131 Poemas de la vida 

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CANSANCIO

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

Autor del poema: Oliverio Girondo

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Palabras

Enviado por gabl  Seguir


Se vale dejarte ser, como tu quieres.
Se vale respetar tu estado de ánimo.
Se vale dejar que tus pensamientos se manifiesten.
Se vale darte una palabra de aliento.
Se vale que entiendas las palabras del alma, expresadas por otra persona.

30/07/2017
gbl
Derechos Reservados de Autor

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RESISTENCIA AL CÁLCULO

Un silencio fecundo de rugidos
acompaña la tarde litoral y nubosa.
Es una playa ilesa del Pacífico.

Manzanillos de agua, heliconias gigantes
meciéndose en la brisa embriagada de nubes.
De repente, el milagro:
dos papagayos rojos
rebasan el umbral de lo posible.

Justo en ese momento
yo soy un marinero de la Santa María
mirando Guanahani desde el mástil.
Yo soy Keats descubriendo
el Homero de Chapman.
Gagarin comprendiendo
la soledad helada del espacio.
Tenochtitlán, Numancia,
Troya llorando a Héctor,
un órdago de Dios,
Edmund Dantès al viento.

Soy el roce de dos ramas resecas
que encendieron un fuego primitivo.

Es fácil de entender si sales de tu nombre.

En la Tierra el misterio.
Yo he venido
a ser ola a la vez que miro el mar.

Autor del poema: Raquel Lanseros

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Mentiras

Enviado por gabl  Seguir


¿Por qué mientes?
dices que no me quieres.
¡Y no es verdad!
Lo sé cuando me besas,
lo presiento en tu mirada,
en el dejo de tus palabras,
en el placer que experimentas
cuando me abrazas,
¡acaso es una despedida!
¿O la muerte anunciada de nuestro amor?

Me quieres más allá del ocaso
cuando el sol cede sus rayos,
a la oscura noche sorprendida
sin luna y estrellas.
Me dices que dejaste de quererme,
y le huyes a mis ojos,
que recorren tus facciones
en busca de la verdad,
¿Por qué mientes?

¡Ven, acércate! toma mi mano,
¡estás temblando!
cierra los ojos y ámame
porque cerrados puedes ver el amor
ese que quieres terminar.

¿Por qué mientes?
Si sé que me quieres a morir.
Muere en mis brazos, sobre mi pecho
desnudo y tibio, oyendo los latidos del corazón
que hacen eco en tu cuerpo.
Amanece, intenta cubrir tu desnudez con tus manos,
que yo cerraré los ojos para no verte
así como te amé en plena oscuridad.

gbl
21/09/2017
Derechos Reservados de Autor

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EL DERROTADO

Atrás quedaron los escombros:
humeantes pedazos de tu casa,
veranos incendiados, sangre seca
sobre la que se ceba —último buitre—
el viento.

Tú emprendes viaje hacia adelante, hacia
el tiempo bien llamado porvenir.
Porque ninguna tierra
posees,
porque ninguna patria
es ni será jamás la tuya,
porque en ningún país
puede arraigar tu corazón deshabitado.

Nunca —y es tan sencillo—
podrás abrir una cancela
y decir, nada más: «buen día,
madre».
Aunque efectivamente el día sea bueno,
haya trigo en las eras
y los árboles
extiendan hacia ti sus fatigadas
ramas, ofreciéndote
frutos o sombra para que descanses.

Autor del poema: Ángel González

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LA CONDENA

El que posee el oro añora el barro.
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche.

Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos.

Aquel que halló el lugar piensa en marcharse.
El que no lo halló nunca
es desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras que lo cifren
halla sólo palabras.

Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida.

Nuestros tesoros son tesoros falsos.

Y somos los ladrones de tesoros.

Autor del poema: Felipe Benítez Reyes

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EMBRIAGUEZ

En jarros tallados en nácar
apuro un licor ignorado...
Tal vez ni del Rhin en las cavas
pudiera mi sed encontrarlo.
Con una embriaguez de rocío,
borracha de incógnitos hálitos,
tabernas de azul diluido
recorro en perpetuos veranos.
Cuando las abejas
y las mariposas,
agobiadas, ebrias,
vuelen de las pomas,
aún libaré yo mi vaso
de extraño licor...
Hasta que los ángeles
me agiten su níveo penacho,
y a los ventanales
celestes se asomen los santos
para contemplarme
borracha de azul y de sol.

Autor del poema: Emily Dickinson

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EL MONTE Y EL RÍO

En mi patria hay un monte.
En mi patria hay un rio.

Ven conmigo.

La noche al monte sube.
El hambre baja al río.

Ven conmigo.

Quiénes son los que sufren?
No sé, pero son míos.

Ven conmigo.

No sé, pero me llaman
y me dicen "Sufrimos".

Ven conmigo.

Y me dicen: "Tu pueblo,
tu pueblo desdichado,
entre el monte y el río,

con hambre y con dolores,
no quiere luchar solo,
te está esperando, amigo".

Oh tú, la que yo amo,
pequeña, grano rojo
de trigo,
será dura la lucha,
la vida será dura,
pero vendrás conmigo.

Autor del poema: Pablo Neruda

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Raíces

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Un misterio une los cuerpos,
se atraen,
se repelen,
se aman,
se odian.
Es una fuerza invisible
que nos va cubriendo,
nos envuelve,
nos transforma,
nos ata como raíces
a la tierra.
Nos desprende como hojas secas
que el viento arrastra,
y somos abono
de otras raíces,
de otros árboles.
Donde mariposas
libarán utopías,
como néctares
brotados de bellas flores,
bañadas de luz,
y el trinar de pájaros
será la voz, será la poesía.

gbl
05/05/2018
Derechos Reservados de Autor

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EL BESTIARIO O CORTEJO DE ORFEO

I. El dromedario

Teniendo cuatro dromedarios
Don Pedro de Alfarubeira
Fue por el mundo y lo admiró.
Él hizo lo que hiciera yo
Teniendo cuatro dromedarios.

2. La cabra del Tibet

Los pelos de esta cabra, y esos
Dorados, el embeleso
De Jasón, nada son al lado
De los que me han enamorado.

3. La langosta

Es esta la esbelta langosta,
El alimento de San Juan;
Ojalá mis versos, como ella,
De buenas gentes sea el pan.

4. El delfín

Delfines, jugáis en el mar,
Pero las olas son amargas.
¿A veces brota mi alegría?
La vida es siempre despiadada.

5. Elcangrejo

Incertidumbre, iremos lejos
y alegres, sin volver jamás,
Así como van los cangrejos;
De para atrás... de para atrás...

6. La carpa
En los estanques y en las charcas,
Cuánto tiempo vivís, ¡áh carpas!
¿Acaso la muerte os olvida,
Peces de la melancolía?

Autor del poema: Guillaume Apollinaire

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