron sombra,
Ni aun las querrá por alfombra
El tornasolado Abril;
Míralas, madre, cuál ruedan
Entre la arena perdidas,
Holladas y sacudidas
Por el aura más sutil.

Eso son nuestras creencias,
Nuestras míseras ficciones;
Eso son nuestras pasiones,
Nuestra vida terrenal:
Nacen, dan sombra un instante,
Suenan, se mecen, se cruzan,
Caen, ruedan, se desmenuzan,
Y las lleva el vendaval.

Si ellas al rápido soplo
Del cierzo desaparecen,
Otras en el árbol crecen
Y se apiñan otra vez;
Mas yo iré, cual hoja seca
Por el viento desprendida,
Arrastrando de mi vida
La juventud, la vejez.

Y el negro remordimiento
Irá por doquier conmigo,
Como verdugo y testigo
De mi perdurable afán.
Y cuando a su vieja llama
Encanezcan mis cabellos,
Madre, debajo de aquéllos
Jamás otros nacerán.

Porque estas hojas errantes
que por mi memoria vagan,
Estos recuerdos que amagan
No dejarme hasta morir,
Hojas secas de mí mismo,
Que arrancadas de mi centro,
A mí asidas las encuentro
Sin poderlas desasir,

No pasarán como pasan,
Esas hojas del otoño;
No tienen otro retoño,
Mas tampoco tendrán fin;
Sopla el viento y no las lleva,
Cae la lluvia y las perdona;
Igualmente las abona
El desierto y el jardín.

Dicen que todo al fin se desvanece,
Todo pasa, se olvida, pierde o borra…
¿Soy infeliz? No sé. Mas vivo triste
Y un torcedor arrastro en mi memoria.

Madre, ¿creerás también que todo pasa
Como en alas del ábrego las hojas,
Como del vago céfiro los ayes,
Como del mar las fugitivas ondas?

¿Crees tú que pasarán para tu hijo,
Como del bosque la agostada pompa,
Tus recuerdos, tu amor, tu sacra imagen,
Que todo el corazón le ocupa sola?

¿Crees, madre, que al huir desesperado
A playas extranjeras y remotas,
Corre tras la molicie y los placeres,
Busca una libertad cínica y loca?

¿Crees tú que anhela, en climas apartados,
Libre gozar su juventud fogosa?
¿Crees que, olvidado de su madre, viva?…
Quien lo dijo, mintió, madre y señora,

Doquier que arrastre su existencia inútil,
Suerte feliz o mísera le acorra,
Ya duerma en los harapos del mendigo
Ya en blanda pluma de opulenta alcoba,

Ya espere un porvenir sin esperanza,
Ya circunde su sien verde corona,
En la mazmorra, en el alcázar madre,
Dondequiera que aliente, allí te adora.

Que es mi pecho tu altar, y aquí tu imagen
Nunca pasa, se olvida, pierde o borra,
Como pasan al aire del otoño,
Del bosque umbrío las marchitas hojas.

Autor del poema: José Zorrilla

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MADRE

Tu nombre viene lento como las músicas humildes
y de tus manos vuelan palomas blancas

Mi recuerdo te viste siempre de blanco
como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante

Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura

A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso

Entre ti y el horizonte
mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos

porque ante ti callan las rosas y la canción

Autor del poema: Carlos Oquendo de Amat

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MADRE (POEMAS SIN NOMBRE: CXXIII)

Como todos los niños, cuando yo lo era, solía preguntar a mi madre de dónde me habían traído…

Y como todas las madres, fabricaba la mía para contestarme, una tierra de leyenda o escogía entre los países del mundo, el que le parecía más hermoso.

Pero, no sé por qué, recuerdo que, a pesar de su buena voluntad, una vaga decepción seguía siempre a la respuesta; creía yo a mi madre; pero, una vez satisfechas mis turbadoras curiosidades, me quedaba por mucho tiempo triste.

¿Qué era lo que mi pequeño corazón soñaba entonces? ¿De qué flor hubiera querido brotar, de qué nube salir volando como un pájaro?

No lo sé todavía, y ahora pienso que sólo la verdad era digna de mi sueño.

Mi madre no podía ofrecerme nada más hermoso que ella misma… Pero si me la hubiera dicho, era su verdad tan maravillosa, que no la hubiera creído.

Autor del poema: Dulce María Loynaz

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EL REGRESO A LA MADRE

Cuando falte a mis hombros, madre mía, la fuerza;
cuando cerca del surco donde me siembren llegue;
cuando ya hasta el más leve remolino me tuerza
y hasta el peso del alma me doblegue...
tu recuerdo, ese fardo de diamante,
seguirá siempre firme sobre mis hombros muertos,
¡porque en todas mis penas Amor es un gigante
y el cariño es un Hércules con los brazos abiertos!

Cada vez que a mi paso los humanos
dolores arrojaron su venablo ofensivo,
se interpuso veloz, sobre tus manos,
tu corazón, como un escudo vivo.

¡Qué mal me han hecho, madre, otros afectos!,
me llenaron los brazos de goces imperfectos;
cada boca de amante fue lengua ponzoñosa;
una fue mi ladrona y otra fue mi asesina;
yo les di de lo mío mucho más de la rosa,
¡pero ellas no pasaron más allá de la espina!

Lejos de ti, mil veces
busqué en ajenos labios el manantial de vida;
el amor que me dieron lo devolví con creces
y por tantas heridas no devolví una herida.

Y fue porque no supe que en ti estaba la blanca
fuente, el cauce divino,
el afluente de amores cuyo origen arranca
del hueco de las manos que Dios tiende al Destino.

Vuelvo a ti. Ya no quiero
sino el raudal templado del amor verdadero.
No más aquel tumulto
de pasión transitoria, de falaces querellas,
que ante tu amor perenne tienen baldón de insulto,
¡como un escopetazo lanzado a las estrellas!

Y encuentro en tu cariño más goce y más regalo;
él es la luz que nunca se refracta en el prisma...
Si Cristo fuera malo,
su madre, más humana, fuera siempre la misma.
Todas son una sola, para el dolor desnudas:
es una policéfala encarnación de diosa;
son iguales la madre de Cristo y la de Judas
¡porque ambas están hechas de pulpa milagrosa!

Madre: Como la tierra, generoso y eterno,
guarda tu vientre vivas sementeras;
arrecien los dolores en cada nuevo invierno...
tú los devolverás en primaveras.

Madre: en este coloquio feliz de mi regreso
dos cielos bendigamos:
la Patria, donde nuestro corazón está preso;
la Madre, que es la patria que primero habitamos.

Y déjame dormir sobre tu traje,
sobre tu vientre, escena de mi primera aurora,
para soñar que voy por un ramaje
donde se oculta un nido con un pichón que llora...

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco

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madre

Enviado por papanuelcaca  Seguir

MI MADRE


Tus ojos son como la luna
tus labios como una fresa
quien es esa linda belleza
que se esconde tras esa puerta
es mi mama la princesa

Tú me has dado todo
y ahora déjame escribir
este poema recitado
solo para ti

Tu hueles a rosas
como lindas mariposas
eres mi sandia
quiero estar contigo todo el día




para la tarea xdxd


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todo de ti

Enviado por daniel  Seguir

que no bino de ti
que hoy no teja
que vida tendría
que tu no me as de dar
que puedo dar
que tu no me ayas dado

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¿Ves,Madre?

Enviado por yedra  Seguir

¿VES,MADRE?

¿Ves, madre?
el suave vuelo de las hojas al caer en este Otoño
describen su danza sin saber dónde se caerán envueltas en el aire frío de la tarde que declina hacía el ocaso.

Se posan el la tierra,que las recibirá para alimentar aquellas hojas nuevas que nacerán en la próxima primavera,para continuar el esplendor de la vida que brotará por todas partes,y hará sonreír el corazón.

¿Ves,madre?

Los pajaritos que beben en los charcos que la lluvia dejó en esta madrugada;revolotean juguetones y llenos de vida surcando el aire,lanzando sus canturreos a través de la húmeda mañana.

No son los mismos pájaros de ayer,¡madre! ni serán los de mañana,pero el alegre piar en sus vuelos juguetones...son eternos como la luz de amanecer que llega a mis ojos,como llegaron a los tuyos en días pasados.

¿Ves,madre?

La paz de una noche estrellada,las ensoñaciones en el alma,que vuela entre los luceros lejanos.El silencio de la madrugada.Los recuerdos acuden en tropel acariciándome el corazón.

Muchas vidas,¡madre! pasaron,y las estrellas siguen girando en la madrugada esperando la luz del amanecer.Permanecen eternas...como el amor a los que nos amaron y guiaron nuestros pasos por la vida.

¿Ves,madre?

Como caen las hojas en el calendario,y vienen días alegres,días tristes,mientras vemos a nuestros hijos crecer,ilusionándose con cosas nuevas enfrentándose al camino viejo y nuevo de la vida por vivir con las esperanzas del mañana.
Todo es viejo ¡madre! pero vuelve a comenzar como hojas nuevas en la primavera del corazón y los sentimientos.

¿Ves,madre?

Como la tristeza a veces llega al corazón sin poderlo remediar,aunque mañana la vida nos vuelva a sonreír y la luz inunde el corazón de esperanza y la sonrisa se instale en nuestro rostro.

¡perdóname madre! sé que me regañarías,pero hoy al sentarme y pensar estas cosas,un trocito de mi alma llora...

¿Ves,Madre?

hoy...¡te estoy echando de menos!


Yedra

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A MI MADRE

Aquí, a la sombra tranquila y pura
con que nos brinda grato el hogar,
oye el acento de la ternura
que en tus oídos blanda murmura
la dulce nota de mi cantar.

La voz escucha del pecho amante
que hoy te consagra su inspiración,
a ti que aun eres tierna, incesante,
de amor sublime, de fe constante,
raudal que aliento da al corazón.

Mi voz escucha: la lira un día
un canto alzarte quiso feliz,
y en el idioma de la armonía
débil el numen ¡oh, madre mía!
no hallo un acento digno de ti.

¿Cómo tu afecto cantar al mundo,
grande, infinito, cual en sí es?
Me basta si te miro,
si la dicha y el bien sueño a tu lado,
porque tu vista calma
los agudos tormentos de mi alma.

¡Ay! Que sin ti, bien mío,
mi espíritu cansado languidece
cual planta sin rocío,
y con sombras mi frente se oscurece,
y entre congoja tanta
mi corazón herido se quebranta.

Oye mi ardiente ruego,
oye las quejas de mi angustia suma,
y generoso luego
olvida que la pena que me abruma
te reveló mi acento
en horas ¡ay! de sin igual tormento.

Escúchame y perdona:
que ya mi labio enmudeciendo calla,
y el alma se abandona
con nuevo ardor a su febril batalla,
y débil mi suspiro
se pierde de las auras en el giro.

¿Cómo pintarte mi amor profundo?
Empeño inútil, sueño infecundo
que en desaliento murió después.

De entonces, madre, buscando en prenda,
con las miradas al porvenir,
voy en mi vida, voy en mi senda,
de mis amores íntima ofrenda
Que a tu cariño pueda rendir.

Yo mis cantares lancé a los vientos,
yo di a las brisas mi inspiración;
tu amor grandeza dio a mis acentos:
fine fueron tuyos mis pensamientos
en esos himnos del corazón.

Notas dispersas que en libres vuelos
y a merced fueron del huracán,
pero llevando con mis anhelos
los mil suspiros, los mil desvelos
con que a la Patria paga mi afán.

Hoy que reunirlas plugo al destino,
quiero que abrigo y amor les des:
esa es la prenda que en mi camino
al soplo arranco del torbellino,
y a colocarla vengo a tus pies.

Autor del poema: Salomé Ureña

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