79 Poemas de despedida 

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DESPEDIDA

Es preciso que levantes el brazo derecho
porque quiero llevar de ti un recuerdo de árbol.
Quiero saber que dejo sembrada en el horizonte
tu mano.

Tu mano que al viento crezca recordada,
tu mano que lo diga todo. Nada.

Es preciso que levantes el brazo derecho
para ver de lejos temblar tu corazón entre tus dedos.
Tu corazón, fruto que dio, sembrada en mis recuerdos
tu mano.

Tu mano que al viento diga de ese modo
nada. Todo.

Autor del poema: Joaquín Pasos

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DESPEDIDA

...el caso no ofrece
ningún adorno para la diadema de las Musas.
Ezra Pound

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las virtudes y de las gracias del planeta:
los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
camino conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas en que las calles se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuya cara suelo ver en sueños
iluminada por la triste mirada de linternas
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto-

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

Autor del poema: Jorge Teillier

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CANCIONES

No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.

Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida
qu'eres tú sola remedio.

Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
e con tu venida espero
no tener vida conmigo.

Autor del poema: Jorge Manrique

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EPÍLOGO

Me arrepiento de tanta inútil queja,
de tanta
tentación improcedente.
Son las reglas del juego inapelables
y justifican toda, cualquier pérdida.
Ahora
sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme llorar:

una resurrección, ninguna muerte.

Autor del poema: Ángel González

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Sufrir

Enviado por gabl  Seguir

Sufre el que se va,
sufre el que se queda,
sufrimos los dos.

Ahora dime;
¿Por qué sufrir?
por amor,
por la soledad,
¿O por qué tú lo decidiste?

Sufrir por amor rompe el alma
y el dolor queda latente
solo un abrazo y un beso
curará este sufrimiento.

Te propongo olvidar el pasado,
secar las lágrimas de tus ojos cansados,
mientras tanto me quedo con el recuerdo
envuelto en nostalgias y sueños turbulentos.

gbl
09/08/2017
Derechos Reservados de Autor

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MI ULTIMA POESIA EN LA ARENA

Enviado por doblezeroo  Seguir

***

No voy a ser, furioso, hoy ese poeta
que escriba versos colmados de sangre
cansado de pensar en las estrellas.

No voy a compartirme ni buscarme
entre los pétalos de cuarzo y luna
que por la noche platean el oleaje.

Que al desamor de tu ausencia, resulta,
me he convencido a no dar más pábulo
con poesías, exilio de mis musas,

donde, un día, lo fuimos todo. ¿Acaso
cariño mío, tu ya no recuerdas,
en esta playa, cuanto nos amamos?.

No vengo a regresarme, tu me entiendas,
yo a por ti ya no regreso, mi amada,
fueron quinientas las noches, hasta esta,

que un halo de ilusión traje en el alma
esparciendo, mi amor, en nuestra orilla
y con quinientas-una noches ¡basta!.

Hoy, ya vienes tarde a por mis poesías
que han ido menguando, sobre la arena,
como mengua el cauterio de una herida.

No más órganos, por ti, en esta tierra
no más dolor ni lagrimas saladas
para volver de vuelta con miserias.

Mi desventura y sus conjuntos, claman,
en cada uno de los versos que escribí,
al "adiós", que aun puedo ver en tu cara,

de aquel día que te marchaste, así,
como un quetzal de prismas que alza el vuelo
sin dejar de mirar a través de mi.

Quinientas nos separan ya de aquello
y esta es la noche que te digo "adiós",
y la última vez que escribo un "te quiero".

***

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NO TE VEO. BIEN SÉ...

No te veo. Bien sé
que estás aquí, detrás
de una frágil pared
de ladrillos y cal, bien al alcance
de mi voz, si llamara.
Pero no llamaré.
Te llamaré mañana,
cuando, al no verte ya
me imagine que sigues
aquí cerca, a mi lado,
y que basta hoy la voz
que ayer no quise dar.
Mañana... cuando estés
allá detrás de una
frágil pared de vientos,
de cielos y de años.

Autor del poema: Pedro Salinas

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Yo

Enviado por gabl  Seguir

Yo.
Yo soy
tu pasión,
tu romance,
tu amor.

Yo soy
el desamor,
el odio,
el dolor.

Yo soy
la alegría,
el gozo,
la tristeza.

Yo soy
la noche,
la madrugada,
el amanecer.

Yo soy
tu voz,
la palabra,
el eco.

Yo soy
tu vida,
tu muerte,
tu renacer.

gbl
02/03/2018
Derechos Reservados de Autor

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44

Enviado por penelopo2  Seguir

En el fondo heroico del mar argentino.
Una sombra obscura Buscaba un lugar
era un cofre de oro Lleno de marinos
Cuidando fronteras Por la eternidad
Donde estas hermano.
Donde estas papa...
Arrojo unas flores A las frias olas Que un amgel marino Te las llevara.
Que amor tan extraño
Te llevo a la muerte
Tal vez haya sido La curiosidad
Saber como era la vida encerrado
En una burbuja
En el fondo del mar.
Cuando el horizonte
Reciba en sus brazos
Al sol ya cansado De tanto alumbrar.
44 estrellas adornaran el cielo
44 estrellas brillaran el mar.

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SOMBRA DE HUMO

¡Sombra de humo cruza el prado!
¡Y que se va tan de prisa!
¡No da tiempo a la pesquisa
de retener lo pasado!

Terrible sombra de mito
que de mi propio me arranca,
¿es acaso una palanca
para hundirse en lo infinito?

Espejo que me deshace
mientras en él me estoy viendo,
el hombre empieza muriendo
desde el momento en que nace.

El haz del alma te ahuma
del humo al irse a la sombra,
con su secreto te asombra
y con su asombro te abruma.

Autor del poema: Miguel de Unamuno

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