134 Poemas eróticos
CUANDO, DESPUÉS DE AMARNOS
Cuando, después de amarnos, te coges el cabello
desordenado, ¡cómo son de hermosos tus brazos!
cual en un libro abierto, surge la letra negra
de tus axilas, fina, dulce sobre lo blanco.
Y en el gesto violento, se te abren los pechos,
y los pezones, tantas veces acariciados,
parecen, desde lejos, más oscuros, más grandes…
el sexo se te esconde, más pequeño y más blando…
¡Oh, qué desdoblamiento de cosas!
Luego, el traje
lo torna todo al paisaje cotidiano,
como una madriguera en donde se ocultaran,
lo mismo que culebras, pechos, muslos y brazos.
TU CUERPO QUE DESEO Y QUE RECHAZO...
Tu cuerpo que deseo y que rechazo
mi voluntad domina. Como el vino
mi mente turba, excita y reconforta.
Después, saciado, siento oscuramente
vergüenza del placer así logrado.
Mas al cabo de un tiempo, tu apetencia
resurge en mí acuciante y desespero
y te busco si no te hallo cercana.
No eres joven ni hermosa, sin embargo.
Pero he de conseguirte nuevamente.
A ti, aunque se me ofrezcan las más bellas.
Y no me importa entonces el orgullo,
vileza, sumisión o servilismo.
Embriagarme en tu cuerpo es lo que importa.
Mi voluntad domina. Como el vino
que la garganta exige, imprescindible,
necesito obtener, poseer tu cuerpo:
esta dosis que viaja hacia mí mismo.
MAGIA ERÓTICA
Me disuelvo
en la magia
giro
en medio del fruto
pulposo
oigo
el suave ruido
de la brasa encendida
el lenguaje húmedo
anclado en la boca.
Un tambor anuncia
tu pulso
tu obscuro río.
Cerrados los ojos
te miro
me miro
honda ceniza soy
ahora.
Hacer el amor
Es como una obra de arte
pasional, expresivo…
en donde juegan un rol
los cincos sentidos.
se detalla la desnudez
sin buscar perfección alguna,
escuchas con ternura
lo que la boca a tu oído susurra.
con cada besos ávidos
y caricias palmo a palmo
sienten es una entrega única,
perciben el olor a sexo
como esencia pura.
Sexólogo por Antonomasia
Sexólogo por Antonomasia
De nuevo te he llamado.
Preso de la carnosidad de tus muslos.
Escucharte erecta la morbosidad mítica de este ente cabrío.
La ingravidez me arrastra al laberinto.
Más como adicto, la caída libre me lleva al centro terráqueo
y deseo seguir hacia el abismo incorpóreo.
Visiono lamer el ánfora que redima esta sed anquilosada.
¿ Piensas que en tus manos meriendo las algas
que bucean en la concupiscencia?
¿ Acaso puedo escapar de la larva noctambula que te perfuma?
¿Para qué encender la luz frente a esas sonrisas de astro fugaz?
Porque me percibes naufrago en la ínsula onírica subyugas mi
ego fálico.
¿ Será que la demencia ha de humedecer mi abstinencia?
¡Ay cuán venenosos son los dardos de vuestro olvido¡
De esos senos áureos solo bebo ahora, la melancolía.
Fantasía
La imaginación vuela,
como ave con las alas rígidas
otea la desnudez del paraje,
en su descenso
se posa en lo tupido
con gran excitación
su esbeltez le arroba,
el silencio se rompe
al gemir el viento,
rauda asciende
y al alcanzar el clímax
exhausta da paso a la realidad.
SOY VERDAD
Soy verdad -verdad impura-,
transparente, sin recodo:
no puedo ser de otro modo,
ni transformar mi estructura.
En mis entrañas fulgura
la obsesión de un pensamiento
que es hambre sexual que siento
en mi cerebro encendida.
Es incurable mi vida:
¡soy y seré de sexo hambriento!
EL INSECTO
De tus caderas a tus pies
quiero hacer un largo viaje.
Soy más pequeño que un insecto.
Voy por estas colinas,
son de color de avena,
tienen delgadas huellas
que sólo yo conozco,
centímetros quemados,
pálidas perspectivas.
Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
¡Oh qué musgo gigante!
¡ Y un cráter, una rosa
de fuego humedecido!
Por las piernas desciendo
hilando una espiral
o durmiendo en el viaje
y llego a tus rodillas
de redonda dureza
como a las cimas duras
de un claro continente.
Hacia tus pies resbalo,
a las ocho aberturas,
de tus dedos agudos,
lentos, peninsulares,
y de ellos el vacío
de la sábana blanca
caigo, buscando ciego
y hambriento tu contorno
de vasija quemante!
DIOTIMA A SU MUY APLICADO DISCÍPULO
"El placer es el mejor de los cumplidos."
Coco Chanel
El más encantador instante de la tarde
tras el anaranjado visillo primorosa.
Y en la mesita el té
y un ramillete, desmayadas rosas,
y en la otomana de rayada seda,
extendida la falda, asomando mi pie
provocativo, aguardo a que tú avecines
a mi cuello, descendiendo la mirada
por el oscuro embudo de mi escote,
ahuecado a propósito. Sonrójome
y tus dedos inician meditadas cautelas
por mi falda; demoran en los profundos túneles
del plisado y recorren las rizadas estrellas
del guipur. Apresúrate, ven, recibe estos pétalos
de rosas, pétalos como muslos
de impolutas vestales, velados. Que mi boca
rebose en sus sedosos trozos, tersos y densos
cual labios asomados a mis dientes
exigiendo el mordisco. Amordázate,
el jadeo de tu alto puñal, y sea tu beso
heraldo de las flores. Apresúrate,
desanuda las cintas, comprueba la pendiente
durísima del prieto seno, míralo, tócalo
y en sus tiesos pináculos derrama tu saliva
mientras siento, en mis piernas, tu amenaza.
SÁBANA DE ARRIBA
Me instalé cuidadosamente doblado
entre la ropa blanca del closet
Sacaste las sábanas de tu cama
y me pusiste de sábana de arriba
Te deslizaste debajo de las tapas
y te cubrí centímetro a centímetro
Entonces fuimos barridos por el huracán
y caímos jadeando en el ojo de la tormenta
Ahora yaces bañada en transpiración
con la vista perdida en el cielo raso
y la sábana de arriba aún enredada entre las piernas.
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