237 Poemas de desamor
Perdida total.
No se hacia donde voy
pero hace frio
No se si llegare
pero me siento sola
Feliz de haberte conocido
Triste de haberte despedido
Me falla el corazón
cuando te pienso.
Moriré escribiéndote
lo se
es mi destino.
AMAR SIN SER QUERIDO
Un dolor jamás dormido,
una gloria nunca cierta,
una llaga siempre abierta,
es amar sin ser querido.
Corazón que siempre fuiste
bendecido y adorado,
tú no sabes, ¡ay!, lo triste
de querer no siendo amado.
A la puerta del olvido
llama en vano el pecho herido:
Muda y sorda está la puerta;
que una llaga siempre abierta
es amar sin ser querido.
TE FUISTE
Da igual si era de día o de noche
o la estación del año que acontecía,
da igual si estaba solo
o el lugar del que volvía
te fuiste
y del techo sangraron rabias y futuros predecibles
y las estatuas se echaron las manos a la cabeza
y los misterios se hicieron pesados y los caminos cuestas
y mis recuerdos volvieron a escupir todos mis errores
y el viento trajo dudas y hasta aconsejaron los niños
y los panes se endurecieron como pedruscos
y el asfalto rebañó con su gris todas las bocas
y mis piernas fueron palos y mis manos desiertos
y de las nubes llovieron vómitos y legañas
y los peces siguieron su camino hipnotizados
y el bosque volvió a encerrarse entre sus ramas
y mi corazón quedó último y descalificado
te fuiste
y yo…
volví a ser otra línea negra en la ciudad.
ATARDECER SOLITARIO
Se tambalea en la vacía la botella y en el vaso
el brillo de la vela;
hace frío en la habitación.
Afuera cae la lluvia sobre la hierba.
Te tiendes de nuevo para descansar brevemente
avasallado por el frío y la tristeza.
El amanecer y el atardecer llegan de nuevo,
siempre vuelven:
tú, jamás.
LA OTRA ELLA.
Enviado por goidcaster09 Seguir
A veces sueño con ella a veces también con aquella.
Pero se que;
Ella me ama la otra me desarma.
Ella es duradera
La otra efímera.
Ella es mi fortuna
La otra mi infortuna.
Ella es mi quietud
La otra mi inquietud.
Ella es mi edén
La otra mi andén.
Ella me altera los pensamientos
La otra me obnubila los sentimientos.
Por ella dejaría de escribir
La otra me desearía morir.
Ella con su belleza adorna al mundo la otra con su vileza lo va opacando.
Ella con su belleza cautivo mi corazón la otra con su torpeza destrozo mi armazón.
Sueño con ella, y también con aquella Y, no soy dueño de ninguna.
Göid_Cäster
Caminante solitario
Me marché lejos de ti, de tu ansioso calor;
Fui cobarde y te dejé.
Ya no podía respirar bajo tu fuerte presencia.
Como un náufrago perdido me sentí junto a ti.
Caminé por la soledad de mi corazón, por el vacío de mi alma,
saboreé el dolor agrio, como si fuera mi único alimento.
Me vi en un bosque sombrío, en un desierto desolado
Caminé envuelto en el olvido
que me arrebató el recuerdo de tu amor.
Por mucho que lo intenté, no pude romper
las cadenas de mi soledad.
Volví a ti, exhausto de tanto caminar y llorar
con la esperanza de recuperar tu amor, tu calor.
Pero la frialdad en el brillo de tus ojos,
me dijeron que era demasiado tarde.
Y así vuelvo a la aridez de mi desierto corazón
cansado y perdido en mi soledad.
Arrastrando el dolor como compañía,
y mi sombra sin alma,
como compañera de mi caminar.
¿Hasta dónde alcanzará mi viaje? No lo sé.
ESPERO CURARME DE TI
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
POEMA EN GRIS
Igual que un pájaro en su jaula
que no tiene un cielo azul
donde extender sus alas
—así me echo de menos—
sin los cielos untados de tu presencia
donde mi dicha pastoreaba nubes
tarde a tarde.
ASÍ, VERTE DE LEJOS
Así, verte de lejos, definitivamente.
Tu vas con otro hombre, y yo con otra mujer.
Y sí que como el agua que brota de una fuente
Aquellos bellos días ya no pueden volver.
Así, verte de lejos y pasar sonriente,
como quien ya no siente lo que sentía ayer,
y lograr que mi rostro se quede indiferente
y que el gesto de hastío parezca de placer.
Así, verte de lejos, y no decirte nada
ni con una sonrisa, ni con una mirada,
y que nunca sospeches cuanto te quiero así.
Porque aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
la noche entera es corta para soñar contigo
y todo el día es poco para pensar en ti.
NOCTURNO A ROSARIO
Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.
De noche cuando pongo
mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo
y mi alma no te olvida,
¡qué quieres tú que yo haga
pedazo de mi vida;
qué quieres tú que yo haga
con este corazón!
Y luego que ya estaba?
concluido el santuario,
la lámpara encendida
tu velo en el altar,
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...
Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías;
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.
¡Que hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo.
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos, un alma sola,
los dos, un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Díos!
¡Figúrate qué hermosas
las horas de la vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida,
y al delirar en eso
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más por ti.
Bien sabe Díos que ése era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Díos que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡adiós por la última vez,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores,
mi mira de poeta,
mi juventud, adiós!
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