Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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SER RÍO SIN PECES

Ser de río sin peces, esto he sido.
Y revestida voy de espuma y hielo.
Ahogado y roto llevo todo el cielo
y el árbol se me entrega malherido.

A dos orillas del dolor uncido
va mi caudal a un mar de desconsuelo.
La garza de su estero es alto vuelo
y adiós y breve sol desvanecido.

Para morir sin canto, ciego, avanza
mordido de vacío y de añoranza.
Ay, pero a veces hondo y sosegado
se detiene bajo una sombra pura.
Se detiene y recibe la hermosura
con un leve temblor maravillado.

Autor del poema: Rosario Castellanos

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LOBO ESTEPARIO

Yo, lobo estepario, troto y troto,
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero nunca una liebre, nunca un ciervo.

¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
y luego aullaría toda la noche, solitario.

Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color gris,
apenas puedo ver con cierta claridad,
y hace años que murió mi compañera.

Ahora troto y sueño con ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches invernales,
calmo con nieve mi garganta ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.

Autor del poema: Hermann Hesse

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LOS TRES REYES MAGOS

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!

Autor del poema: Rubén Darío

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EL MAR ES UN OLVIDO

El mar es un olvido,
una canción, un labio;
el mar es un amante,
fiel respuesta al deseo.

Es como un ruiseñor,
y sus aguas son plumas,
impulsos que levantan
a las frías estrellas.

Sus caricias son sueños,
entreabren la muerte,
son lunas accesibles,
son la vida más alta.

Sobre espaldas oscuras
las olas van gozando.

Autor del poema: Jorge Guillén

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EL PARAÍSO PARDIDO (Fragmento)

La potestad suprema le arrojó de cabeza, envuelto en llamas,
Desde la bóveda etérea, repugnante y ardiendo,
Cayó en el abismo sin fondo de la perdición,
Para permanecer allí cargado de cadenas de diamante,
En el fuego que castiga; él, que había osado desafiar
Las armas del Todopoderoso, permaneció tendido
Y revolcándose en el abismo ardiente, junto con su banda infernal,
Nueve veces el espacio de tiempo que miden el día y la noche
Entre los mortales, conservando, no obstante, su inmortalidad.
Su sentencia, sin embargo, le tenía reservado mayor despecho,
Porque el doble pensamiento de la felicidad perdida y de un dolor perpetuo
Le atormentaba sin tregua.
Pasea en torno suyo sus ojos funestos, en que se pintan la consternación
Y un inmenso dolor, junto a su arraigado orgullo y a su odio inquebrantable.
De una sola ojeada y atravesando con su mirada un espacio tan lejano
Como es dado a la penetración de los ángeles, vio aquel lugar triste,
Devastado y sombrío; aquel antro horrible y cercado que ardía
Por todos lados como un gran horno.
Aquellas llamas no despedían luz alguna; pero las tinieblas visibles
Servían tan solo para descubrir cuadros de horror,
Regiones de pesares, oscuridad dolorosa, en donde la paz y el reposo
No pueden habitar jamás, en donde ni siquiera penetra la esperanza.

Autor del poema: John Milton

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EL QUE CUENTA LAS CAMPANADAS

El amante de medianoche,
el que ansió que ella le siguiera,
el que cuenta las campanadas
como un enfermo desahuciado;
el que pone cara de cárcel
cuando se mira en el espejo:
es el furtivo que no duerme
acechando a su compañera,
y ella es feliz porque ahora
vive una noche tan inefable
y tan honda como la muerte.

Autor del poema: José Agustín Goytisolo

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MI HOMBRE IDEAL

Preferiría
que mi hombre tuviera por nombre
Fernando, Felipe o Federico
con la F de felicidad no forzada
con esa letra de fidelidad
y no de futuro precisamente
no me importaría el color de sus ojos
ya fuesen verdes, negros o azules
que brillaran para mí
que su mirada me penetrara toda
que fuera más alto y más grande que yo
que no fuera gordo ni estúpido
que odie el foot-ball
y la política vernácula
No me importaría
que fuera bien donado o mal donado
que fuera encantador y generoso
me agradaría que mi hombre
se bañara una vez al día
y tres veces diarias
si viviera en Choluteca
Estaría orgullosa de que mi hombre tuviera
las manos grandes y limpias
que su pasión
fueran la música, el cine
el guaro y los libros.
No permitiría
que le mirase las nalgas
a otra mujer
y mucho menos a otro hombre
Me gustaría
que se levante temprano a cocinar
y que enseguida lave los platos
que no ronque
ni que aviente aires
cuando duerme conmigo
que sepa leer y escribir
que no piense en su madre
cada vez que le doy de mamar
que me mire directamente a los ojos
que no me mienta
¡que no me grite!
que no sea chismoso
como sus amigos
que me eleve a más de cinco orgasmos
que trabaje
que platique conmigo
que me ponga atención
cuando estoy hastiada a todo
que no me compare con nadie
que recuerde que soy única
que no le importe mi ciclo menstrual
y que tenga siempre en mente
que sigo siendo mujer
aún con mi menopausia
Que no entre en contrariedades
cuando le descubro un condón
en su mesa de trabajo
que asista a la catedral
de vez en cuando
no para orar
sino para pedirle perdón al Altísimo
por todo lo injusto
y grosero que ha sido conmigo.
Que analice, que razone
que piense que todavía existo
No me gustaría que mi hombre
fuera periodista, diputado ni cobarde
que me diga de vez en cuando
viéndolo bien, no sos tan fea
tenés unas manos bellas
y sentirlo tierno y amoroso
cuando reposa sus manos en mi pecho
que me deje soñar y sentir
que me deje ser libre
para amar a un Carlos
a un Roberto a un gato
que me respete
como yo lo respetaría
que comprenda
que la culminación del amor
es todo eso
Quiero que mi hombre
no critique mis ansias de fumar y beber
que no me recuerde al día siguiente
después de una borrachera
las cagadales que hice
que me devuelva los veinte lempiras
que le presté ayer
¡que no me joda!
que cante en el baño
sin gastar tanta agua
que duerma desnudo
si no está en San Marcos de Colón
que ame a todas las mujeres
que no sea soberbio
petulante o mentecato
que no meta las nalgas
cada vez que está bravo
que no le miente la madre
a mi madre muerta
que no vea el reloj
cada vez que quiero
decirle algo importante
que se dé cuanta que me gusta más
verlo vestido de jeans y tenis
a lo gringo
que con ese saco y esa corbata
Que sea el primero en aplaudir
cuando interpreto el poema
que a él más le gusta
y que aplauda más fuerte
cuando sea testigo
de una acción mía
digna y valiente.
Me gustaría que mi hombre
tuviera un lunar en el pecho
y no en la espalda
que diga
son las tres y quince exactos
y no en la espalda
que diga
son las tres y quince exactos
y no 316
que se transforme
en un gladiador
de músculos y coraje
para defenderme
de los cobardes
que se atrevan a golpearme
que no me diga
que le gusta más el color del cielo
sabiendo que su jardín
está sembrado de rosas rojas
que le guste mi poesía pura
sin metáforas incoherentes
sin frases rebuscadas
ni sintaxis estúpidas
Que lo que más le agrade
sea lo que yo siento
y que no se le ocurra nunca
humillarme y despreciarme
Yo quiero un hombre así
que sea bueno, honesto
tierno, inteligente, viril,
amoroso...
y que trabaje
de todo esto y aquello
Quiero que mi hombre
tenga en cuenta
que cuando estamos juntos
él es el hombre
y yo la mujer.

Autor del poema: Juana Pavón

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TAL FUE JUÁREZ

Nació de la miseria, de su vencida raza
Desecho, abandonado, renuevo sin vigor
Nació como la yerba que mustia sobrevive
Del implacable invierno al pertinaz rigor.
(…)

Llevaba dolorido como hondas cicatrices
Los recuerdos del amo, los golpes del poder
La ausencia del derecho para el que pobre llora,
Lo infame del que manda sin trabas y sin ley.
(…)

¿Sabéis que es un carácter? !Sabedlo! Es que en un hombre
Encarnen como en bronce las leyes del honor,
Y entero a todo embate le oponga resistencia
Sin vacilar un punto su fe y su valor.
(…)

Esclavo del derecho, custodio de la idea
Que promete a los pueblos los goces y la paz,
Debió sus laudos todos a que llevaba en alto
Como en un eterno lema: justicia y libertad.
(…)

¿Sabéis que es un carácter? ¡Es dar a los principios
Con la existencia, vida; y aliento con el ser.
Es que ponga en el olvido el hombre su bien mismo,
¡Mirando con desprecio la pena o el placer!
(…)

Tal fue Juárez: el pueblo le vio como a esas boyas
Que en las olas perdidas se encuentran en el mar
Y apartan a las naves del formidable escollo
Do airado las empuje la horrenda tempestad.
(…)

Juárez la fe en un pueblo representó constante,
Sinónimo de patria su nombre resonó
Y dejó como timbres de inmarcesible gloria,
El culto de los libres y el odio del traidor.
(…)

Rindámosle homenaje, cubramos de coronas
Con reverentes almas, su excelso pedestal,
Y muéstrelo orgulloso, al mundo, cual modelo
Entre efluvios de gloria, de augusta humanidad.

Autor del poema: Guillermo Prieto

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POEMA 12 (PARA MI CORAZÓN BASTA TU PECHO)

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

Autor del poema: Pablo Neruda

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POCO A POCO

Poco a poco Dios nos quita la belleza humana:
poco a poco el árbol joven se marchita.
Ve y recita: “Todo cuanto está dotado de vida,
acabará pereciendo”.
No te enamores de los huesos,
busca el espíritu.

Autor del poema: Yalal Al-Din Rumi

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