98 Poemas de tristeza 

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Lo que sangra

Enviado por 63863373  Seguir

Sangra
la sangre santa,
el cáliz y el vino.
La sangre impura;
el pecado, y el cilicio..

Sangra
la lengua afilada
la injuria y la calumnia
La voz del delito;
el artificio y la mentira.

Sangra
el favor concebido;
la ofrenda y el flagelo...
Las lágrimas luctuosas;
la vileza y el castigo...

Sangra
la ponzoña manzana;
el livor y la lujuria.
El fruto prohibido
el hedonismo y la codicia..

Sangran
los colmillos lacerado;
la plétora y el marfil.
El capote del torero,
el estoque y el astado ...

Sangra
el petróleo diseminado;
las marismas y el desplumaje.
Los pesados metales
la nerítica y la extinción..

Sangra
El fanatismo armado;
la fe santa y el califato.
La sangre araucana
El atavico Az Mapu;
y las balas fraguadas.

Sangra
El comunismo, el islamismo
Y todos los ismo...
el genocidio, el feminicidio
Y todos los cidos..
La homofobia, la antropofobia
Y todas las fobias...

sangra
la naturaleza sabia
el cuarto planeta;
el rio tinto; y la laguna aymara.
La única vena (musa)
que su desangramiento,
me contenta y no me mata..

SANGRA
EL HERÓICO VENDAJE

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Solos

Enviado por gabl  Seguir

Aunque vivamos solos
llenos de recuerdos,
de nostalgia y tristezas,
siempre necesitaremos
el calor de otro cuerpo,
de otra piel, de otras manos.
Escuchar otra voz
en medio de la noche,
y despertar abrigado en otros brazos.

gbl
16/10/2018
derechos Reservados de Autor

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LA COUR CARRÉE

Oh rápida, te amo.
Oh zorra apresurada al borde del vestido
y límite afilado de la bota injuriante,
rodilla de Artemisa fugaz entre la piedra,
os amo,
sombra huidiza en la escalera noble,
espalda entre trompetas por el puente.
Oh vagas, os envidio,
imágenes parejas en los grises
vahos de las cristaleras entornadas,
impacientes
-que llegan a las citas con retraso-
nervios de los que habitan (el descuido
seguro y arrogante de la puerta entreabierta
y el gesto ordenador de las cosas que miran).
Lo quiero casi todo:
la puerta del palacio con armas y figuras,
el nombre de los reyes y el latón de República.
Quiero tus ojos de extranjera ingenua
y la facilidad sin alma del copista.
Quiero esta luz de ahora. Es mi deseo
estar abierto, atento, hasta que parta.
Y quisiera que alguien me dijera
adiós,
contenida, riendo entre lágrimas.

Extranjero en las puertas, no estás solo,
mi apurada tristeza te acompaña.

Autor del poema: Carlos Barral

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TRISTEZAS

Cuando recuerdo la piedad sincera
con que en mi edad primera
entraba en nuestras viejas catedrales,
donde postrado ante la cruz de hinojos
alzaba a Dios mi ojos
soñando en las venturas celestiales;
Hoy que mi frente atónito golpeo,
y con febril deseo
busco los restos de mi fe perdida,
por hallarla otra vez, radiante y bella
como en la edad aquélla,
¡desgraciado de mí! diera la vida.

¡Con qué profundo amor, niño inocente,
prosternaba mis frente
en las losas del templo sacrosanto!
Llenábase mi joven fantasía
de luz, de poesía,
de mudo asombro, de terrible espanto.

Aquellas altas bóvedas que al cielo
levantaban mi anhelo;
aquella majestad solemne y grave;
aquel pausado canto, parecido
a un doliente gemido,
que retumbaba en la espaciosa nave:

Las marmóreas y austeras esculturas
de antiguas sepulturas,
aspiración del arte a lo infinito;
la luz que por los vidrios de colores
sus tibios resplandores
quebraba en los pilares de granito;

Haces de donde en curva fugitiva,
para formar la ojiva,
cada ramal subiendo se separa,
cual el rumor de multitud que ruega,
cuando a los cielos llega,
surge cada oración distinta y clara;

En el gótico altar inmoble y fijo
el santo crucifijo,
que extiende sin vigor sus brazos yertos,
siempre en la sorda lucha de la vida,
tan áspera y reñida,
para el dolor y la humildad abiertos;

El místico clamor de la campana
que sobre el alma humana
de las caladas torres se despeña,
y anuncia y lleva en sus aladas notas
mil promesas ignotas
al triste corazón que sufre o sueña;

Todo elevaba mi ánimo intranquilo
a más sereno asilo:
religión, arte, soledad, misterio.
todo en el templo secular hacía
vibrar el alma mía,
como vibran las cuerdas de un salterio.

Y a esta voz interior que sólo entiende
quien crédulo se enciende
en fervoroso y celestial cariño,
envuelta en sus flotantes vestiduras
volaba a las alturas,
virgen sin mancha, mi oración de niño.

Su rauda, viva y luminosa huella
como fugaz centella
traspasaba el espacio, y ante el puro
resplandor de sus alas de querube,
rasgábase la nube
que me ocultaba el inmortal seguro.

¡Oh anhelo de esta vida transitoria!
¡Oh perdurable gloria! .
¡Oh! Sed inextiguible del deseo!
¡Oh cielo, que antes para mí tenías
fulgores y armonías,
y hoy tan oscuro y desolado veo!

Ya no templas mis íntimos pesares,
ya al pie de tus altares
como en mis años de candor no acudo.
Para llegar a ti perdí el camino,
y errante peregrino
entre tinieblas desespero y dudo.

Voy espantado sin saber por dónde;
grito, y nadie responde
a mi angustiada voz; alzo los ojos
y a penetrar la lobreguez no alcanzo;
medrosamente avanzo,
y me hieren el alma los abrojos.

Hijo del siglo, en vano me resisto
a su impiedad, ¡oh Cristo!
Su grandeza satánica me oprime.
Siglo de maravillas y de asombros,
levanta sobre escombros
un Dios sin esperanza, un Dios que gime.

¡Y ese Dios no eres tú! No tu serena
faz, de consuelos, llena,
alumbra y guía nuestro incierto paso.
Es otro Dios incógnito y sombrío:
su cielo es el vacío,
Sacerdote el error, ley el Acaso.

¡Ah! No recuerda el ánimo suspenso
un siglo más inmenso,
más rebelde a tu voz, más atrevido;
entre nubes de fuego alza su frente,
como Luzbel, potente;
pero también, como Luzbel, caído.

A medida que marcha y que investiga
es mayor su fatiga,
es su noche más honda y más oscura,
y pasma, al ver lo que padece y sabe,
cómo en su seno cabe
tanta grandeza y tanta desventura.

Como la nave sin timón y rota
que el ronco mar azota,
incendia el rayo y la borrasca mece
en piélago ignorado y proceloso,
nuestro siglo —coloso—
con la luz que le abrasa, resplandece.

¡Y está la playa mística tan lejos! . . .
a los tristes reflejos
del sol poniente se colora y brilla.
El huracán arrecia, el bajel arde,
y es tarde, es ¡ay! muy tarde
para alcanzar la sosegada orilla.

¿Qué es la ciencia sin fe? Corcel sin freno,
a todo yugo ajeno,
que al impulso del vértigo se entrega,
y a través de intrincadas espesuras,
desbocado y a oscuras
avanza sin cesar y nunca llega.

¡Llegar! ¿Adónde? . . . El pensamiento humano
en vano lucha, en vano
su ley oculta y misteriosa infringe.
En la lumbre del sol sus alas quema,
y no aclara el problema,
ni penetra el enigma de la Esfinge.

¡Sálvanos, Cristo, sálvanos, si es cierto
que tu poder no ha muerto!
Salva a esta sociedad desventurada,
que bajo el peso de su orgullo mismo
rueda al profundo abismo
acaso más enferma que culpada.

La ciencia audaz, cuando de ti se aleja,
en nuestras almas deja
el germen de recónditos dolores,
como al tender el vuelo hacia la altura,
deja su larva impura
el insecto en el cáliz de las flores.

Si en esta confusión honda y sombría
es, Señor, todavía
raudal de vida tu palabra santa,
di a nuestra fe desalentada y yerta:
—¡Anímate y despierta!
Como dijiste a Lázaro: —¡Levanta!—

Autor del poema: Gaspar Núñez de Arce

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CONTRAPOSICIONES Y TORMENTOS DE SU AMOR

Osar, temer, amar y aborrecerse,
alegre con la gloria, atormentarse;
de olvidar los trabajos olvidarse,
entre llamas arder sin encenderse;

con soledad entre las gentes verse
y de la soledad acompañarse;
morir continuamente, no acabarse,
perderse por hallar con qué perderse;

ser Fúcar de esperanzas sin ventura,
gastar todo el caudal en sufrimiento,
con cera conquistar la piedra dura,

son efectos de amor en mis tormentos;
nadie le llame dios, que es gran locura,
que más son de verdugo sus tormentos.

Autor del poema: Francisco de Quevedo

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LOS JUGADORES

Juegan, juegan.
Agachados, arrugados, decrépitos.

Este hombre torvo
junto a los mares de su patria, más lejana que el sol,
cantó bellas canciones.

Canción de la belleza de la tierra,
canción de la belleza de la Amada,
canción, canción
que no precisa fin.

Este otro de la mano en la frente,
pálido como la última hoja de un árbol,
debe tener hijas rubias
de carne apretada,
granada,
rosada.

Juegan, juegan.

Los miro entre la vaga bruma del gas y el humo.
Y mirando estos hombres sé que la vida es triste.

Autor del poema: Pablo Neruda

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las enseñanzas del amor

Enviado por jfbc1201  Seguir

con tu pérdida madure demasiado
con tu pérdida averigüe quien era
con tu pérdida supe que es la abrumación
con tu pérdida sentí la depresión

sin ti sentí el verdadero vacío
sin ti supe que significa la soledad
sin ti averigüe que era depender
sin ti me di cuenta que todo tiene que ceder

si estuvieras aquí no escribiría
los versos más tristes esta noche
esta noche pienso ser un Neruda
¿cómo lograste cautivarme con tu dulzura?

aprendí que es el magnífico amor
aprendí a saber escoger mucho mejor
aprendí a que no debo dejar que sean mi todo
porque cuando se van me quedo sin nada

te agradezco todas esas experiencias
te agradezco el enseñarme a querer
te agradezco el haberme querido
te agradezco la mentira
te agradezco ……… todo
¡y no sé por qué, pero lo repetiría!

Balarezo Cotrina, Juan

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Que alguien me diga

Enviado por gabl  Seguir


Le pregunté al mar por el color de tus ojos,
le pregunté a la gaviota a qué hora vienes;
y me escondí en el follaje para verte llegar,
la tarde no refleja el matiz triste de mi mirada.

Me quedé velando tu sueño estando ausente en mi soledad,
dime cuando vendrás, para ver tus ojos color claridad,
y así poder vivir sin ti extrañándote sin poder morir,
con la sensación de escuchar llamándome sin saber dónde estás.

Que alguien me diga en qué lugar guardo mi tristeza,
en que rincón de mi almohada dejo mis penas ahogadas,
que alguien me diga quien enjugará mis lágrimas sin huellas,
dime por favor si hoy será la noche que vendrás.

gbl
14/10/2017
Derechos Reservados de Autor

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REFLEJOS

En este río lácteo
los navíos no sueñan sobre el álveo

Como un guante famélico
el día se me escapa de los dedos

Me voy quedando exhausto
pero en mi torso canta el mármol

Una rueda lejana
me esconde y me suaviza
las antiguas palabras

Cae el líquido fértil de mi estatua
y los navíos cabecean

amarrados al alba.

Autor del poema: Gerardo Diego

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Como eres tú.

Enviado por gabl  Seguir

No quiero que cambies intentando convencerme,
Ni tampoco intentes complacerme.

No me decepciones, siempre he creído en ti
Y no te dejaría en este infortunio.

Piensa que es pasajero,
no durará por siempre
Y yo estaré aquí contigo.

Viéndote a los ojos hurgando en ellos
En busca de la causa que hoy te entristece.

Solo quiero saber que serás la misma
Que he conocido por años, que serás fuerte.

Que no cederás ante las adversidades
Piensa porque llegamos hasta aquí,
No temas, deja los miedos al cerrar la puerta.

Acepta el mal tiempo, así como los buenos,
Que quedaron en los rincones de tu mente.

Ahora, sonríe y abre tu alma a la razón,
Escucha lo que te dice tu yo interior.

Recuerda que te dije que te quiero,
y es para siempre, tal y como eres.

gbl
27/05/2018
Derechos Reservados de Autor




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