Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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SOY UN PERRO, NO UNA COSA

Soy un perro. Soy un animal que vive y respira. Siento dolor, alegría, miedo y placer.

No soy una cosa. Si me pegan, me va a doler y voy a sangrar. Me puedo quebrar. Siento dolor. No soy una cosa.

Soy un perro. Disfruto al jugar, al caminar, pero por encima de todo disfruto el tiempo que paso con mi familia, mi manada. No quiero más nada que no sea estar al lado de mi humano. Quiero dormir donde tú duermas y caminar donde tú camines. Soy un perro y siento amor… añoro tu compañía.

Disfruto el toque de una mano amiga y la suavidad de una buena cama. Quiero estar dentro del hogar con mi familia, no afuera, al final de una cadena, solo en un kennel o en un jardín cercado por horas. Nací para ser un compañero, no para vivir una vida de soledad.

Me da frío y me da calor. Me da hambre y también sed. Soy una criatura viviente, no una cosa.

Cuando tú te vas, quiero ir contigo. Si me tengo que quedar, esperaré ansioso hasta que llegues. Siempre extraño el sonido de tu voz. Haré lo que sea para complacerte. Vivo para ser tu querido compañero.

Soy un perro. Mis acciones no están dictadas por el dinero, la avaricia ni el odio. No tengo prejuicios. Vivo el momento, el amor y la lealtad me guían.

No me confundas con un objeto sin vida. Puedo pensar y sentir cosas, mucho más allá de dolor físico. También siento miedo y felicidad, amor y confusión. Tengo emociones. entiendo sobre eso igual o más que tú. Puedo comprender las palabras que me dices, aunque tú a veces no me entiendas a mí.

Soy un perro. No soy capaz de cuidarme sin tu ayuda. Si eliges atarme y no me alimentas, me dará hambre. Si me abandonas en un camino olvidado, sentiré miedo y soledad. Te buscaré y me preguntaré por qué me dejaron atrás. No soy una propiedad que puedas desechar y olvidar.

Si eliges dejarme en una perrera, estaré temeroso y esperaré que cada sonido de pasos que escuche desde ese momento seas tú, yéndome a buscar.

Soy un perro – una criatura que vive y respira. Si eliges llevarme a casa, por favor dame las cosas que necesito para ser feliz y saludable.

Dame buena comida, agua limpia, una cama cálida y mucho amor. No me abandones. No me patees. No me dejes cuando la vida se vuelva ocupada. Haz un compromiso mientras yo esté vivo o no me lleves a casa en primer lugar.

Si me dejas, no tendré los medios para cuidarme a mí mismo. Estoy a la merced de la bondad de la gente; si caigo en las manos equivocadas, mi vida estará arruinada.

Siento dolores, miedos y soledad también. Si termino en un refugio para animales, mis ojos serán lo único que podrá convencer a alguien de salvarme y demostrar que soy amigable. Mi cola les hará saber de mi felicidad. Si no es lo suficientemente bueno, moriré.

Soy un perro. Quiero dar y recibir amor. Quiero vivir. No soy una cosa. No soy un pedazo de propiedad. Por favor, no me descartes. Trátame con amor, bondad y respeto. Prometo pagarte con amor incondicional mientras viva.

Autor del poema: Penny Elms

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NACER HOMBRE

Cuánto trabajo ella pasa
Por corregir la torpeza
De su esposo, y en la casa,
(Permitidme que me asombre).
Tan inepto como fatuo,
Sigue él siendo la cabeza,
Porque es hombre!

Si algunos versos escribe,
De alguno esos versos son,
Que ella sólo los suscribe.
(Permitidme que me asombre).
Si ese alguno no es poeta,
Por qué tal suposición
Porque es hombre!

Una mujer superior
En elecciones no vota,
Y vota el pillo peor.
(Permitidme que me asombre).
Con tal que aprenda a firmar
Puede votar un idiota,
Porque es hombre!

El se abate y bebe o juega.
En un revés de la suerte:
Ella sufre, lucha y ruega.
(Permitidme que me asombre).
Que a ella se llame el «ser débil»
Y a él se le llame el «ser fuerte».
Porque es hombre!

Ella debe perdonar
Siéndole su esposo infiel;
Pero él se puede vengar.
(Permitidme que me asombre).
En un caso semejante
Hasta puede matar él,
Porque es hombre!

Oh, mortal privilegiado,
Que de perfecto y cabal
Gozas seguro renombre!
En todo caso, para esto,
Te ha bastado.

Autor del poema: Adela Zamudio

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EL QUE NO DETECTA LOS MALES

El que no detecta los males cuando nacen,
no es verdaderamente prudente.

Autor del poema: Nicolás de Maquiavelo

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LUNA DE ALDEA

Dulces juegos infantiles
en la plaza de la aldea,
bajo la luz de la luna,
sobre la alfombra de tierra.

Ellos y ellas, en un coro
alegres saltan y juegan;
ellos les buscan las manos
y ellas se dejan cogerlas.

Sopla cadenciosa y suave
la brisa de primavera
trayendo el agreste aroma
de las cercanas praderas.

¡Dulces juegos infantiles,
voces claras y sedeñas!
Una risa fresca y pura
se junta a otra pura y fresca.

Y en un rincón apartado
quizás una amante pareja
se inicia en el sufrimiento
con la caricia primera.

En la mitad de la plaza
hay una fuente de piedra
donde se baña la luna
como para ahogar su pena.

Vibra en la copa del aire
el son frágil de las cuerdas
de una guitarra cascada
y una voz que canturrea:

“La Virgen de los Dolores
vio mis lágrimas primeras;
yo le regalaba flores
para que tú me quisieras.”

¡Dulces juegos infantiles,
voces claras y sedeñas,
y almas sencillas que lloran
por una esperanza muerta!

Suenan once campanadas
en el reloj de la iglesia,
la voz doliente se apaga,
los juegos alegres cesan.

Por la blancura apacible
de las angostas callejas,
ellos y ellas, de las manos,
a los hogares regresan.

Y en el silencio dormido
sobre la plaza desierta,
sólo la fuente y la luna
siguen rimando sus penas

Autor del poema: Ernesto Noboa y Caamaño

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TRAZO DEL TIEMPO

Entre el viento y lo oscuro
entre el gozo ascendente
y la quietud profunda,
entre la exaltación de mi vestido blanco
y la oquedad nocturna de la mina,
los ojos suaves de mi padre que esperan; su alegría
incandescente. Subo para alcanzarlo.
Es la tierra
de los pequeños astros, y sobre ella,
sobre sus lajas de pirita, el sol desciende. Altas nubes
de cuarzo, de pedernal. En su mirada,
en su luz envolvente,
el calor del ámbar.
Me alza en brazos. Se acerca.
Nuestra sombra se inclina ante la orilla. Me baja.
Me da la mano.
Todo el descenso
es un gozo callado,
una tibieza oscura,
una encendida plenitud.
Algo en esa calma nos cubre,
algo nos protege
y levanta,
muy suavemente
mientras bajamos.

Autor del poema: Coral Bracho

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EPÍLOGO

Sólo soy
un hombre triste
que agota sus palabras

Autor del poema: Javier Heraud

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EL CAMBIO DE RUEDA

Estoy sentado al borde de la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar adonde voy.
¿Por qué miro el cambio de rueda
con impaciencia?

Autor del poema: Bertolt Brecht

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EL CUERPO ES LA CÁRCEL

El cuerpo es la cárcel
del alma inmortal.

Autor del poema: Platón

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CASAS DE LEGO Y ARMARIOS DEL IKEA

Tú y yo.
En verdad le quitaría esa /y/ que ya nos separa más de la
intención con la que quiero hablar de ti y de mí. Pero bueno, en honor
a lo “escrítamente” correcto: tú y yo.
Tú y yo, inmersos en una conversación. Amándonos con
palabras. Tú y yo, desmontando el cosmos pieza a pieza, separándolo
por colores y formas. Tú y yo, montando el universo a nuestro antojo.
Tú y yo. Así de sencillos y complicados: como casas de LEGO y
armarios del IKEA.

Autor del poema: César Brandon

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ÉSE, SU GUAYAQUIL VIEJO

La niña de ojos tristes llevó su mirada al río,
Donde brillaba la luna con todo su poderío.
Las Peñas hacia la izquierda; ¿El Hemiciclo?...Derecha.
Las calles hacia su espalda y el Río Guayas frente a ella.

“Casa Antigua” era su casa, que dio paso al rascacielos,
Y aun flota de Aspiazu un alma, y de Gálvez, un bombero.
La niña de ojos tristes vio la luna sobre el río,
Mientras Guayaquil dormía para crecer con más brío.

Las lechuzas se paseaban por el Malecón de almendros,
Que olía a brea y a hierro de los muelles cacaoteros.
Y en el muelle las parejas juraban su amor sincero,
Aunque al domingo siguiente tuvieran un amor nuevo.

Los chorros de canalones de los baños de aguacero,
Cual canguil de misa de ocho, reventaban lastimeros.
La niña llevó en su mente, un día, cuando partió lejos,
La luna, el río y la gente de ése, su Guayaquil viejo.

Autor del poema: Karina Gálvez

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