114 Poemas de muerte 

EL AMIGO QUE DUERME

¿Qué le diremos esta noche al amigo que
duerme?
La palabra más tenue nos sube a los labios
desde la pena más atroz. Miraremos al amigo,
sus inútiles labios que no dicen nada,
quedamente hablaremos.
La noche tendrá el rostro
del antiguo dolor que cada tarde resurge,
impasible y vivo. El silencio remoto
sufrirá como un alma, mudo, en la oscuridad.
Le hablaremos a la noche, que levemente
respira.
Oiremos los instantes goteando en lo oscuro,
más allá de las cosas, en la ansiedad del alba
que vendrá de improviso esculpiendo las cosas
contra el silencio muerto. La luz inútil
develará la faz absorta del día. Los instantes
callarán. Y hablarán quedamente las cosas.

Autor del poema: Cesare Pavese

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El dia que yo muera

Enviado por migdalia8  Seguir

No te agovies el dia que muera
mi presencia y mi ausencia
son solo temporarias.

Traeme rosas, amo las rosas
bellas pero poco duran
tambien mueren una vez cortadas

Sueṅos que desaparecen
angustias que ya no existen
amores que se dejan o se siguen

Segun me entierren
quiero oir la risa de ninos
cuando juegan

No llores porque mori
no llores por mi o por mi ausencia
Llora porque voy de regreso

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LA VERDAD QUE LOS MUERTOS CONOCEN

Se acabó, digo, y me alejo de la iglesia,
rehusando la rígida procesión hacia la sepultura,
dejando a los muertos viajar solos en el coche fúnebre.
Es junio. Estoy cansada de ser valiente.
Conducimos hasta el Cabo. Crezco
por donde el sol se derrama desde el cielo,
por donde el mar se mece como una cancela
y nos emocionamos. Es en otro país donde muere la gente.
Querido, el viento se desploma como piedras
desde la bondadosa agua y cuando nos tocamos
nos penetramos por completo. Nadie está solo.
Los hombres matan por ello, o por cosas así.
¿Y qué ocurre con los muertos? Yacen sin zapatos
en sus barcas de piedra. Son más parecidos a la piedra
de lo que lo sería el mar si se detuviera. Rehusan
ser bendecidos, garganta, ojo y nudillo.

Autor del poema: Anne Sexton

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EL JARDÍN SOLARIEGO

Las fuentes resecas, las rosas terminan.
Incienso de muerte. Tu día se acerca.
Las peras engordan como Budas mínimos.
Una azul neblina, rémora del lago.

Y tú vas cruzando la hora de los peces,
los siglos altivos del cerdo:
dedo, testuz, pata
surgen de la sombra. La historia alimenta

esas derrotadas acanaladuras,
aquellas coronas de acanto,
y el cuervo apacigua su ropa.
Brezo hirsuto heredas, élitros de abeja,

dos suicidios, lobos penates,
horas negras. Estrellas duras
que amarilleando van ya cielo arriba.
La araña sobre su maroma

el lago cruza. Los gusanos
dejan sus sólitas estancias.
Las pequeñas aves convergen, convergen
con sus dones hacia difíciles lindes.

Autor del poema: Sylvia Plath

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Lagrimas de sangre

Enviado por jasonbs  Seguir

Lloro con el pensar que estoy solo en esta vida, el saber que moriré sin haber vivido, y el perder a mis amigos, y a mi familia sin sentido, pero es que la verdad tengo miedo, finjo ser fuerte cundo realmente estoy muriendo por dentro, solo queda vacio, me “alegro”, pero ni siquiera conozco eso, mi vida es como una botella, cuando se toca y se ve en mal estado, se desecha, y al lugar donde llega es al olvido, un día al despertarme conocí a una persona, bueno es mi mejor amiga, muy pocos la conocen, muchos saben su nombre, y aunque dicen conocerla, la juzgan, o la maldicen pero yo le doy las gracias por acompañarme, en mi camino, camino que falta tan poco para llegar a su final, y aun así aprovecha el tiempo y me enseña, pero no es suficiente, no me ayuda a ver la luz al final de este túnel, que solo es oscuridad, por favor cuando yo no este, no la desprecien, o la valore, pienso que es algo que me va a matar si sigo por este camino, mejor cerrare los ojos, solo dormiré, para no verla sufrir, y mi amiga se llama “soledad”

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LOS BOMBARDEROS

Nosotros somos América.
Somos los que rellenan los ataúdes.
Somos los tenderos de la muerte.
Los envolvemos como si fuesen coliflores
La bomba se abre como una caja de zapatos.
¿Y el niño?
El niño decididamente no bosteza.
¿Y la mujer?
La mujer lava su corazón.
Se lo han arrancado
y se lo han quemado
y como último acto
lo enjuaga en el río.
Este es el mercado de la muerte.
¿Dónde están tus méritos,
América?

Autor del poema: Anne Sexton

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DE ESAS

He salido al mundo, una bruja poseída,
rondando el aire negro, más valiente por ello;
soñando el mal, he sobrevolado
las casas planas, de luz en luz:
pobre solitaria, con mis doce dedos, enajenada.
Una mujer así no es una mujer, lo sé.
Yo he sido de ésas.
He encontrado las cuevas tibias del bosque,
las he llenado de sartenes, tallas, estantes,
de armarios, sedas, de incontables bienes;
he preparado la cena para los gusanos y los elfos:
llorando, aullando, ordenando lo que estaba mal.
A una mujer así no se la comprende.
Yo he sido de ésas.
He viajado contigo, carretero, saludando
con los brazos desnudos a los pueblos que dejábamos atrás,
aprendiéndome las últimas rutas de la claridad, superviviente
allí donde tus llamas aún muerden mis muslos
y crujen mis costillas bajo la presión de tu carreta.
Una mujer así no se avergüenza de morir.
Yo he sido de ésas.

Autor del poema: Anne Sexton

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HACIA EL FINAL

Llegamos al final,
A la etapa final de una existencia.

¿Habrá un fin a mi amor, a mis afectos?
Sólo concluirán
Bajo el tajante golpe decisivo.

¿Habrá un fin al saber?
Nunca, nunca. Se está siempre al principio
De una curiosidad inextinguible
Frente a infinita vida.

¿Habrá un fin a la obra?
Por supuesto.
Y si aspira a unidad,
Por la propia exigencia del conjunto.
¿Destino?
No, mejor: la vocación
Más íntima.

Autor del poema: Jorge Guillén

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POEMA 52

¿Qué es, Catulo, qué te demoras para morir?
En la silla curul el bocio de Nonio se sienta,
por el consulado perjura Vatinio:
¿Qué es, Catulo, qué te demoras para morir?

Autor del poema: Catulo

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LIBROS

En el frío papiro de turbios editores
volqué yo aquellas ansias de una pasión sin límite.
¿Era eso mi vida? Asco me dio de ella.
Con qué clarividencia sentí que estaba muerto.

Autor del poema: Vicente Núñez

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