80 Poemas de despedida 

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MI ULTIMA POESIA EN LA ARENA

Enviado por doblezeroo  Seguir

***

No voy a ser, furioso, hoy ese poeta
que escriba versos colmados de sangre
cansado de pensar en las estrellas.

No voy a compartirme ni buscarme
entre los pétalos de cuarzo y luna
que por la noche platean el oleaje.

Que al desamor de tu ausencia, resulta,
me he convencido a no dar más pábulo
con poesías, exilio de mis musas,

donde, un día, lo fuimos todo. ¿Acaso
cariño mío, tu ya no recuerdas,
en esta playa, cuanto nos amamos?.

No vengo a regresarme, tu me entiendas,
yo a por ti ya no regreso, mi amada,
fueron quinientas las noches, hasta esta,

que un halo de ilusión traje en el alma
esparciendo, mi amor, en nuestra orilla
y con quinientas-una noches ¡basta!.

Hoy, ya vienes tarde a por mis poesías
que han ido menguando, sobre la arena,
como mengua el cauterio de una herida.

No más órganos, por ti, en esta tierra
no más dolor ni lagrimas saladas
para volver de vuelta con miserias.

Mi desventura y sus conjuntos, claman,
en cada uno de los versos que escribí,
al "adiós", que aun puedo ver en tu cara,

de aquel día que te marchaste, así,
como un quetzal de prismas que alza el vuelo
sin dejar de mirar a través de mi.

Quinientas nos separan ya de aquello
y esta es la noche que te digo "adiós",
y la última vez que escribo un "te quiero".

***

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NO TE VEO. BIEN SÉ...

No te veo. Bien sé
que estás aquí, detrás
de una frágil pared
de ladrillos y cal, bien al alcance
de mi voz, si llamara.
Pero no llamaré.
Te llamaré mañana,
cuando, al no verte ya
me imagine que sigues
aquí cerca, a mi lado,
y que basta hoy la voz
que ayer no quise dar.
Mañana... cuando estés
allá detrás de una
frágil pared de vientos,
de cielos y de años.

Autor del poema: Pedro Salinas

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LA ROSA AZUL

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Se me torna celeste la mano, me contagio de otra poesía
Y las rosas de olor, que pongo como ella las ponía, exaltan su color;
y los bellos cojínes, que pongo como ella los ponía, florecen sus jardines;
Y si pongo mi mano -como ella la ponía- en el negro piano,
surge como en un piano muy lejano, mas honda la diaria melodía.

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
me inclino a los cristales del balcón, con un gesto de ella
y parece que el pobre corazón no está solo.
Miro al jardín de la tarde, como ella,
y el suspiro y la estrella se funden en romántica armonía.

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Dolorido y con flores, voy, como un héroe de poesía mía.
Por los desiertos corredores que despertaba ella con su blanco paso,
y mis pies son de raso -¡oh! Ausencia hueca y fría!-
y mis pisadas dejan resplandores.

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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SOMBRA DE HUMO

¡Sombra de humo cruza el prado!
¡Y que se va tan de prisa!
¡No da tiempo a la pesquisa
de retener lo pasado!

Terrible sombra de mito
que de mi propio me arranca,
¿es acaso una palanca
para hundirse en lo infinito?

Espejo que me deshace
mientras en él me estoy viendo,
el hombre empieza muriendo
desde el momento en que nace.

El haz del alma te ahuma
del humo al irse a la sombra,
con su secreto te asombra
y con su asombro te abruma.

Autor del poema: Miguel de Unamuno

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LA PARTIDA

¡Todo acabó! La vela temblorosa
se despliega a la brisa del mar,
y yo dejo esta playa cariñosa
en donde queda la mujer hermosa,
¡ay!, la sola mujer que puedo amar.
Si pudiera ser hoy lo que antes era,
y mi frente abatida reclinar
en ese seno que por mí latiera,
quizá no abandonara esta ribera
y a la sola mujer que puedo amar.

Yo no he visto hace tiempo aquellos ojos
que fueron mi contento y mi pesar;
loa amo, a pesar de sus enojos,
pero abandono Albión, tierra de abrojos,
y a la sola mujer que puedo amar.
Y rompiendo las olas de los mares,
a tierra extraña, patria iré a buscar;
mas no hallaré consuelo a mis pesares,
y pensaré desde extranjeros lares
en la sola mujer que puedo amar.

Como una viuda tórtola doliente
mi corazón abandonado está,
porque en medio de la turba indiferente
jamás encuentro la mirada ardiente
de la sola mujer que puedo amar.
Jamás el infeliz halla consuelo
ausente del amor y la amistad,
y yo, proscrito en extranjero suelo,
remedio no hallaré para mi duelo
lejos de la mujer que puedo amar.

Mujeres más hermosas he encontrado,
mas no han hecho mi seno palpitar,
que el corazón ya estaba consagrado
a la fe de otro objeto idolatrado,
a la sola mujer que puedo amar.
Adiós, en fin. Oculto en mi retiro,
en el ausente nadie ha de pensar;
ni un solo recuerdo, ni un suspiro
me dará la mujer por quien deliro,
¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

Comparando el pasado y el presente,
el corazón se rompe de pesar,
pero yo sufro con serena frente
y mi pecho palpita eternamente
por la sola mujer que puedo amar.
Su nombre es un secreto de mi vida
que el mundo para siempre ignorará,
y la causa fatal de mi partida
la sabrá sólo la mujer querida,
¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

¡Adiós!..Quisiera verla... mas me acuerdo
que todo para siempre va a acabar;
la patria y el amor, todo lo pierdo...
pero llevo el dulcísimo recuerdo
de la sola mujer que puedo amar.
¡Todo acabó! La vela temblorosa
se despliega a la brisa del mar,
y yo dejo esta playa cariñosa
en donde queda la mujer hermosa,
¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

Autor del poema: Lord Byron

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EL INTERESADO

Quiero que tú no me olvides.
Y ya no me acuerdo yo del mí de ayer.

Quiero que tú no me olvides.
Y ya casi no me acuerdo de los dos hoy.

Quiero que tú no me olvides.
Y apenas me acuerdo ya de ti mañana.

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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DESPEDIDA

¿Quién conoce la grave partida
de hoy o de mañana,
o quién diría todavía
una palabra?
Sólo sonrío y pienso
en destruir el nombre
con el silencio.

Autor del poema: Salvador Espriu

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LUCHANDO

Enviado por axel  Seguir

Y luchando en esta eterna guerra moriré, a las manos de este oscuro jinete, ... con la gélida parca como custodia de mi alma, la cual ahora abandona mi cuerpo... y con mi ultimo aliento, veré abrirse las puertas del infierno y a las almas que allí mande, oiré gritar mi nombre... Porque de la vida me despido y el castigo eterno abraso.

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ME RETRACTO DE TODO LO DICHO

Antes de despedirme
Tengo derecho a un último deseo:
Generoso lector
quema este libro
No representa lo que quise decir
A pesar de que fue escrito con sangre
No representa lo que quise decir.

Mi situación no puede ser más triste
Fui derrotado por mi propia sombra:
Las palabras se vengaron de mí.

Perdóname lector
Amistoso lector
Que no me pueda despedir de ti
Con un abrazo fiel:
Me despido de ti
con una triste sonrisa forzada.

Puede que yo no sea más que eso
pero oye mi última palabra:
Me retracto de todo lo dicho.
Con la mayor amargura del mundo
Me retracto de todo lo que he dicho.

Autor del poema: Nicanor Parra

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Decisión

Enviado por gabl  Seguir



¡He decidido!
partir sin ti,
con prisa,
sin despedidas,
sin un adiós.
Ignorar las lágrimas,
que brotan por ojos
de pupilas entristecidas,
que miran al cielo
clamando a Dios,
perdón y consuelo.

¡He decidido!
mujer traicionera,
partir sin ruido,
a mi manera, con prisa,
alejarme de ti.
Dejar el pasado ausente
olvidar la pasión vivida,
revivir el presente,
estancado en horas perdidas
de amor burlado y fingido.

gbl
30/09/2017
Derechos Reservados de Autor

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