49 Poemas de flores 

CLAVELES

Pálidas flores, cada una en equilibrio sobre un tallo articulado,
las hojas enrulándose hacia atrás en primorosas volutas corintias;
y el aire frío, como si goteara desde húmedos abetos,
o brotara de helechos no lejanos del agua,
una picante frescura de jacinto,
igual que aquel claro tiempo otoñal de eternidad,
la perenne mañana sin viento sobre una nube de septiembre.

Autor del poema: Theodore Roethke

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DE CIRIOS Y DE LIRIOS

El lirio azul el lirio fucsia el lirio
de color colorado el lirio triste
con pétalos de cera se reviste
y va a la fiesta convertido en cirio

En cirio gris en cirio negro en cirio
de las aguas sin luz en cirio triste
que al llegar de la fiesta se desviste
y vuelve a ser en el jardín un lirio

O este espejo se está poniendo viejo
o lo que estoy mirando es un delirio
dice la flor hablándole al espejo

Adentro del azogue brota un cirio
y al tiempo que se enciende su reflejo
al fondo del jardín se apaga un lirio

Autor del poema: Oscar Hahn

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QUÉ SOMBRA INVISIBLE ES ESA...

¿Qué sombra invisible es esa
donde tu rostro aparece,
abierta flor que en el aire
inmóvil está y se mueve?

¿Qué nuevo arroyo de sangre
abre sus márgenes breves,
donde tu pie, lirio grande,
hunde sus alas de nieve?

¿Dónde tu imagen se pierde
- niebla dispersa en mi frente -
y las venas de tus pechos
son más augustas que mieles?

Dónde tú y yo, sal de besos,
sorbemos la misma suerte:
tú, cual la sombra que nace,
yo, aquel arroyo que muere.

Autor del poema: Ricardo Peña

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DIVINAMENTE DULCE Y BIEN PLANTADA...

Divinamente dulce y bien plantada,
en el florero, en las habitaciones
como que tienes tierra en las honduras
del corazón cantor, de la honda pena
donde nacen las rosas de este mundo,
la angustia que estercola la belleza,
el temblor que te presta los colores,
el rozar a que pides suavidades
y la esperanza que te lleva aleve,
!ala sobre las cosas, tan sin peso,
tan con suspiro, prisa, tan diciendo:
¿Estás bien? Tengo prisa. ¿Soy hermosa?

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ME LA ENCONTRÉ DE PRONTO. DIJE: ¡ROSA!...

Me la encontré de pronto. Dije: ¡Rosa!
¿Por este corazón tú nuevamente?
Tú, la Rosa de siempre inesperada,
la dolorosa Rosa por quien vivo,
(espiando la hermosura por si en ella
vas ignorada, vas como las nubes
o la belleza por la noche, mientras
nosotros en el sueño. Así, de pronto.
¿Cómo esperar de pronto que en septiembre
ocupado en las cosas de septiembre,
en esperar la lluvia, arar el campo
o fatigar el monte, tú vinieras,
tan alegre diciendo: José mío,
si vieras qué hermosura de viaje?

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RONDO GALANTE

Tus pupilas me recuerdan esas mañanas tranquilas
Que hacen pensar en el valle primaveral del Edén.

Tus ojeras me recuerdan el perfume de las lilas y los
valses de Chopin...

Siempre tendrás el encanto de una heroína de Poe en el
platino de una velada sentimental.

Cuando tus manos divinas loe el laúd y el oboe
Como en el tiempo feudal.

Por la esmeralda apacible de un retiro que te nombra
Paseas como Malvina por el poema de Ossián,

Los almendros florecidos te dan la mullida alfombra
De las hurís del Korán.

Los lirios del monte riman con tu frente sin perfidias
Cuando sales a caballo como la hija de Thor,

Y son tus labios sinuosos como trazados por Lidias
Una romántica flor.

Autor del poema: Humberto Fierro

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JARDÍN

¿Qué interroga
el girasol más alto sobre
las rosas?
¡Mudo
espanto del jazmín! Las ampulosas
dalias retuercen su violenta
envidia. Una begonia
extiende al sol la palma verde
de su mano. Viva, ojerosa
flor: el pensamiento.
Pero tú cortas
un clavel.
Los alhelíes
recobraron su aroma.

Autor del poema: Ángel González

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RAMO DE LIRIOS

Porque de ti se vieron adorados,
tengo un vaso de lirios juveniles:
unos visten pureza de marfiles;
los otros terciopelos afelpados.
Flores que sienten, cálices alados
que semejan tener sueños sutiles,
son los lirios, ya blancos y gentiles,
ya como cardenales coagulados.
Cuando la muerte vuelva un ámbar de oro
tus largas manos de ilusión que adoro,
iré lirios en ellas a tejerte.
Y mezclarán sus tallos quebradizos
con sus dedos cruzados y pajizos,
¡que fingirán los lirios de la muerte!

Autor del poema: Salvador Rueda

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VI

Fatigada del baile,
encendido el color, breve el aliento,
apoyada en mi brazo
del salón se detuvo en un extremo.
Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento.
Como en cuna de nácar
que empuja el mar y que acaricia el céfiro,
tal vez allí dormía
al soplo de sus labios entreabiertos.
¡Oh! ¡quién así, pensaba,
dejar pudiera deslizarse el tiempo!
¡Oh! si las flores duermen,
¡qué dulcísimo sueño!

Autor del poema: Gustavo Adolfo Bécquer

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ALGÚN DÍA IRÉ A LA MORADA...

Algún día iré a la morada de los descarnados.
Alguna vez, algún día iré.
Pronto partiré hacia el lugar
donde grita el Águila Caudal,
en donde el Tigre nos incita
al combate;
pero ahora, Flor de Carne,
entrégame tu vientre
de luces sin retorno
y embriágame con tu licor florido
entre el ardor y el fuego;
porque la Señora del Amor
nos protege con el manto
de sus flores
embriagantes
entre el aliento blanco y perfumado
del Copal.

Autor del poema: Luis Alveláis Pozos

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