80 Poemas de despedida 

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VIVIR SIN TU AUSENCIA PUEDO VIVIR...

Enviado por gabl  Seguir

Vivir sin tu Ausencia.

Puedo vivir sin ser tu ausencia,
sin tus recuerdos, solo mi soledad
Será mi sombra, mi espacio,
mi tiempo, mis horas frías.

Puedo vivir en la penumbra
de tus ojos, de tu mirada,
en la oscuridad total, sin luz
sin saber si anocheció.

O me quedé ciego, mejor así
no veré mi tristeza, mis ojos,
no mirarán mi alma desnuda,
y vendrás un día, no te veré.

Tú me verás, dormido, absorto,
en mi mundo de tinieblas.
Sabré que estás allí, por tu perfume,
tu aroma me devolverá la visión.

Saldré de las sombras veré el color.
del azulado día, y me dirás
que ya no seré tu ausencia
que dejaré de ser tu recuerdo.

gbl
08/01/2018
Derechos Reservados de Autor


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EN OCASIÓN DE TODOS LOS FINALES

Yo nunca resistí las despedidas
con su mezcla de muerte y precipicio
con el aroma amargo de la finitud
empalagando el ánimo
con esa luz de hielo matutino
que penetra debajo de los párpados.

Yo nunca resistí las despedidas
pero no sé por qué.
Me lo pregunto porque no ha supuesto
una sorpresa súbita casi ninguna de ellas.
He solido saber
con esa exactitud de los relojes
el lugar, el momento
la documentación y el escenario
en que sobrevinieron.

No hay engaño. El jueves diecinueve
era un jueves sin ti. Estaba escrito
mucho antes que las lágrimas
anunciasen el fin
y todo fin es único.

Las despedidas son como el otoño
inevitables pérdidas
vienen puntuales con aviso previo.
Nadie puede acusar de su tristeza
a la pequeña hoja tiritando dormida
en medio del camino.

De repente esa hoja me recuerda
los hoteles pintados de naranja.
Son dos cosas que llegan de otra época
igual que llega la bruma de noviembre.
Traen una carga de nostalgia limpia
sin traición ni sorpresa.
Y sin embargo el alma
no logra acostumbrarse en una vida.

Yo nunca resistí las despedidas
porque en cada una de ellas se marchita la voz
de todas las personas que yo he sido
y ya no puedo ser.

Autor del poema: Raquel Lanseros

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AL DESPEDIRME DE CAMBRIDGE OTRA VEZ

Suavemente me alejo,
tan suavemente como vine un día;
y suavemente me despido de las nubes
del cielo de occidente.

En la ribera los sauces dorados
son novias jóvenes en el sol que se oculta.
Sus imágenes brillan en el río fulgurante
y se han quedado en mi alma.

Los juncos verdes enraizados en fango
se mecen sin prisa en el agua que corre.
Quién fuera uno de ellos, hierba silvestre,
en el dulce fluir del Río Cam.

En el estanque que protegen los olmos
no hay agua cristalina, sino un arco-iris
estrujado en la lama
donde anidan los sueños de colores.

¿Para ir en pos de un sueño?
Habría que ir río arriba donde todo es más verde
y dejar que la barca se llenara de estrellas
cantando con fuerza bajo su luz radiante.

Sin embargo no puedo ya cantar ahora.
Que la paz sea la última música de mi partida.
Ni los grillos se atreven a romper mi silencio.
Cae la noche en Cambridge, y Cambridge está muda.

Quietamente me alejo,
tan quietamente como vine un día.
Diciendo adiós, la manga de mi traje ondea.
No me llevo ni una sola nube.

Autor del poema: Xu Zhimo

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DESPEDIDA AL PIANO

Tristes los ojos, pálido el semblante,
de opaca luz al resplandor incierto,
una joven con paso vacilante
su sombra traza en el salón incierto.

Se sienta al piano: su mirada grave
fija en el lago de marfil que un día
aguardó el beso de su mano suave
para rizarse en olas de armonía.

Agitada, febril, con insistencia
evoca al borde del teclado mismo,
a las hadas que en rítmica cadencia
se alzaron otra vez desde el abismo.

Ya de Mozart divino ensaya el estro,
de Palestrina el numen religioso,
de Weber triste el suspirar siniestro
y de Schubert el canto melodioso.

-¡Es vano! -exclamó la joven bella,
y apagó en el teclado repentino
su último son, porque sabía ella
que era inútil luchar contra el destino.

-Adiós -le dice-, eterno confidente
de mis sueños de amor que el tiempo agota,
tú que guardabas en mi edad riente
para cada ilusión alguna nota;

hoy mudo estás cuando tu amiga llega,
y al ver mi triste corazón herido,
no puedes darme lo que Dios me niega:
¡la nota del amor o del olvido!

Autor del poema: Salvador Díaz Mirón

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CASI A LA ORILLA

Después de lo gozado
y lo sufrido,
después de lo ganado
y lo perdido,
siento
que existo aún
porque ya,
casi a la orilla
de mi vida,
puedo recordar
y gozar
enloquecido:
en lo que he sido,
en lo que es ido...

Autor del poema: Elías Nandino

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¿Cómo comenzar?

Enviado por mal443  Seguir

No se como comenzar este verso, ya que es dolor lo que siente mi alma. pero no es un dolor como el de perder una cosa que amas, sino el perder varias a la vez.
Hoy le digo adiós a mi infancia, mi inocencia, nobleza y mis sentimientos más sincero.
Ya dicho esto alguien ayudeme a... TERMINAR ESTE VERSO.

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PARALELOS

Enviado por fernandoburgara  Seguir

Vamos caminando a la par
Ni yo tras de ti, ni tú tras de mí
Tú de tu lado, yo del mío
Sin mirarnos, sin sabernos propios
Pero en el mismo camino
Tú con tus metas, yo con las mías
Yo tan indiferente y tú tan arrogante.

Vamos sin voltear a vernos
Como si el instinto nos dijera
Que cruzarnos seria catástrofe,
Hecatombe de emociones,
Galaxias inexploradas.

Vamos los dos luchando
Tú con tus gritos revolucionarios,
Yo con mis poesías
Pero no nos encontramos
Pues caminamos por los mismos lugares
Pero en diferentes tiempos
Tú con tu voz, yo con mi silencio.

Andamos perdidos el uno del otro
Pero no lo sabemos.
Tu cuerpo y el mío colapsarían
En explosión en pasiones.
Pero seguimos así, andando
Tú sin mí, yo sin ti
Estamos vivos y eso es lo que importa
¡Hola, mucho gusto, Buena suerte, Adiós!
Somos dos líneas paralelas.
Espero verte en la victoria…
Al menos desde mi lado.

-Jesús Fernando Burgara.

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DESPEDIDA

...el caso no ofrece
ningún adorno para la diadema de las Musas.
Ezra Pound

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las virtudes y de las gracias del planeta:
los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
camino conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas en que las calles se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuya cara suelo ver en sueños
iluminada por la triste mirada de linternas
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto-

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

Autor del poema: Jorge Teillier

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Por el camino

Enviado por gabl  Seguir

Y te alejaste de mí
en mañana fría de invierno,
solo llevaste el abrigo,
que el clima no perdonó
tu cuerpo frágil y trémulo.

Miro a lo lejos del camino,
perdiendo la visión y tu forma
de mujer que se evapora,
como fluido disperso en el aire
que dibuja formas espectrales.

gbl
05/052018
Derechos Reservados de Autor

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Adiós

Enviado por gabl  Seguir

(En honor a Gabriela Mistral)

En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
«Vamos hacia el mar
que devora al Sol».
Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
«Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol».
Ni por juego digas
o exageración
que nos separaron
tierra y mar, que son
ella, sueño y el
alucinación.
No te digas solo
ni pida tu voz
albergue para uno
al albergador.
Echarás la sombra
que siempre se echó,
morderás la duna
con paso de dos...
Para que ninguno,
ni hombre ni dios,
nos llame partidos
como luna y sol;
para que ni roca
ni viento errador,
ni río con vado
ni árbol sombreador,
aprendan y digan
mentira o error
del Sur y del Norte,
del uno y del dos!

GABRIELA MISTRAL
CHILE


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