Poemas 

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Aquí, en la portada, puedes leer los 100 mejores poemas de siempre, según vuestros votos, separados en dos listas: 50 son de autores consagrados, y los otros 50 de usuarios. Tiene mucho mérito aparecer en esta selección, así que si te esfuerzas a lo mejor te puntúan tan bien que sales aquí. ¡No dejes de intentarlo!

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 TOP50 Usuarios TOP50 Yavendrás

POR CULPA DE LOS NÚMEROS

Por culpa de los números
estuve siempre mal en todo cálculo.
Por no poder usar los logaritmos
la cuenta de mi vida se fue al suelo.
Jamás hallé mi siete
ni pude poner cifras a mis letras.
No supe el porcentaje de mis fraudes.
Tal vez por eso mismo
no tuve nada exacto.
Por no poder restar decimales
me fui llenando de humo,
de vientos y palomas
y nunca pude ser un tres resuelto.
Se me quedó en la nada
mi signo con tu máxima potencia.
Y siempre me rebotan
las gélidas fracciones del olvido.
Por culpa de los números
no me entendieron nunca.
Por culpa de esas plagas
jamás hallé la ruta de la lógica,
jamás un mar tranquilo,
jamás un tiempo eterno.

Por no poder hacer raíz cuadrada
no tuve un edificio de esmeraldas
ni alfombras voladoras.
Me fui quedando pobre,
sin amuletos propios
ni talismanes mágicos.
Por olvidar el álgebra
no pude ser brillante
y apenas me quedaron las gaviotas
y un cráneo lluvioso
en donde hace columpio el arcoiris.
Por culpa de los números
se me cayó la casa de la suerte
y hasta el amor más firme
se fue por la tangente.

Autor del poema: Violeta Luna

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PASILLO

Somos dos
En la misma línea donde todo se alinea
En los meandros de la noche
Hay una palabra en medio
Dos bocas que no se ven
Un ruido de pasos
Un cuerpo ligero se desliza hacia el otro
La puerta tiembla
Pasa una mano
Uno quisiera abrir
El rayo claro erguido
Allí frente a mí
Y lo que nos separa es el fuego
En la sombra donde tu perfil se pierde
Un minuto sin respirar
Al pasar tu aliento me ha quemado

Autor del poema: Pierre Reverdy

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¿POR QUÉ ESTÁS SILENCIOSA?

¿Por qué estás silenciosa? ¿Es una planta
tu amor, tan deleznable y pequeñita,
que el aire de la ausencia lo marchita?
Oye gemir la voz en mi garganta:

Yo te he servido como a regia Infanta.
Mendigo soy que amores solicita…
¡Oh limosna de amor! Piensa y medita
que sin tu amor mi vida se quebranta.

¡Háblame! no hay tormento cual la duda:
Si mi amoroso pecho te ha perdido
¿su desolada imagen no te mueve?

¡No permanezcas a mis ruegos muda!
que estoy más desolado que, en su nido,
el ave a la que cubre blanca nieve.

Autor del poema: William Wordsworth

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DOS CANCIONES DE AMOR PARA EL OTOÑO

I

Cuando ya nada pido
y casi nada espero
y apenas puedo nada
es cuando más te quiero

II

Basta que estés, que seas
que te pueda llamar, que te llame María
para saber quién soy y conocer quién eres
para saberme tuyo y conocerte mía
mi mujer entre todas las mujeres.

Autor del poema: José Coronel Urtecho

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YO LLORO

Yo lloro, sabes,
lloro a veces por tu amor.
Y beso pedacito a pedazo
cada parte de tu cara
y nunca acabo de quererte.

Autor del poema: Juan Rulfo

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EL HOMBRE Y LA CULEBRA

A una Culebra que, de frío yerta,
en el suelo yacía medio muerta
un labrador cogió; mas fue tan bueno,
que incautamente la abrigó en su seno.
Apenas revivió, cuando la ingrata
a su gran bienhechor traidora mata.

Autor del poema: Félix María Samaniego

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EN EL CAMINO

Han pasado diez años y es un día de invierno.
Tú caminas por las avellanedas.
y vas junto a esos sauces amarillos que avanzan
por los ríos con luna.

No será como ahora, no tendrás veinte años;
la nieve irá acercándose a tu casa
y el aire verde moverá en tus ojos
sus bosques de cristal y de silencio.

Recuérdalo, hubo un río.
Los árboles vivían
en el imán del agua.
Por la noche, escuchábamos gotear en las sombras
la canción de los búhos.

Y, luego, la corriente se llevó nuestras caras.
No sabemos a dónde. No sabemos por qué.

Aún estamos aquí.
Pero, de pronto,
han pasado diez años
y tú y yo somos dos desconocidos.

Autor del poema: Benjamín Prado

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A LA SOLEDAD

¡Oh, Soledad! Si contigo debo vivir,
Que no sea en el desordenado sufrir
De turbias y sombrías moradas,
Subamos juntos la escalera empinada;
Observatorio de la naturaleza,
Contemplando del valle su delicadeza,
Sus floridas laderas,
Su río cristalino corriendo;
Permitid que vigile, soñoliento,
Bajo el tejado de verdes ramas,
Donde los ciervos pasan como ráfajas,
Agitando a las abejas en sus campanas.
Pero, aunque con placer imagino
Estas dulces escenas contigo,
El suave conversar de una mente,
Cuyas palabras son imágenes inocentes,
Es el placer de mi alma; y sin duda debe ser
El mayor gozo de la humanidad,
Soñar que tu raza pueda sufrir
Por dos espíritus que juntos deciden huir.

Autor del poema: John Keats

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ORACIÓN DEL NIÑO AL ACOSTARSE

Dame, ¡oh Dios! tu bendición
Antes de entregarme al sueño,
Y de todos los que yo amo
Cuida tú mientras yo duermo.

Por mi madre, por mi padre,
Por mis hermanos te ruego,
Que los guardes largos años
En salud, fuerza y contento.

Dales consuelo a los tristes,
Y remedio a los enfermos,
Y pan al menesteroso,
Y al huérfano amparo y techo.

Que te bendigamos todos
Por tanto que te debemos,
Y que al dormir el sueño último
Despertemos en tu seno.

Autor del poema: Rafael Pombo

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EN EL CAMPO

¡ Qué noche ! El techo que escuda
mi solitario aposento
cruje al soplo que lo abate ;
y desde mi asiento, muda,
oigo del agua y el viento
el prolongado combate.

Mas, ya cesa ; lentamente
callan los lúgubres ecos
de la tempestad lejana.
Ya sólo se oye el torrente
que entre los pedrosos huecos
gime al pié de mi ventana.

Contra los vidrios, afuera,
presa en la peña musgosa
que forma rústico banco,
la débil enredadera
tiembla empapada y llorosa
sobre el oscuro barranco.

En la fragosa quebrada
murmullos hondos, sombríos,
van ya cediendo en violencia,
y la lluvia sosegada
se escurre por los bajíos
con monótona cadencia.

Yo sola en pie permanezco ;
yo sola en toda la casa,
que la oscuridad rodea;
a intervalos me estremezco
al ver vacilar la escasa
luz que junto a mí flamea.

Nervioso desasosiego
turba con terrores varios,
vagamente mis sentidos,
y en el lúgubre sosiego
pienso que escucho lejanos
pavorosos alaridos

¿Qué dice el viento en su vuelo
trayéndome del pasado
el eco desvanecido?...

— ¡ Morir ! !oh, triste consuelo !
¡morir sin haber amado,
morir sin haber vivido !

Negro espectro de la nada
que te alzas en los rincones
y llegas pausado y ledo,
sombra doliente y callada
de mis mustias ilusiones
no vengas, que tengo miedo...

Mañana, cuando la aurora
con su luz brillante y pura
bañe la vega lozana,
llena de horror, como ahora
me oprimirá la negrura
de mi noche sin mañana.

Autor del poema: Adela Zamudio

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