80 Poemas de despedida 

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SU VOZ

La intrépida abeja vaga de rama en rama,
Con su hirsuto abrigo y ligeras alas,
Ahora sobre el pétalo del lirio,
Ahora balanceándose en un jacinto,
En torno a él:
Estaba cerca el amor; y fue aquí, supongo,
Donde realicé mi voto.

Juré que dos almas deberían ser una,
Mientras las gaviotas amen el mar,
Mientras los girasoles amen el sol.
Será, dije, nuestra eternidad,
Tuya y mía.
Querida amiga, aquellos tiempos se han ido,
La red del Amor se ha cerrado.

Mira hacia arriba, donde los álamos
Danzan y danzan en el aire del estío,
Aquí en el valle, la brisa nunca
Agita los frutos, pero allí
Los grandes vientos soplan,
Y desde el susurro místico del mar
Arriban las olas que acarician la costa.

Mira hacia arriba, donde gritan las níveas gaviotas,
¿Qué pueden contemplar qué nosotros no vemos?
¿Acaso una estrella? ¿O quizás la lámpara que ruge
En algún lejano y perdido buque?
¡Ah, puede ser!
¡Hemos vivido en una tierra de sueños!
Y que triste parece.

Mi Vida, no queda nada por decir,
Salvo esto: el amor nunca se pierde,
El filo del invierno desgarra el pecho de mayo,
Y sus rosas carmesí brotan quebrando el hielo.
Los navíos de la tempestad
En alguna bahía encontrarán su muelle,
Así como nosotros deberíamos hacerlo.

Y no queda nada por hacer
Salvo besarnos una vez más, y partir.
No, no hay nada que debamos lamentar,
Yo tengo mi belleza, y tu el arte.
No, que nunca comience,
Un mundo no es suficiente
Para dos como tú y yo.

Autor del poema: Oscar Wilde

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YO FUI

Yo fui.
Columna ardiente, luna de primavera.
Mar dorado, ojos grandes.

Busqué lo que pensaba;
pensé, como al amanecer en sueño lánguido,
lo que pinta el deseo en días adolescentes.
Canté, subí,
fui luz un día
arrastrado en la llama.

Como un golpe de viento
que deshace la sombra,
caí en lo negro,
en el mundo insaciable.

He sido.

Autor del poema: Luis Cernuda

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DESPEDIDA

Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña.

Autor del poema: Alejandra Pizarnik

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SR. MÍO DON DIEGO

Sr. mío Don Diego:
Escribo esto desde el cuarto de un hospital
y en la antesala del quirófano.
Intentan apresurarme
pero yo estoy resuelta a terminar ésta carta,
no quiero dejar nada a medias
y menos ahora que sé lo que planean…

[…]

Cuando me dijeron
que habrían de amputarme la pierna
no me afectó como todos creían,
NO,
yo ya era una mujer incompleta
cuando le perdí, otra vez,
por enésima vez quizás
y aún así sobreviví.
No me aterra el dolor y lo sabes,
es casi una condición inmanente a mi ser,
aunque sí te confieso que sufrí,
y sufrí mucho…

[…]

No pretendo causarte lástima,
a ti ni a nadie,
tampoco quiero
que te sientas culpable de nada,
te escribo para decirte que te libero de mí,
vamos, te «amputo» de mi,
sé feliz y no me busques jamás.

Autor del poema: Frida Kahlo

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PARTIDA

Yo soy una estación sentimental
y los adioses pitan como trenes.
Es inútil llorar.

En los contornos del crepúsculo,
ventanas encendidas
hacia los rumbos
nuevos.

Palpita
todavía
la alondra
vesperal
de su pañuelo.

Autor del poema: Manuel Maples Arce

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DESPEDIDA

Llegaste a mí, turbada e indecisa,
tu fúlgido mirar de profetisa
reclamando justicia a mis desmanes;
se acrisoló de celos musulmanes.

Oleajes de cólera imprecisa
me hicieron presentir tus huracanes,
y el cínico desdén de mi sonrisa
desvaneció tus últimos afanes...

Entonces fue cuando flotó en la nada
la despedida azul de tu mirada,
y escuché sollozar tu desconsuelo;

saliste, compungida y vacilante,
y un llorar silencioso de diamante
concentró el origán de tu pañuelo.

Autor del poema: Andrés Eloy Blanco

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Si un día debo alejarme

Enviado por stephanie  Seguir

Llévame lejos donde él no pueda alcanzarme,
Escóndeme bien donde él no pueda encontrarme,
Haz que me olvide para que deje de amarme,
Arráncame el corazón para que yo deje de amarlo,
No dejes que me toque, puedo querer quedarme en sus brazos,
No dejes que me hable, puedo creer en sus palabras,
No dejes que me bese, no me dejes suspirar,
Aleja de mi todo papel y toda pluma para no escribirle.
Si por las noches pienso en él, calla mi llanto, seca mis lágrimas y esconde mis penas.
Si te suplico… ¡Por favor no sedas!, no me dejes verlo, puede ser fatal.
Toma mis manos y hazme creer que el mundo aún no se acaba,
Miénteme y dime que todo estará bien, que es lo mejor.
Déjame malgastar mi vida con nuevas malas amistades y en fiestas absurdas,
Déjame creer que no soy frágil y que no puedo lastimarme más.
Quítame su recuerdo, llévate sus cartas y esconde sus fotos.
Destruye mis sueños, rompe mis ilusiones, desaparece mis deseos.
No menciones su nombre, borra su imagen de mi mente…
Vete, apaga la luz y cierra la puerta atrás de ti, no me llames, no me busques, no me hables.
Esta tarde tengo el corazón ligero, y solo quisiera,
Antes de irme, decirle que lo amo.

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COMO UN PADRE DECRÉPITO DISFRUTA...

Como un padre decrépito disfruta
al ver de su hijo las empresas jóvenes,
así yo, mutilado por la suerte,
en tu lealtad y mérito me afirmo.

Pues sea la hermosura o el linaje,
el poder o el ingenio, uno o todos,
quien te corone con mejores títulos,
yo incorporo mi amor a esa riqueza.

Ni pobre ni ofendido soy, ni inválido,
que basta la substancia de tu sombra
para colmarme a mí con su opulencia,
y de una parte de tu gloria vivo.

Busca, pues, lo mejor: te lo deseo;
seré feliz diez veces, si lo hallas.

Autor del poema: William Shakespeare

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LA DESPEDIDA

Aquel día -estoy seguro-
me amaste con toda el alma.
Yo no sé por qué sería.
Tal vez porque me marchaba…

-Me vas a olvidar -dijiste- .
Ay, tu ausencia será larga,
y ojos que no ven… Presente
Has de estar siempre en mi alma.

Ya lo verás cuando vuelva.
Te escribiré muchas cartas.
Adiós, adiós… -Me entregaste
tu mano suave y rosada,

y, entre mis dedos, tu mano,
fría de emoción, temblaba.

…Sentí el roce de un anillo
como una promesa vaga…

Yo no me atreví a mirarte,
pero sin verte, notaba
que los ojos dulcemente
se te empañaban las lágrimas.

Me lo decía tu mano
en la mía abandonada,
y aquel estremecimiento
y aquel temblor de tu alma.

Ya nunca más me quisiste
como entonces, muda y pálida.
…Hacía apenas tres días
que eran novias nuestras almas.

Autor del poema: Gerardo Diego

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NO QUIERO, TRISTE ESPÍRITU...

No quiero, triste espíritu, volver
por los lugares que cruzó mi llanto,
latir secreto entre los cuerpos vivos
como yo también fui.

No quiero recordar
un instante feliz entre tormentos;
goce o pena es igual,
todo es triste al volver.

Aún va conmigo como una luz ajena
aquel destino niño,
aquellos dulces ojos juveniles,
aquella antigua herida.

No, no quisiera volver,
sino morir aún más,
arrancar una sombra,
olvidar un olvido.

Autor del poema: Luis Cernuda

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