Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

EL ANAUCO

Irrite la codicia
por rumbos ignorados
a la sonante Tetis
y bramadores austros;
el pino que habitaba
del Betis fortunado
las márgenes amenas
vestidas de amaranto,
impunemente admire
los deliciosos campos
del Ganges caudaloso,
de aromas coronado.

Tú, verde y apacible
ribera del Anauco,
para mí más alegre,
que los bosques idalios
y las vegas hermosas
de la plácida Pafos,
resonarás continuo
con mis humildes cantos;
y cuando ya mi sombra
sobre el funesto barco
visite del Erebo
los valles solitarios,
en tus umbrías selvas
y retirados antros
erraré cual un día,
tal vez abandonando
la silenciosa margen
de los estigios lagos.

La turba dolorida
de los pueblos cercanos
evocará mis manes
con lastimero llanto;
y ante la triste tumba,
de funerales ramos
vestida, y olorosa
con perfumes indianos,
dirá llorando Filis:
«Aquí descansa Fabio» .

¡Mil veces venturoso!
Pero, tú, desdichado,
por bárbaras naciones
lejos del clima patrio
débilmente vaciles
al peso de los años.
Devoren tu cadáver
los canes sanguinarios
que apacienta Caribdis
en sus rudos peñascos;
ni aplaque tus cenizas
con ayes lastimados
la pérfida consorte
ceñida de otros brazos.

Autor del poema: Andrés Bello

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PRISMA

Yo soy un punto muerto en medio de la hora,
equidistante al grito náufrago de una estrella.
Un parque de manubrio se engarrota en la sombra,
y la luna sin cuerda
me oprime en las vidrieras.
Margaritas de oro
deshojadas al viento.

La ciudad insurrecta de anuncios luminosos
flota en los almanaques,
y allá de tarde en tarde,
por la calle planchada se desangra un eléctrico.

El insomnio, lo mismo que una enredadera,
se abraza a los andamios sinoples del telégrafo,
y mientrass que los ruidos descerrajan las puertas,
la noche ha enflaquecido lamiendo su recuerdo.

El silencio amarillo suena sobre mis ojos.
¡Prismal, diáfana mía, para sentirlo todo!

Yo departí sus manos,
pero en aquella hora
gris de las estaciones,
las palabras mojadas se me echaron al cuello,
y una locomotora
sedienta de kilómentros la arrancó de mis brazos.

Hoy suenan sus palabras más heladas que nunca.
¡Y la locura de Edison a manos de la lluvia!

El cielo es un obstáculo para el hotel inverso
refractado en las lunas sombrías de los espejos;
los violines se suben como la champaña,
y mientras las ojeras sondean la madrugada,
el invierno huesoso tirita en los percheros.

Mis nervios se derraman.
La estrella del recuerdo
naufragada en el agua
del silencio.
Tú y yo
coincidimos
en la noche terrible,
meditación temática
deshojada en jardines.

Locomotoras, gritos,
arsenales, teléfrafos.

El amor y la vida
son hoy sindicalistas,

y todo se dilata en círculos concéntricos.

Autor del poema: Manuel Maples Arce

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OLA

Hacia la arena tibia se desliza
la flor de las espumas fugitivas,
y en su cristal navega el aire herido,
imperceptible, desplomado, oscuro
como paloma que de pronto niega
de su mármol idéntico el estío
o el miedo que en silencios se apresura
y sólo huella fuese de un viraje,
melancólica niebla que al oído
dejara su tranquilo desaliento.
mas el aire es quien fragua, sosegado,
la caricia sombría, el beso amargo
que al fin fatigará el oculto aroma
de la arena doliente, deseosa,
ávida, estéril sombra pensativa,
cuerpo anegado en un cansancio oscuro
sometido al murmullo de aquel beso.

Hermosa así, desnuda, ya no es
la carne iluminada cual la flecha
que en el viento describe lujuriosa
el temblor que después ha de entregar;
ni es la boca ardiente, enamorada,
insaciable al contacto, al beso ávida
como profundo aroma silencioso;
Ni la pasión del fuego hacia el aliento
destruyendo lo inmóvil de la sombra
para precipitarla en lo que ha sido,
sino que, ya ternura del cautivo
que sabe dónde amor le está esperando,
quiebra su forma, pierde su albedrío
y en un instante de candor o ala
ahogada en un anhelo suspendido,
como ciega tormenta despeñada
abandónase al cuerpo que la acosa
y a su encuentro es caricia, oscura imagen
de rudo impulso convertido en plumas
o tinieblas perdidas para siempre,
y sabe cómo al fin la arena es tumba,
frontera temblorosa donde se abren
las flores fugitivas de la espuma,
resueltas ya en silencio y lentitud.

Autor del poema: Alí Chumacero

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VOY

Vengo a buscarte, mi amor
Olvida que me perdí en el camino
Ya llego cariño, ¡no sufras temor!


Un acróstico esconde un mensaje que surge al extraer la primera letra de cada verso o línea. En este caso puede leerse "Voy".

También existen otros poemas en los que el acróstico se forma al extraer la última letra o la letra media de cada verso.

Autor del poema: Jorge Javier Roque

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LAS MANZANAS

Del alma sólo sé lo que sabe el cuerpo:
donde la esperanza y la gracia
aspiran al ardor
del fuego está la morada del hombre.
Ve cómo arden las manzanas
en la frágil luz del invierno.
Así debería ser una
casa: brillar en el crepúsculo
sin usura ni vileza
con la compañía de las manzanas.
Así: limpia, madura.

Autor del poema: Eugenio de Andrade

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SOLO OTRO AÑO

Amigos,
me basta con que sobreviva alguno de vosotros para vivir un año,
sólo otro año
para amar a veinte mujeres
y treinta ciudades.
Un año es suficiente para dar a la idea un cuerpo de azucena,
para que una tierra desconocida albergue a una chica que me lleve al mar
y me entregue, de sus rodillas, la llave de todos los lugares.
Un año es suficiente para vivir toda mi vida
de un tirón,
en un solo beso
o en un disparo
que ponga fin a mis preguntas
y al enigma de los tiempos confusos.

Amigos, no muráis así.
Por favor, no muráis, esperadme otro
año,
sólo otro año.
Tal vez terminemos la charla y el viaje que
hemos iniciado
e intercambiemos ideas caminando por la calle,
sin horario ni banderas.
¿Hemos traicionado a alguien
para tener que llamar país a cada pájaro
y espuma a la tierra que está fuera de la herida,
para que temamos el susurro?
Quizá podamos proteger al lenguaje
de un sentido que no hemos deseado,
de un canto que no hemos entonado
a los sacerdotes...
Amigos, mártires erguidos
en mi lecho... y en la cintura de una chica de la que aún no he gozado
ni he elevado sobre sus piernas mi oración al dios del jazmín...
Dejadme solo un momento.
Tenemos derecho a tomar el café con azúcar, no con sangre,
a escuchar el sonido de nuestras manos llamando a las perdices que nos
lloran, no la caída de las fortalezas.
Tenemos derecho a censar nuestras venas que hierven
con el viento de los deseos crónicos,
a dar las gracias a la pelusa dormida
en el vientre lácteo
y a romper el ritmo de los cánticos piadosos...

Amigos, mártires,
mo muráis antes de pedir perdón a una rosa que no habéis visto,
a un país que no habéis visitado,
a un deseo que no habéis logrado,
a mujeres que no os han colgado en el cuello
el icono del mar
ni el tatuaje del alminar.
No muráis antes de que formulemos la pregunta que no harán los supervivientes:
por qué la tierra se parece a un membrillo,
por qué la mujer se parece a lo que no se asemeja la tierra,
a las privaciones de los enamorados... y a un río de claveles?
¿Por qué me reconocieron
abiertamente cuando morí...
y me negaron
cuando regresé vivo de mi periplo?
Dios mío, mi cadáver me ha guiado
y les ha hecho regresar a mí.
Cual chimenea, lo han alzado entre ellos.

Amigos, mártires,
pensad en mí un poco,
amadme un poco,
no muráis así, por favor, no muráis,
esperadme otro año,
un año,
sólo otro año.
No muráis ahora, no me dejéis,
amadme para que bebamos este cáliz,
para que descubramos que la ola blanca no es una mujer
ni una isla.
¿Qué haré tras vuestra ausencia?
¿Qué haré después del último entierro?
¿Cómo voy a amar la tierra que os arrebata de mi lado
y os oculta del mar?
¿Cómo voy a amar al mar que ahoga a los que rezan
y eleva el alminar?
¿A quién visitaré los sábados por la tarde?
¿Quién abrirá mi corazón a los gatos?
¿A quién dedicaré el panegírico de esta luna agria sobre el Mediterráneo?
¿A quién llevaré las pertenencias de las mujeres pasajeras y seductoras?
¿A quién dejaré este hastío cotidiano?
¿Qué significará mi vida
cuando no tenga más que mi sombra para apoyarse en la pared de mi sombra, tras vuestra ausencia?
¿Quién me conducirá a mi alma
y la convencerá de que se quede conmigo?
No muráis, no muráis así, por favor,
no me arranquéis de la manzana-mujer
para lanzarme al libro de las elegías
y a los ritos de las perseverantes lágrimas.
No poseo mi corazón para lanzarlo sobre vosotros cual saludo,
no poseo mi cuerpo para hacer un nuevo ataúd y un testamento,
no poseo mi voz para atravesar esta calle elevada sobre el fusil.
Tened piedad de mí, amigos,
tened piedad de las madres desconsoladas que buscan otras albórbolas
para celebrar el nacimiento de los espejos en los estallidos de las bombas.
Tened piedad de las paredes que desean la hierba,
de los escritores en las noticias necrológicas,
tened piedad de un pueblo al que hemos prometido el acceso de la rosa por la puerta de las cenizas amargas.
No desaparezcáis ahora, como el poeta en el sombrero del mago.
¿Quién recogerá las rosas de los mártires?
Esperad, amigos, tened piedad de nosotros.
Nuestras ocupaciones no nos permiten buscar tumbas y una elegía
distinta de la anterior.
¡Qué pequeñas son estas rosas!
¡Qué grande es esta sangre!
¡Qué bellos sois, amigos,
cuando violáis la tierra en el milagro del génesis
o descubrís la fuente entre las rocas de las montañas posibles!

Amigos,
me basta con que sobreviva alguno de vosotros para vivir un año,
otro año.
Un año es suficiente para que caminemos juntos,
para que nos colguemos el río en la espalda como los gitanos,
para que destruyamos juntos el último templo
y coloquemos una piedra bajo otra,
para que retornemos al alma de su exilio
cuando marchemos juntos,
cuando declaremos una pequeña huelga de adoración a las imágenes.

Si me abandonáis ahora, amigos,
si partís
para habitar en la nebulosa del cráneo,
no os llamaré, no os haré elegías
ni escribiré una palabra sobre vosotros.

Ahora no puedo hacer elegías a nadie,
ya sea país, cuerpo,
un cuerpo en un disparo
o un obrero en la fábrica de la muerte unificada.
A nadie,
a nadie...
Que este canto sea
el fin de las lágrimas derramadas sobre todos vosotros, amigos traidores,
y una elegía destinada a vosotros.
Por eso...
no muráis, amigos, no muráis ahora.
Ninguna rosa es más cara que la sangre en este desierto.
No tenéis tiempo.
No muráis así, por favor, no muráis,
esperad otro año,
un año.
Me basta con que sobreviva alguno de vosotros para vivir un año,
sólo otro año.
Un año es suficiente para que ame a veinte mujeres
y treinta ciudades.
Un año es suficiente para que acuda junto a mi madre desconsolada
y le grite: alúmbrame de nuevo
para que vea la rosa desde su comienzo
y ame el amor desde su comienzo
hasta los confines del canto.
Sólo otro año.
Un año es suficiente para vivir toda mi vida
de un tirón,
en un solo beso
o en un disparo que ponga fin a mis preguntas.
Sólo otro año,
otro año,
un año...

Autor del poema: Mahmud Darwish

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ESPAÑA

A veces pienso que sí, que es imposible
evitarlo. Y estoy a punto de morir
o llorar. Desgraciado de aquel que tiene patria,
y esta patria le obsede como a mí.

Pregunto, me pregunto: ¿Qué es España?
¿Una noche emergiendo entre la sangre?
¿Una vieja, horrorosa plaza de toros
de multitud sedienta y hambrienta y sin salida?

Fuere yo de otro sitio. De otro sitio cualquiera.
A veces pienso así, y golpeo mi frente
y rechazo la noche de un manotazo: España,

aventura truncada, orgullo hecho pedazos,
lugar de lucha y días hermosos que se acercan
colmados de claveles colorados, España.

Autor del poema: Blas de Otero

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PESADILLA

Yo he visto a la luna llena,
como un sueño, en el sendero,
en una mano el acero,
en la otra un reloj de arena,
al caballero

de las baladas del Rhin,
como un huracán violento
galopando hacia el confín
con la negra capa al viento
sobre un rocín

negro de ébano y fulgente
como un ascua, velozmente;
sin ¡hop! ni fusta, ni brida,
ir a carrera tendida
eternamente.

Amplio chambergo plumado;
en las cuencas, su ojo ciego
entre la niebla ha brillado
con un fulgor azulado
de arma de fuego.

Como ala de gaviota
que sorprende la borrasca,
al furor de la nevasca,
su negra capa que flota
al viento, chasca,

y con orgullo luda
su esqueleto marfileño;
y al cruzar, como un mal sueño
mostraba en la noche umbría
con aullidos estridentes
treinta y dos dientes.

Autor del poema: Paul Verlaine

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EL JARDÍN DE LOS CINCO ÁRBOLES

Luego, cuando ya me había
causado mucho daño y casi
tan sólo podía sonreír,
escogí las palabras
más sencillas, para decirme
cómo pasó un momentáneo
oro de sol sobre la hiedra
del jardín de los cinco árboles.
Brevísimo amarillo, de puesta,
en invierno, en tanto caían
los últimos dedos del agua
serpentina, de altas nubes,
y el extraño tiempo me entraba
en prisiones de silencio.

Autor del poema: Salvador Espriu

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ENCARGO

Id, canciones mías, al solitario y al insatisfecho,
id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones,
llevadles mi desprecio hacia sus opresores.
Id como una ola gigante de agua fría,
llevad mi desprecio por los opresores.

Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellas cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.

Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.

Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido el interés.

Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia...
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.

Salid y desafiad la opinión,
Id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.

Autor del poema: Ezra Pound

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