43 Poemas ecuatorianos
MI REGRESO
Voy a revivir a mis muertos,
Pues yo no creo que es cierto
Que el muerto, muerto está.
Haré gritar al silencio
Que como todo ser necio
Pensó que lo que "no dijo", va.
Pintaré la tumba del abuelo,
Se regocijará hasta el Cielo
Que hoy llegó la claridad.
Llevaré flores a mis padres,
Con lirios les haré un parque
En donde puedan bailar.
Con mi regreso a mi tierra,
Limpiaré las hojas secas
Que no los dejan descansar.
Con mi regreso a mi tierra
Pondré flores donde hay hiedra
Y ya no se marchitarán.
Mis muertos irán delante,
Serán los guías brillantes
Que iluminarán mi andar.
Ya no seré un inmigrante,
Seré ahora un "regresante"
Al que no podrán frenar.
RETORNO
Llegó de lejano país
El compañero,
Que vimos partir del país
Un mes de Enero.
Conversa afectuoso y está
Encanecido,
Al lado del piano, que está
Dado al olvido.
¿Por qué su sonrisa infeliz
Al sol que muere?
Nos calla que ha sido infeliz,
¿Ya no nos quiere...?
El viento deshoja el jardín
Hoy mustio y viejo,
Y él ve amarillear el jardín
En el espejo.
MI JUVENTUD SE TORNA GRAVE
Mi juventud se torna grave y serena como
un vespertino trozo de paisaje en el agua:
la ebullición sonora de aquel primer asomo
primaveral, deshízose lentamente en mi fragua…
Tu risa de oro, de cristal, de plata,
rememora un scherzo ya lejano…
en tu risa hay un eco de sonata,
de pizzicato de violín tzigano.
Jugueteando en el nido de tu boca,
tu fina carcajada es ritmo ufano
que me recuerda una fontana loca,
y el pizzicato de violín tzigano.
Límpidas, sonoras, cristalinas,
son cadencias del trío veneciano;
tienen reminiscencias argentinas
de pizzicato de violín tzigano.
BAJO LA TARDE
¡Oh! tarde dolorosa que con tu cielo de oro
finges las alegrías de un declinar de estío.
¡Tarde! Las hojas secas en su doliente coro
van llenando mi alma de un angustioso frío.
La risa de la fuente me parece ser lloro;
el aire perfumado tiene aliento de lirios;
añoranzas me llegan de unos viejos martirios
y a mi mente se asoman unos ojos que adoro...
Negros ojos que surgen como lagos de muerte
bajo la sombra trágica de un cabello obsidiano,
¿Por qué esa obstinación en dejar mi alma inerte,
turbando mis deliquios con su mirar lejano?
... Sigue fluyendo pena de la fuente sonora...
Ha llegado la noche... Pobre alma mía, ¡llora!
CANTO PRIMERO
Potranca de los montes,
tú debes ser feliz junto a la hierba,
en medio de las ranas y el estiércol,
sin esta geometría de las calles,
sin estos omnibuses,
sin estos perros cultos,
sin falsas teorías de la vida,
llegando hasta el amor sin desnudarte.
LA BATALLA DEL PICHINCHA
Agotadas nuestras fuerzas por dos derrotas en Huachi
Juntamos los esfuerzos de Paya, Albión y Yaguachi
Con los de Alto Magdalena, los Lanceros y Dragones,
Que con armas y caballos lucharon como leones.
Fue paralelo a Los Chillos que con una gran estrategia
Nos libramos de mosquetes escondidos en las ciénagas.
Y con bayoneta en mano libramos una batalla
De las más desiguales que se haya visto en pantalla.
Colombianos, Alto Peruanos, Argentinos, Venezolanos,
Neo Granadinos, Irlandeses, Franceses y Ecuatorianos
Nos transformamos en una fuerza de unión ultra Americana
Que traspasó las fronteras de la gran historia humana.
"¡Libertad!", gritaban desde sus rocines, los del Trujillo y del Paita,
"Que en las faldas del Pichincha aunque nos falte la calma,
Con los Granaderos de Los Andes construiremos el camino
De pueblos que sólo aceptan independiente destino."
Antonio José de Sucre, hombro a hombro con Abdón,
Ayudó a vengar la muerte del padre de Calderón.
Dos mil novecientos setenta y uno se convirtieron en uno,
Para ganar, con sangre, los derechos de cada uno.
Es preciso recordar la estrategia del Albión,
Que apareció, cual milagro, en la cumbre junto al sol.
Aymerich hubo de rendirse porque ni sus mosquetas
Desarmaron el coraje de nuestras bayonetas.
La Batalla del Pichincha abrió el paso a toda América
A disfrutar de dos cosas que todo ser humano espera:
Vivir libres, con justicia, con respeto y soberanos,
Cubiertos con la bandera del amor a los hermanos.
EL FAUNO
Canta el jilguero. Pasó la racha.
Entre los mirtos resuena el hacha.
La rosa mustia se inclina loca
Sobre su fuente, cristal de roca.
El fauno triste de alma rubia
Tiene en sus ojos gotas de lluvia.
DE TI, EXACTA, LA CIFRA
De ti, exacta, la cifra
del principio y el término,
la plenitud del cero,
la frecuencia infinita.
La total armonía
de tu cuerpo en mi cuerpo,
tu sonido y tu tiempo
y tu peso de vida
Traspasada del nombre
ningún nombre te acoge
más, audible, inefable,
y la mano te sabe
por tu olor y tu porte
de dulcísimo alfanje
LA TRISTEZA DEL ANGELUS
En la puerta de piedra que le musgo lento cubre
he descansado viendo que se deshoja el día,
en las puertas de piedra de donde a fin de Octubre
veíamos Ponientes de equívoca alegría.
He aguardado el Angelus que su sonrisa abría
para Nuestra Señora la eterna Poesía.
Y he sentido el perfume silvestre, como antes
en el paisaje humilde que Mollet firmaría,
y mi corazón y mi alma delirantes
se dan sin condiciones a la melancolía…
A la melancolía, que invita a esta hora
a oír largamente el agua y el ruiseñor que llora.
LA TARDE MUERTA
Se moría la tarde rosa
De una Primavera lejana,
Desmayándose temblorosa
En los vidrios de mi ventana.
Por mi alcoba cerrada al huerto
Ya la carretera tan larga,
Pasaba el minuto desierto
Con una lentitud amarga,
Ya del sol no quedaba ni una
Mancha de oro en el infinito.
Yo no he visto cosa ninguna
Más triste que ese azul marchito.
Tanto tiempo! dije, hace tanto
Que decliné esta tarde mustia
Con un helado desencanto
Y aromada de vieja angustia,
Delante de los callejones
Bordados de ramas gentiles
Al rimar mis desolaciones
Bajo mis canas infantiles!
Oh, la sentimental pobreza
De los que ni una flor cortamos,
Porque fue hostil la maleza
Para la prisa que llevamos!
De los romeros taciturnos
Que fuimos desdeñando todo,
Llenos de los cielos nocturnos
Que mienten astros en el lodo!
Caminos tiene el alma!.. ¿Fuimos Quizás en busca de un
remedio...?
Siempre asolados nos rendimos Ante las llanuras del tedio...
Y después de soñar ilusos
Que el término no estaba lejos,
Nos despertamos muy confusos
Porque nos encontramos viejos.
Ah, quién mirara la dulzura
Del crepúsculo, adolescente,
O abriera a la mañana pura
Los ojos de un convaleciente!
Y la negra ramazón viva
De los árboles centenarios
Se inclinó, como pensativa
En mis recuerdos solitarios,
Con un son de manantial de agua
Que sigue goteando la pena
De la ilusión que arde en la fragua
De una tarde lenta y serena...
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