Poemas 

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LA SELVA

Hay en mi seno voces interiores,
jamás por los mortales escuchadas,
que oyéronlas tan sólo, á las vegadas,
los dioses convertidos en pastores.

Al ritmo de mis plácidos rumores
cruzaban por mis sendas, nunca holladas,
y les seguían faunos y dryadas,
ciñéndoles de lauro, y mirto, y flores.

Su flauta el viejo Pan dejó escondida
donde habitan mis genios tutelares,
que es del misterio y del amor manida.

Mas robada me fué, y hoy sus cantares
se desbordan en hálitos de vida,
resonando por montes y por mares.

Autor del poema: Manuel José Othón

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CORDILLERAS (IV)

El frío es el alba de las pérdidas
amanecían gritando estos paisajes


i. Estamos enfermas gritaban las cordilleras congelándose en
sus alturas


i i. Estamos muy enfermas respondían las llanuras de la pradera
central traspasadas de frío como contestándoles a ellas


iii. Pero sabían que es el frío el maldito de las cordilleras y

que nada más que por eso se hubo de yacer junto a los Andes
hasta que la muerte nos helara con ellos desangrados en
vida frente al alba sólo para que revivan los paisajes

Autor del poema: Raúl Zurita

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LAS GAVIOTAS DISCUTEN...

Las gaviotas discuten con el rocío de las olas, mientras los rabihorcados
hacen círculos durante horas, en un batir de alas, alrededor del arrecife
donde un pontón se oxida. Un año ha finalizado sus tormentas, y los hombres
llenos de miedo han escudado las vidas como faroles de sus ventoleras,
o caído juntos en hogueras. Pero ahora se abren espacios azules como
hendiduras en el humo, los pájaros se pliegan en grietas de rocas
cuya arena ha sido rastrillada de huellas. La mar,
que se precia de que ningún hombre la marque,
aún ofrece tales lugares para la pluma egoísta,
y la isla de coral del cerebro tiene lugares donde la república
del pólipo fue construida para nosotros -cuevas hipnotizadas
que se agitan con la luz de la ola, jaras que blanquean
con indiferencia creciente madera flotante o barcos que se fueron a pique.
Tras un año podrías llamar guerra a la conmoción
de los bancos de arena cañoneados por las olas,
y los robos a pico armado que las gaviotas practican entre sí
porque todo es en honor del dios gaviota. Pero hay islotes donde nuestra
sombra es anónima, con pececillos cuya similitud se nos
escapa mientras la cadena del ancla matraquea desde la proa.

Autor del poema: Derek Walcott

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ENVIDIA

Visión multicolor y delicada en su cabeza, tú rehúyes la mía. Él posee los astros y los animales de la tierra, los campesinos y las mujeres para servirse de ellos. El Océano lo acunó, a mí el mar, y es él quien recibió todas las imágenes. Ligeramente, roza los despojos que levanta, todo se arregla y me siento la cabeza pesada
que aplasta los frágiles tallos.

Si creíste, destino, que yo podía partir, tendrías que haberme dado alas.

Autor del poema: Pierre Reverdy

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AGUA, PURO ELEMENTO

Agua, puro elemento, dondequiera abandonas
tu mansión subterránea, hierbas verdes y flores
de brillante color y plantas con sus bayas,
surgiendo hacia la vida, adornan tu cortejo;
y en el estío, cuando el sol arde, veloces
insectos resplandecen y, volando, te siguen.
Si falta tu bondad, resuella el bosque, y ciervo
y cierva y cazador con su venablo, juntos
languidecen y caen. No deja de sentirse
en el alma turbada tu benigna influencia;
y tal vez en la entraña marmórea de la tierra,
donde sufren tormento espíritus que lloran
gracia y bondad perdidas, tus murmullos apagan
su angustia ya los tuyos mezclan sus dulces cantos.

Autor del poema: William Wordsworth

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ODIAR EL PECADO

Deben odiar el pecado
y amar al pecador.

Autor del poema: Mahatma Gandhi

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PAN Y SIRINGE

Entonces el dios 'De la Arcadia bajo los helados montes' dice,
'entre las hamadríades muy célebre Nonacrinas,
náyade una hubo; las ninfas Siringe la llamaban.
No una vez a los sátiros había burlado ella, que la perseguían,
y a cuantos dioses la sombreada espesura y el feraz
campo tiene. A la Ortigia diosa con sus afanes y con su propia
virginidad honraba. Según el rito también ceñida de Diana,
engañaría y podría creérsela la Latonia, si no
de cuerno el arco de esta, si no fuera áureo el de aquella;
así también engañaba. Volviendo ella del collado Liceo
Pan la ve, y de pino agudo ceñida su cabeza
tales palabras refiere...' Restaba sus palabras referir,
y que, sus preces despreciadas, había huido por lo no hollado la ninfa,
hasta que del arenoso Ladón al plácido caudal
llegó; que aquí ella, su carrera al impedirle sus ondas,
que la mutaran a sus líquidas hermanas les rogó,
y que Pan, cuando presa de él ya a Siringe creía,
en vez del cuerpo de la ninfa, cálamos sostuvo lacustres,
y que mientras allí suspira, movidos dentro de la caña los vientos
hicieron un sonido tenue y semejante a quien se lamenta;
que por esa nueva arte y por la dulzura de su voz el dios cautivado
'Este coloquio a mí contigo' había dicho 'me quedará,'
y que así, los dispares cálamos, con la trabazón de la cera
entre sí juntados, el nombre retuvieron de la muchacha.

Autor del poema: Ovidio

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VINO DULCE COMO LA MIEL

Zeus hace llover, baja del cielo una enorme tormenta y están helados los cursos de las aguas... Desprecia la tormenta, aviva el fuego, sazona, sin escatimarlo, el vino dulce como miel, y luego reclina tus sienes sobre un blando cojín.

Autor del poema: Alceo de Mitilene

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¡ESTÁ BIEN!

Porque contemplo aún albas radiosas
y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas
en que tiembla el lucero de Belén,
y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas
gracias, ¡está bien!

Porque en las tardes, con sutil desmayo,
piadosamente besa el sol mi sien,
y aun la transfigura con su rayo:
gracias, ¡está bien!

Porque en las noches una voz me nombra
(¡voz de quien yo me sél), y hay un edén
escondido en los pliegues de mi sombra:
gracias, ¡está bienI

Porque hasta el mal en mí don es del cielo,
pues que, al minarme va, con rudo celo,
desmoronando mi prisión también;
porque se acerca ya mi primer vuelo:
gracias, ¡está bien!

Autor del poema: Amado Nervo

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OLVIDO

Por fin crucé la puerta
que confunde
recuerdos con cenizas
Tu silueta se yergue
ante mí
estática
vacía

Hoy

ya me fue imposible
recobrar tu sonrisa

Autor del poema: María Clara González

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