79 Poemas latinoamericanos 

A TI (SUB-UMBRA)

Tú no lo sabes... mas yo he soñado
entre mis sueños color de armiño,
horas de dicha con tus amores
besos ardientes, quedos suspiros
cuando la tarde tiñe de öro
esos espacios que juntos vimos,
Cuando mi alma su vuelo emprende
a las regiones de lo infinito
aunque me olvides, aunque no me ames
aunque me odies, ¡sueño contigo!

Autor del poema: José Asunción Silva

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RECUERDOS DE IZA (Un pueblecito de los Andes)

Creeríase que la población,
después de recorrer el valle,
perdió la razón
y se trazó una sola calle.

Y así bajo la cordillera
se apostó febrilmente como la primavera.

En sus ventanas el alcohol
está mezclado con sol.

Sus mujeres y sus flores
hablan el dialecto de los colores.

Y el riachuelo que corre como un caballo,
arrastra las gallinas en febrero y en mayo.

Pasan por la acera
lo mismo el cura, que la vaca y que la luz postrera.

Aquí no suceden cosas
de mayor trascendencia que las rosas.

Como amenaza lluvia,
se ha vuelto morena la tarde que era rubia.

Parece que la brisa
estrena un perfume y un nuevo giro.

Un cantar me despliega una sonrisa
y me hunde un suspiro.

Autor del poema: Carlos Pellicer

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CLAROSCURO

Cuando sonriente, la aurora
Sus áureos cabellos suelta
Y en el pálido horizonte
Su faz sonrosada muestra,
Y las albas avecillas
De sus manos marfileñas,
Van rasgando de la noche
El amplio manto de niebla,
Un níveo, frágil insecto
De sus ensueños despierta,
Y agitando dulcemente
Sus alas leves, etéreas,
Sediento en busca de flores
Su vuelo ondulante eleva.
Flores que recién se abran
Y en sus copas soñolientas,
Le brinden savia, perfumes
¡Y una llovizna de perlas!

Tenue, vaporoso insecto
Cuyas alas nacareñas,
Del lirio tienen la albura
Y la suave transparencia,
Tal vez de su vara al toque
El hada Delicadeza,
Formólo de una sonrisa
Un silfo, un sueño, una perla.
¡Y la luz diole por sangre
Una gota de su esencia!

Existe un lúgubre insecto
De alas pesadas y negras,
Que espera ansioso el momento
De silencio y de tinieblas
En que en brazos de la noche
Duerme enlutada la tierra,
Y entonces alza su vuelo
De lentitudes funéreas,
¡Vuelo pesante, fatídico,
De vibraciones siniestras!

¡Tétrico, ominoso insecto!
¡Animalaña funesta!
Al vivo fulgor del día
Permanece inmóvil, yerta,
La helada sombra nocturna
Da vida a sus alas muertas.
Es que tal vez de la noche
Le brinda la copa inmensa,
De la esencia del misterio
El vivificante néctar,
Esencia que por lo oscura
Parece su propia esencia!

¡Raro, sublime contraste!
¡Atrayente diferencia!
Aquél, una estrella alada,
Éste, un jirón de tiniebla;
Aquél, graciosa alegría,
Éste, fúnebre tristeza;
Aquél tiene la celeste,
La luminosa belleza,
Del astro claro, radiante,
De una sonrisa arcangélica,
Éste tiene la sombría
Severa magnificencia,
La atracción trágica, extraña,
Irresistible, funesta,
Del abismo devorante!
De la sima negra, tétrica!

Autor del poema: Delmira Agustini

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CORDILLERAS (IV)

El frío es el alba de las pérdidas
amanecían gritando estos paisajes


i. Estamos enfermas gritaban las cordilleras congelándose en
sus alturas


i i. Estamos muy enfermas respondían las llanuras de la pradera
central traspasadas de frío como contestándoles a ellas


iii. Pero sabían que es el frío el maldito de las cordilleras y

que nada más que por eso se hubo de yacer junto a los Andes
hasta que la muerte nos helara con ellos desangrados en
vida frente al alba sólo para que revivan los paisajes

Autor del poema: Raúl Zurita

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TORMENTA

Nuestro viento furioso grita a través de palmas gigantes
sordos bramidos bajan del cielo incendiados con lenguas de leopardos
nuestro viento furioso cae de lo alto.
El golpe de su cuerpo sacude las raíces de los grandes
árboles salen del suelo los escarabajos
las serpientes machos.
Nuestro viento furioso sigue su camino mojado
es el jugo oscuro de la tarde que beben los toros salvajes
es el castigador del campo.
Los hombres oyen en silencio los gemidos del aire
con el alma quebrada, el cuerpo en alto
los pies y la cara de barro.
Las indias jóvenes salen al patio, rompen sus camisas
ofrecen al viento sus senos desnudos, que él se encarga de
afilar como volcanes.

Autor del poema: Joaquín Pasos

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LAS PANTALLAS DE FÁTIMA

Niebla y paisaje. Vago hemisferio
que marca un lírico planisferio;
noche de noches y de zafires
sobre la ruta de los fakires;

luna que azula la lontananza
con las turquesas de su romanza;
cielo que empluma los desahelos
con la quimera de tardos vuelos:

en el desierto de locas glorias
donde se angostan las trayectorias.
Tienden las brumas en los mirajes
Su desabrido guipur de encajes.

Luz indecisa de un asteroide
Sobre la negra mancha elipsoide
Y hay un Mar Muerto tras la neblina,
Como una gota de tinta china.

Autor del poema: Horacio Quiroga

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LA PALABRA QUE NO TE DIJE

Pensar que tantas veces
estuve cerca, cerca de tu lado.

Las palabras rodaban sobre el tema
sin entrar,
como el agua en las piedras.

¡Quizá hasta deseabas
que yo te dijera la expresión abierta!

Los minutos propicios
se malograron en mi lengua,
culpa de las palabras
que no fueron precisas.

La frase preparada tanto tiempo
no pudo conservar el equilibrio
y se dejó caer en el abismo
––volatinera del silencio.

Pensar que tú esperabas la palabra
como la madre al hijo
del fondo de su vientre…

Pensar que tú esperabas la palabra
y que yo nunca, ¡nunca!, te la dije.

Autor del poema: Manolo Cuadra

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EL ENAMORADO

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

Autor del poema: Jorge Luis Borges

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NOCTURNO

Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro
de tu inocencia cándida conservas el tesoro;
a quien los más audaces, en locos devaneos
jamás se han acercado con carnales deseos;
tú, que adivinar dejas inocencias extrañas
en tus ojos velados por sedosas pestañas,
y en cuyos dulces labios —abiertos sólo al rezo—
jamás se habrá posado ni la sombra de un beso...
Dime quedo, en secreto, al oído, muy paso,
con esa voz que tiene suavidades de raso:
si entrevieras en sueños a aquél con quien tú sueñas
tras las horas de baile rápidas y risueñas,
y sintieras sus labios anidarse en tu boca
y recorrer tu cuerpo, y en su lascivia loca
besar todos sus pliegues de tibio aroma llenos
y las rígidas puntas rosadas de tus senos;
si en los locos, ardientes y profundos abrazos
agonizar soñaras de placer en sus brazos,
por aquel de quien eres todas las alegrías,
¡oh dulce niña pálida!, di, ¿te resistirías?...

Autor del poema: José Asunción Silva

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CANCÚN

Monarca de la luz, el mar Caribe
se despliega sensual sobre la arena,
con su corte de azules me recibe
para hablar en audiencia de mi pena.

“No vale tu tristeza, me reclama,
ante mi voluptuosa exuberancia”.
Es que, verá majestad, cuando uno ama
no puede soportar tanta abundancia

a solas con el cuerpo y con el alma
mientras el corazón en la distancia
en un mar de ojos verdes se derrama.

Estoy aquí por otra circunstancia,
pero no estoy aquí, y ese es el drama.
Suplico, majestad, su tolerancia.

Autor del poema: Alberto Cortez

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