170 Poemas de desamor 

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ORACIÓN FÚNEBRE

Estás muerta.

Puedo mirarte en paz con toda facilidad. Tu frente es
pequeña y redonda. Antes no la había visto. Eres torpe.
Ahora veo que eres torpe.

Tienes pequeños ojos guiñadores. Ahora los veo. Todo
es pequeño y mezquino en tu casa. Tus cabellos son
rebeldes, gruesos, groseros. Ahora lo veo. Tu labio pende
como el de una muchacha de cocina.
Ahora todo lo veo.
Estás muerta. Tú no eres nada.

Tú sólo eras una muchacha de cocina, una sucia. Una
que debía morir.
Pero yo te amaba. Eso era.

Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.
Me agradaba acariciar tus cabellos tanto, cuando ellos
eran vivos. Yo amaba todo lo que había de feo en tu
casa, tanto cuando esa fealdad era viviente.

Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.
Yo acariciaba tu cabellera, aunque ella fuese gruesa,
grosera. Yo amaba tus pequeños ojos, cuando ellos
miraban delante de ellos en el mundo, la mañana.

Entonces yo amaba todo en tu casa.
Ahora esto ha concluido. Ahora tú has muerto.
Yo amaba tus grandes pies. Y tus manos agrietadas
las amaba también.
Ahora ellas están muertas. Ahora ya no existe nada.
Es preciso que continúe mi camino, que marche, que marche.
Tú, tú has muerto.
Ahora nada existe.
Ahora, tú, tú has muerto.
Ahora ya no existe nada en el mundo entero.

Autor del poema: Pär Lagerkvist

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EXIGENCIA

Enviado por caradeyaven  Seguir

Acudía cada día a ella.

Algunos días, varias veces,
tantas que, a nadie del pueblo
le sorprendió su final.

Cada vez, exigía más y más
y al ver que otros la rodeaban
ofreciéndoles lo mismo que a él,
terminó acosándola descaradamente,
manos en jarra y cuello erguido,
exigiendo y exigiendo.

Tanto fue el cántaro a la fuente
que el juez ordenó
una orden de alejamiento,
que, sin duda, fue lo que
definitivamente lo rompió.


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A UNA ESTRELLA

¿Quién eres tú, lucero misterioso,
tímido y triste entre luceros mil,
que cuando miro tu esplendor dudoso,
turbado siento el corazón latir?

¿Es acaso tu luz recuerdo triste
de otro antiguo perdido resplandor,
cuando engañado como yo creíste
eterna tu ventura que pasó?

Tal vez con sueños de oro la esperanza
acarició tu pura juventud,
y gloria y paz y amor y venturanza
vertió en el mundo tu primera luz.

Y al primer triunfo del amor primero
que embalsamó en aromas el Edén,
luciste acaso, mágico lucero,
protector del misterio y del placer.

Y era tu luz voluptüosa y tierna
la que entre flores resbalando allí
inspiraba en el alma un ansia eterna
de amor perpetuo y de placer sin fin.

Mas ¡ay! que luego el bien y la alegría
en llanto y desventura se trocó:
tu esplendor empañó niebla sombría;
solo un recuerdo al corazón quedó.

Y ahora melancólico me miras
y tu rayo es un dardo del pesar
si amor aun al corazón inspiras,
es un amor sin esperanza ya.

¡Ay lucero! yo te vi
resplandecer en mi frente,
cuando palpitar sentí
mi corazón dulcemente
con amante frenesí.

Tu faz entonces lucía
con más brillante fulgor,
mientras yo me prometía
que jamás se apagaría
para mí tu resplandor.

¿Quién aquel brillo radiante
¡oh lucero! te robó,
que oscureció tu semblante,
y a mi pecho arrebató
la dicha en aquel instante?

¿O acaso tú siempre así
brillaste y en mi ilusión
yo aquel esplendor te di
que amaba mi corazón,
lucero, cuando te vi?

Una mujer adoré
que imaginaría yo un cielo;
mi gloria en ella cifré,
y de un luminoso velo
en mi ilusión la adorné.

Y tú fuiste la aureola
que iluminaba su frente,
cual los aires arrebola
el fúlgido sol naciente,
y el puro azul tornasola.

Y astro de dicha y amores,
se deslizaba mi vida
a la luz de tus fulgores,
por fácil senda florida,
bajo un cielo de colores.

Tantas dulces alegrías,
tantos mágicos ensueños
¿dónde fueron?
Tan alegres fantasías,
deleites tan halagüeños,
¿qué se hicieron?

Huyeron con mi ilusión
para nunca más tornar,
y pasaron,
y solo en mi corazón
recuerdos, llanto y pesar
¡ay! dejaron.

¡Ah lucero! tú perdiste
también tu puro fulgor,
y lloraste;
también como yo sufriste,
y el crudo arpón del dolor
¡ay! probaste.

¡Infeliz! ¿por qué volví
de mis sueños de ventura
para hallar
luto y tinieblas en ti,
y lágrimas de amargura
que enjugar?

Pero tú conmigo lloras,
que eres el ángel caído
del dolor,
y piedad llorando imploras,
y recuerdas tu perdido
resplandor.

Lucero, si mi quebranto
oyes, y sufres cual yo,
¡ay! juntemos
nuestras quejas, nuestro llanto:
pues nuestra gloria pasó,
juntos lloremos.

Mas hoy miro tu luz casi apagada,
y un vago padecer mi pecho siente:
que está mi alma de sufrir cansada,
seca ya de las lágrimas la fuente.

¡Quién sabe!... tú recobrarás acaso
otra vez tu pasado resplandor,
a ti tal vez te anunciará tu ocaso
un oriente más puro que el del sol.

A mí tan sólo penas y amargura
me quedan en el valle de la vida;
como un sueño pasó mi infancia pura,
se agosta ya mi juventud florida.

Astro sé tú de candidez y amores
para el que luz te preste en su ilusión,
y ornado el porvenir de blancas flores,
sienta latir de amor su corazón.

Yo indiferente sigo mi camino
a merced de los vientos y la mar,
y entregado, en los brazos del destino,
ni me importa salvarme o zozobrar.

Autor del poema: José de Espronceda

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Olvido

Enviado por gabl  Seguir

Fue corto y tedioso el olvido
como tímidas gotas de lluvia,
efímeras, casi desapercibidas en mi vida,
que solo dejaron frías huellas
del raudo paso y rutina amorosa.
Fue un sueño, una ilusión perdida,
como despertar angustioso
en noche incierta.
gbl
29/08/2018
Derechos Reservados de Autor

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Pétalos

Enviado por gabl  Seguir

Cayeron uno a uno
los pétalos de la rosa,
semejando lágrimas
manadas del manantial
de tus ojos.
gbl
25/082018
Derechos Reservados de Autor

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Tu realidad

Enviado por guez  Seguir

Eres un monstruo disfrazado de primoroso.
Dios te a otorgado un físico hermoso, por que Dios reconoce que tu alma esta maldita y que si hubiese asignado el rostro semejante a tu meollo, voz hubiese sido el hombre más horroso.

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Meretriz

Enviado por gabl  Seguir

Meretriz.

Cuanto más te amaba arruinabas
nuestras vidas en el fango desleal
vislumbrada por el brillo del oro
la opulencia y el amor comprado.

Caíste en el ruin juego traicionero
que te brindaba el infiel momento
cegada y convencida por falsos halagos
te burlabas del sentimiento verdadero.

Ocultando la complicidad del amante
mentías ante los ojos de la pureza
que te escudriñaban como reclamo
ante la cruel y compartida bajeza.

En el trajinar el auge amatorio
decreció en el fulgor apagado
de pasión humillada en tu cuerpo
deslucido y maltratado en el tiempo.

Transcurrió la década envejeciendo
tu enferma humanidad como castigo
a la traición viciosa vivida sin reserva
por la bajeza del amor comprado.

gbl
21/01/2016
Derechos Reservados de Autor

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Rechazo

Enviado por gabl  Seguir

(Prosa)

Me negaste abrazarte
en la noche fría,
como rechazo a la culpa
que carcome tu alma.

De sentimientos burlados
por amores eventuales,
Ilusiones inciertas que mueren
cuando se apaga la noche.

Amor pasajero y fugaz
como el cometa repentino,
mujer que perdiste respeto
del hombre que te amó.

De presencia impura
y dignidad mancillada,
mujer de lánguida mirada
y futuro incierto sin visión.

Hoy te confiesas ante la vida
arrepentida de actos innobles,
clamando perdón por el pasado
que marcó tu tránsito de nobleza.

Manchado por codicia de apariencia
y majestad impropia a tu ser,
es tarde para recibirte y aceptar
tu vil y despreciable presencia.

Irás por el mundo sin rumbo fijo
hasta que el cansancio asole tus días
y amaine como el viento tus fuerzas
y la vida escape en último aliento.

gbl
1/5/2016
Derechos Reservados de Autor

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Dios mío, que tormento

Enviado por jramos  Seguir

¡Oh Dios mío que tormento!
Ella me quiere lo sé ,
no tengo que cortar pétalos de flor para saberlo,
pues así como yo la querré.
ella también me querrá, yo lo siento .

Sus labios me niegan,
pero sus ojos me dicen algo contrario,
pues su corazón y su alma me esperan,
sólo necesito oírlo de sus labios.

¡Oh Dios mío pero que tormento!
oh Dios, se que es mucho pedir
yo sólo quiero que me quiera, como yo la quiero,
es que hay tantas palabras que le quiero decir.

todo se queda aislado en mi pecho,
tu puedes hacer que su mirada sea sólo mía
y que me piense tal como yo la pienso,
es mucho pedir que yo sea quien ilumine sus días.

Dios mío, tú que lo sabes todo
dime que es lo que ella siente,
pues noto su despojo,
pero se que me quiere, dime que no sólo está en mi mente.

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Camino

Enviado por gabl  Seguir


Como el polvo al viento en camino despejado,
de tránsito incierto dejas huella del paso apurado,
sin volver la vista, te alejas del presente
en búsqueda del futuro incierto, muy ausente.

Muy apartado, como libro en blanco, sin historia
sin páginas escritas, o marcadas, sin euforia,
es fatalidad labrada o jugada del destino infalible,
que marcaron tus días y serán ineludibles.

gbl
26/03/2018
Derechos Reservados de Autor

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