80 Poemas de la noche 

LUEGO DE UNA NOCHE SOÑARTE MI...

Enviado por alan55  Seguir

Luego De Una Noche Soñarte
Mi Presente Es Recordarte
Traer A La Memoria Como
Llenabas Mis Dias, Como
Inquietabas Mis Noches
Es No Olvidarte

Mi Futuro Es Buscarte

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CASI ALBA

Casi alba,
como decir arroyo entre la fuente,
como decir estrella,
como decir paloma en cielo de alas.

Esta noche se ha ido casi aurora,
casi ronda de luna entre montañas,
como una sensación de golondrina
al picar su ilusión en una rama.

Amanecer, sin alas para huirse,
regreso de emoción hasta su alma,
palomitas de amor entre mis manos
que al asalto de amor subieron castas.

Noche rasgada al tiempo repetido,
detenida ciudad de esencias altas,
como una claridad rompes mi espíritu,
circundas mi emoción como una jaula.

Amor callado y lejos...
tímida vocecita de una dalia,
así te quiero, íntimo,
sin saberte las puertas al mañana,
casi sonrisa abierta entre las risas,
entre juego de luces, casi alba...

Autor del poema: Julia de Burgos

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CRECIENDO HACIA LA TIERRA

Cuando llegue la noche y sea la sombra un báculo,
cuando la noche llegue tal vez el mar se habrá dormido,
tal vez toda su fuerza no le podrá servir para mover sólo un grano de arena,
para cambiar de rostro una sonrisa,
y quizá entre sus olas podrá nacer un niño
cuando llegue la noche.
Cuando la noche llegue y la verdad sea una palabra igual a otra,
cuando todos los muertos cogidos de la mano formen una cadena alrededor del mundo,
quizás los hombres ciegos comenzarán a caminar como caminan las raíces en la tierra sonámbula;
caminarán llevando un mismo corazón de mano en mano,
y cuando al fin se encuentren
se tocarán los rostros y los cuerpos en lugar de llamarse por sus nombres,
y sentirán una fe manual repartiendo entre todos su savia,
y crecerán los muertos y los vivos,
unos dentro de otros
hasta formar un solo árbol que llenará completamente el mundo,
cuando llegue la noche.

Autor del poema: Luis Rosales

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SEPTIEMBRE

Aquella noche de septiembre, fuiste
tan buena para mí... hasta dolerme!
Yo no sé lo demás; y para eso
no debiste ser buena, no debiste.

Aquella noche sollozaste al verme
hermético y tirano, enfermo y triste
Yo no sé lo demás... y para eso,
yo no sé por qué fui triste... tan triste!

Sólo esa noche de septiembre dulce,
tuve a tus ojos de Magdala, toda
la distancia de Dios... y te fui dulce!

Y también fue una tarde de septiembre
cuando sembré en tus brasas, desde un auto,
los charcos de esta noche de diciembre.

Autor del poema: César Vallejo

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DE LA LARGA NOCHE

Te vi en la larga noche por última vez
como un difuso recuerdo.
La misma noche que, sin ti,
se hizo eterna.

Vagué por los rincones de la memoria,
tratando de mantenerte viva.
Y, en cada encrucijada,
retumbaban los lamentos de mi mala suerte.

Más fue tan larga la noche,
que olvidé tu sonrisa,
que olvidé tus caricias,
que olvidé que te quería.

Autor del poema: Nemo

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FIESTA

Y los vasos estaban vacíos
y la botella rota
Y el lecho estaba abierto
y la puerta cerrada
Y todas las estrellas de vidrio
de la felicidad y de la belleza
resplandecían en el polvo
del cuarto mal barrido
Y yo estaba borracho perdido
y yo estaba loco de alegría
y tú borracha encontrada
toda desnuda en mis brazos

Autor del poema: Jacques Prévert

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RAZÓN DE LÁGRIMAS

La noche por ser triste carece de fronteras.
Su sombra en rebelión como la espuma,
rompe los muros débiles
avergonzados de blancura;
noche que no puede ser otra cosa sino noche.

Acaso los amantes acuchillan estrellas,
acaso la aventura apague una tristeza.
Mas tú, noche, impulsada por deseos
hasta la palidez del agua,
aguardas siempre en pie quién sabe a cuáles ruiseñores.

Más allá se estremecen los abismos
poblados de serpientes entre pluma,
cabecera de enfermos
no mirando otra cosa que la noche
mientras cierran el aire entre los labios.

La noche, la noche deslumbrante,
que junto a las esquinas retuerce sus caderas,
aguardando, quién sabe,
como yo, como todos.

Autor del poema: Luis Cernuda

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La noche

Enviado por 63863373  Seguir

Cuándo podré
ver tú belleza
astral y divina,
más cerquita
de la tierra.
Como la flor
que nace
en primavera,
ataviada
de colores;
diseminando
sus fragancias,
en el altar
de mis jardines...
Cuando podré
tocarte?
sin la desdicha,
de no poder
alcanzarte..
Cuándo podré
acortar?
la distancia,
que nos separa...
...Mientras me siento
a ver:
como se aleja
el día,
y se acerca
la noche;
que trasnocha
ojerosa,
hasta madrugrar
el dia...
A ver!!
como alumbras
las calles,
con la claridad
de tú luna;
como iluminas
el cielo,
con tus faroles
de estrellas..
¡¡todo el universo!!
......exhibido ....
ante mis ojos!!.
Con todas
sus galaxias
Y espirales...
con todos
sus sistemas;
y millones
de soles;
con todos
sus cometas,
Y relativas lunas....
Cuándo podré
mirarte?
y solo ver
tu belleza,
astral y divina;
más lejito
de la tierra.
Desde
un exoplaneta ...
.¡¡tu y yo !!!
hablando a solas....
.....¡¡¡Noche!!
Yo, solo soy
todas las palabras
que surgen desde
las profundidades
de mi alma;
las que lnspiradas
en tu cielo;
escriben estos versos.

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LA NOCHE

La noche siempre quiere contarnos
una historia que nos perturba.
Abre en nosotros una mala posada
una posada para fantasmas.
Por la mañana tenemos que barrer las sombras ...
A golpes de luz dulce, y gracias a la luz dulce,
que transmite su amistad a la casa toda,
conseguimos desalojar a los visitantes
que se van quedando,
que han echado cimientos en la bruma.
A golpes de látigos de claridad, de la luz rosada,
buena, venida sobre la tierra, y poco a poco,
incluso hacemos salir al monstruo íntimo,
que es nuestro, que está en nosotros, el que domina,
Que de pronto se marcha,
con la campanada dela derrota,
y cede su ser a las cosas, a los ruidos,
a las voces,
los movimientos, los colores y los perfumes.

Autor del poema: Mario Rivero

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LA NOCHE

¡Salve, noche sagrada! Cuando tiendes
desde el éter profundo
bordada con el oro de los astros
tu lóbrega cortina sobre el mundo;
cuando, vertiendo la urna de la sombra,
con el blando rocío de los beleños
vas derramando en la Creación dormida
las negras flores de los vagos sueños,
el fúnebre silencio y la honda clama
que a los misterios de no ser convida,
entonces, como flor de las tinieblas,
para vivir en ti, se abre mi alma.

Hermosa eres ¡Oh noche!
Hermosa cuando límpida, serena,
Rivalizando con el mismo día,
Rueda tu luna llena,
Joya de Dios, en la región vacía;
Hermosa cuando opaca,
Esa luna, ya triste, se reclina
En la argentada nube
Que apenas, melancólica, ilumina,
Tan apacible en su divina calma
Que, viéndola, los ojos se humedecen
Y, sin saber por qué, suspira el alma.

Hermosa cuando negra
Como el seno del caos, la eterna sombra,
Insondable y desierta,
Chispea de estrellas, que alumbran parecen,
Pálidos cirios, a la tierra muerta.
¡Y más hermosa aún, cuando agitando
su densa cabellera de tinieblas
trenzadas con el rayo, la tormenta
borra los astros y fulgura y brama,
y azotando los cielos con la llama
del relámpago lívido, revienta!

Entonces, sólo entonces, el aliento
Del huracán que ruge embravecido,
Al rasgar la centella el firmamento,
Al estallar el trueno, es cuando siento
Latir mi corazón, latir henchido
De salvaje embriaguez . . . Quieren mis ojos
Su mirada cruzar fiera y sombría
Con la mirada eléctrica del rayo,
Fatídica también. . Mi pecho ansía
Aspirar en tu atmósfera de fuego
Tu aliento, tempestad . . . ¡Y que se pierda
La ardiente voz de mi agitado seno
En la explosión magnífica del trueno!

¡Quiero sentir que mi cabello azota
la ráfaga glacial; quiero en mi frente
un beso de huracán, y que la lluvia
venga a mezclar sus gotas con la gota
en que tal vez mi párpado reviente!

Noche de tempestad, noche sombría,
¿acaso tú no eres
la imagen de lo que es el alma mía?
Tempestad de dolores y placeres,
Inmenso corazón en agonía. . .

También así, como en sereno cielo
De blanca luz y fúlgidas estrellas,
Miré pasar en delicioso vuelo,
Como esas nubes que argentó la luna,
Fantásticas y bellas
Mis quimeras de amor y de fortuna.
Y así también, de pronto, la tiniebla
Mis astros apagó, rasgó la nube
Cárdeno rayo en explosión violenta,
Y en mi alma desataron
El dolor y la duda su tormenta.

¿Quién como yo sintió? ¿Quién de rodillas
cayó temblando de pasión ante Ella
¿Quién sintiendo corres por sus mejillas
el llanto del amor, en ese llanto
mojó los besos que dejó en su huella?
¿Quién como yo, mirando realizada
la ansiada dicha que alcanzó el empeño,
al irla a disfrutar vio disiparse
en la sombra, en la nada,
la mentira de un sueño?
¿Quién de la vida al seductor banquete
llegó jamás con juventud más loca?
La copa del festín ¿quién más acerba
Apartó de su boca?

¿Quién como yo ha sentido
para tanto dolor el seno estrecho,
y de tanto sollozo comprimido
dolerle el corazón dentro del pecho?
¿Quién a despecho de su orgullo de hombre
ha sentido, cual yo, del alma rota
brotar la acerba gota
de un escondido padecer sin nombre?
¿Quien, soñador maldito,
al quemar, como yo, sus dioses vanos,
por sofocar del corazón el grito
se apretó el corazón con ambas manos?
¿Quién como yo, mintiendo indiferencia
y hasta risas y calma,
atraviesa tan solo la existencia
con una tempestad dentro del alma?

¿Quien busca, como yo, tus muertas horas
¡oh, noche! Y tus estrellas,
fingiendo que son ellas
las lágrimas de luz con que tú lloras?
¿Quién ama como yo tu sombra muda,
tu paz de muerte, y el silencio grave,
a quien la voz de los misterios diste,
y tus suspiros que las auras llevan,
y tu mirada de luceros triste?

Mi alma es la flor, la flor de las tinieblas,
El cáliz del amor y los dolores,
Y se abre, ¡oh, noche! En tu regazo frío,
Y espera, así como las otras flores,
Tu bienhechor rocío.

Hijo yo del dolor, tu negra clama
Es el mejor abrigo,
Para ver en la sombra, sin testigo,
Una noche en el cielo, otra en el alma.

Autor del poema: Manuel María Flores

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