114 Poemas de muerte 

XXXVI

No será la muerte por fin
Una cocina interminable?
Qué harán tus huesos disgregados,
Buscarán otra vez tu forma?
Se fundirá tu destrucción
En otra voz y en otra luz?
Formarán parte tus gusanos
De perros o de mariposas?

Autor del poema: Pablo Neruda

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XXXV

No será nuestra vida un túnel
Entre dos vagas claridades?
O no será una claridad
Entre dos triángulos oscuros?
O no será la vida un pez
Preparado para ser pájaro?
La muerte será de no ser
O de sustancias peligrosas?

Autor del poema: Pablo Neruda

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ERA MUY NIÑO

Era muy niño cuando descubrí
que la gente se moría.
Eso
no lo he olvidado nunca;
siempre está presente en mí.

Autor del poema: Juan Carlos Onetti

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LOS SEPULCROS

¿Del ciprés a la sombra, en rica urna
bañada por el llanto, es menos duro
el sueño de la muerte? Cuando yazga
yo de la tumba en el helado seno,
y no contemple más del sol la lumbre
dorar las mieses, fecundar la tierra,
y de yerbas cubrirla y de animales,
y cuando bellas, de ilusión henchidas,
no pasen ya mis fugitivas horas,
ni, dulce amigo, tu cantar escuche
que en armonía lúgubre resuena;
ni en mi pecho el amor, ni arda en mi mente
el puro aliento de las sacras Musas,
¿bastará a consolarme yerto mármol
que mis huesos distinga entre infinitos
que en la tierra y el mar siembra la Muerte?

Autor del poema: Ugo Foscolo

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FUNERAL BUCÓLICO

I
Su esfera de cristal la luna apaga
En la pálida niebla de la aurora
Y la brisa del mar fresca y sonora
Entre los pinos de la costa vaga.
Aquí murió de amor en hora aciaga
Mirtilo, y Bala su rebaño; llora
La primavera y le tributa Flora
Rústico incienso cuyo olor embriaga.
Allí la pira está; doliente y grave
Danza emprenden en torno los pastores
Coronados de cipo y de verbena;
La selva plañe con murmullo suave
Y yace, de Mirtilo entre las flores,
Oliendo a mil aún la dulce avena.

II
Mas llegan los pastores en bandadas
Al reír la mañana en el Oriente;
Mezclan su voz al cántico doliente
Y se abren las violas perfumadas.
Ya se tornan guirnaldas animadas
Las danzas ; ya las mueve ritmo ardiente
Al que hacen coro en la vecina fuente
Faunos lascivos y risueños driadas.
Vibra Febo su dardo de diamante;
El baile raudo gira, el seno opreso
De las pastoras rompe en delirante
Grito de amor que llena el aire en ceso.
Mirtilo, el boquirrubio, en ese instante
Vuelto habría a la vida con un beso.

III
Unese a los sollozos convulsivos
De los abiertos labios, el sonoro
Choque, ya recogen el caliente lloro
Las rojas bocas en los ojos vivos.
¡Homenaje a Mirtilo! ¿Cómo esquivos
podrían ser sus manes a ese coro?
Al soplo del amor y en barca de oro
Su alma huía los cármenes nativos.
Las tazas nuevas en que hierve pura
La leche vierten del redondo seno
A torrentes su nítida blancura.
Sobre el fúnebre altar de aromas lleno
El fuego borda al fin la pira oscura
Y asciende el sol en el zafir sereno.

IV
Crece la hoguera, muerde con enojo
Las ramas cuya esencia bebe el viento
Y el baile muere al exhalar su aliento
La última llama en el postrer abrojo.
En un vaso de arcilla negro y rojo,
Recogen las cenizas al momento
Los pastores y en tosco monumento
Guardan píos el mísero despojo.
Duerme Mirtilo; floresta Umbría
Que en tu sepulcro abandonado vierte
Su inefable y serena poesía,
No olvidará tu dolorosa suerte:
Ni de tu amor la efímera elegía,
Ni tus bodas eternas con la muerte.

Autor del poema: Justo Sierra Méndez

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CERDO

Oh tú máquina de tocino marrón,
cuán dulcemente yaces,
engordando una libra y media por día,
tú, par de calcetines enrollados,
tú, pesadilla de perro,
tú, con el hocico aplastado
pero las orejas extendidas,
tus ojos blandos como huevos,
cerdo, grande como un cañón,
cuán dulcemente yaces.
Por la noche estoy tendida en mi cama
en el armario de mi mente
y cuento cerdos en un corral,
marrones, moteados, blancos, rosados, negros,
avanzan por la lanzadera hacia la muerte
del mismo modo en que mi mente avanza
buscando su propia pequeña muerte.

Autor del poema: Anne Sexton

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RECOGIMIENTO

Sé sabia, Pena mía, y permanece en calma.
Reclamabas la Noche; ya desciende, hela aquí:
Envuelve a la ciudad una atmósfera oscura
A unos la paz trayendo y a los más la zozobra.

Mientras que la gran masa de los viles mortales,
Del Placer bajo el látigo, ese verdugo impávido,
Cosecha sinsabores en la fiesta servil,
Ofréceme tu mano, Pena mía, ven aquí

Lejos de ellos. Mira balancearse los años transcurridos
Con vestidos ridículos, sobre las balaustradas
Del cielo; la nostalgia burlona ya emerge de las aguas;

Descansa bajo un arco el moribundo sol
Y, tal enorme sudario rezagado, hacia Oriente,
Oye, querida, oye cómo avanza la Noche.

Autor del poema: Charles Baudelaire

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IN MEMORIAM

El miedo como un pez escurridizo,
lento como la cámara
lenta,
borroso bajo el agua, irreal, diluido.
Desde este lado de la orilla, el taxi
corre hacia el hospital.
El miedo de las oraciones
que recitas, inútiles,
tan necesarias ahora
que subes por la escala que teje el desamparo.
Segundo piso. Planta. Todo perdido. Oscuro.
El Muerto no está muerto
(mi hermano y su crudeza).
El Muerto (y esa risa
nerviosa) no está muerto,
pero ya se reparten
el sueldo las urracas.
Mi hermano otra mañana:
Esta vez es la buena, la mala, ahora ya está.
Otra vez el teléfono, frío como los peces
de montaña, nerviosos, duros, huecos, estériles.
Desde este lado de la vida, el metro
devora (línea 2) las estaciones:
Las Musas, Esperanza
(dos muchachas transbordan hacia Prosperidad).
Dentro de la oficina
el muerto enciende
las pantallas y piensa
en el Muerto, en un taxi
que no devora ya
las 10 de la mañana.
Lejos de todo, huyendo (la historia de tu vida
pasa en 15 segundos, como dicen que pasa
a los muertos. Agonizar también
es tu forma de vida).
El miedo, un nombre nuevo.
El miedo, el sobrenombre
que el cobarde le da a su cobardía.
Introduzca la clave,
(enter the password).
Con una mezcla ácida de soledad, egoísmo,
rabia, pena, cansancio, lástima
de sí mismo,
el muerto escribe:
Amén.

Autor del poema: Javier Rodríguez Marcos

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QUISIERA SONREIR SIN TENER QUE FINGIR...

Enviado por chicafresa  Seguir

Quisiera sonreir
Sin tener que fingir
Deseando que la vida
Me sonria

Pase tanta mierda
Sin saber que hacer
sin encontrar un camino
En el cual me podria perder

Siento un gran vacio
En este cuerpo
Sin alma
Que vaga por la casa

Parece que estoy viva por fuera
Pero estoy muerta por dentro
Esperando una señal
Pero aun no se cual

Quiero gritar al viento
Todo lo que siento
Quiero desatar ese nuedo
Que no me deja respirar

Mis brazos se convirtieron en lienzos
La navaja en mi pincel
Y mi sangre en la pintura
Y no lo podia detener

La vida me juega una gran batalla
Y la estoy perdiendo
Tengo miedo
Siento que ya no puedo

La música es mi medicina
y los recuerdos mi criptonita
necesito un abrazo
pero aun no ha pasado

Tengo que ser fuerte
Pero no puedo
Me di por vencida
Y lo lamento

Mis ojos guardan un secreto
Que aún duele
Como las espinas de las rosas
Al solo tocarlas

Siento como mi corazon se rompe
Con cada latido que da
Quisiera dormir
Pero nunca despertar

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Temple

Enviado por frangelo  Seguir

Me verás surgir y caer
Reduciendo las escamas, deslumbrando la piel
Re descubriendo la sed
Desde la nube negra que me condeno a ser
Donde condecoro mi condición de fiel
Tus pupilas me buscan quieto, me encuentran neutro
Recostado, subyugado en panteones de filtros
Tanta verborragia no te deja ver la magia
Que en tu simpleza se esconde la codicia que refina
Y somos gatos
Y somos neblina
Negros como ayer pero iluminados en luces vespertinas
En tus vísceras entra el pensamiento, el lúgubre fuego
De que soy capaz de balancearme desde el puro oxígeno
Alto e inalcanzable como la destrucción del tiempo
Pero en la noche y si precisas atrapar al patetismo conociendo el juego
Vislúmbrame, congelando hamacas, tiñendo sueños
Corriendo del viento, mintiendo y queriendo
Porque al final del día
Cuando sus dientes van enmarilleciendo
Tiemblo
Al mismo tiempo que las luces, los agasajados, tus estruendos
Buscan sin piedad y sin desprecio
La cola de un gato negro.

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