126 Sonetos 

Un soneto es una poesía formada por 14 versos de arte mayor, normalmente endecasílabos (11 sílabas). Se dividen en dos estrofas de cuatro versos seguidas por otras dos estrofas de tres versos.

EL VIAJERO DE SÍ MISMO

Voy pisando cadáveres de amantes
y viejas tumbas llenas de pasado,
cubierto con cabello horripilante
del gran sepulcro universal tragado.

Acumulo mi yo exorbitante
y mi ilusión de Dios ensangrentado,
pues soy un espectáculo clamante
y un macho-santo ya desorbitado.

Mi amor te muerde como un perro de oro,
pero te exhibe en sus ancas de oro.
Winett, como una flor de extranjería.

Porque sin ti no hubiera descubierto
como una jarra de agua en el desierto
la mina antigua de mi poesía.

Autor del poema: Pablo de Rokha

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SONETO

Este fácil soneto cotidiano
que mis insomnios nutre y desvanece,
sin objeto ni dádiva se ofrece
al nocturno sopor del sueño vano.

¡Inanimado lápiz que en mi mano
mis odios graba o mis ensueños mece!
En tus concisas líneas aparece
la vida fácil, el camino llano.

Extinguiré la luz. Y amanecida,
el diamante de ayer será al leerte
una hoguera en cenizas consumida.

Y he de concluir, soneto, y contenerte
como destila el jugo de la vida
la perfección serena de la muerte.

Autor del poema: Salvador Novo

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SONETO DEL DULCE NOMBRE

Si el mar que por el mundo se derrama
tuviera tanto amor como agua fría,
se llamaría, por amor, María
y no tan sólo mar, como se llama.

Si la llama que el viento desparrama,
por amor se quemara noche y dia,
esta llama de amor se llamaría
María, simplemente en vez de llama.

Pero ni el mar de amor inundaría
con sus aguas eternas otra cosa
que los ojos del ser que sufre y ama,

ni la llama de amor abrasaría,
con su energía misericordiosa,
sino el alma que llora cuando llama

Autor del poema: Francisco Luis Bernárdez

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EL SONETO ES TAN ÁGIL COMO UN BRINCO...

El soneto es tan ágil como un brinco;
brinco de corazón o catarata
despeñada en un tiempo que delata
el deseo del curso hacia un ahínco

de no ser y de estar. En él afinco,
en vuelo, la ilusión más inmediata,
y así, en el mismo olvido, me retrata
desvanecido allí donde me hinco.

Alma de espuma y cuerpo de suspiro,
tomar pretende en mármol el respiro
como lo quiere el río en ese salto

blanquísimo, sonoro, ardiente y frío...
Mas sólo en el pasar mantiene el brío
y habrá de ser su piedra el sobresalto.

Autor del poema: Francisco Pino

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LA FORMA ÉPICA DEL ENGAÑO

El mundo no lo entiendo, soy yo mismo
las montañas, el mar, la agricultura,
pues mi intuición procrea un magnetismo
entre el paisaje y la literatura.

Los anchos ríos hondos en mi abismo,
al arrastrar pedazos de locura,
van por adentro del metabolismo,
como el veneno por la mordedura.

Relincha un potro en mi vocabulario,
y antiguas norias dan un son agrario,
como un novillo, a la imagen tallada.

Un gran lagar nacional hierve adentro,
y cuando busco lo inmenso lo encuentro
en la voz popular de tu mirada.

Autor del poema: Pablo de Rokha

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SONETO

Pájaro sin alas, por esta alegria
del árbol, yo bebo luz de siete planos
en las hojas verdes: flor de alejandría
silenciosa, para los aeroplanos.

Bienaventurados los pájaros, vidas
por Dios bendecidas, por Dios bendecidas.
Las ardillas, casi pájaros, brincamos
de un modo..... Parece que nos ensayamos

En un casi vuelo, según la manera
juguetona y loca de la primavera.
Recuerdas amigo la paz franciscana.

De aquel milagroso Fray Ave María?
Tiene una locura la paz Franciscana
de aquel milagroso Fray Ave María.

Autor del poema: Azarías H. Pallais

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IV

Un día, si no sigo siempre huyendo
de gente en gente, me verás, hermano,
llorar, sentado al pie de tu sepulcro,
la muerta flor de tus gentiles años.

Ahora, sólo nuestra anciana madre
habla de mí con tu ceniza muda:
sin ilusión os tiendo yo mis manos,
pues aunque vea nuestro hogar de lejos,

siento el numen adverso y los temores
que fueron tempestad para tu vida,
y pido yo también paz en tu puerto.

Hoy, de tanta esperanza, esto me queda,
gentes extrañas, que pongáis mis huesos
en el regazo de la madre triste.

Autor del poema: Ugo Foscolo

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II

No soy quien fui; murió de mí gran parte,
y lo que queda es languidez y llanto.
Las hojas de laurel, las esperanzas
de mis jóvenes cantos, se han secado.

Desde que Marte y su licencia impía
con su sangriento manto me vistieron,
está ciega la mente y muerta el alma,
y las desgracias son mi arte y mi orgullo.

Y aunque el deseo de morir me viene,
a mi fiera razón cierran las puertas
ansia de gloria y caridad de hijo.

De la suerte, de mí y de otros, esclavo,
conozco lo mejor y no lo escojo
y sé invocar la muerte y no matarme.

Autor del poema: Ugo Foscolo

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A GUILLERMO VALENCIA, SEÑOR DE BELALCÁZAR

Esos tus cuatro niños: Yo no he visto mejor
cuarteto; ni tampoco más dulce primavera
que tu amor, —cielo, donde tu bella compañera
es una estrella fija de poemas en flor.

Navega en los silencios del Castillo Interior
tu »manoir»: los paisajes dormidos en la austera
gracia del Cauca, vibran cuando vibra la noguera
del Puracé. Valencia, poeta cazador,

dueño de libros raros, y mejor todavía,
dueño de un hogar noble, dice tu poesía
del libro las penumbras, del amor la visión:

Ella y los cuatro niños: por eso tus poemas,
en vez de ser oscuros temerosos problemas,
son árboles dxchosos de suave promisión.

Autor del poema: Azarías H. Pallais

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III

Ya nunca tocaré la sacra orilla
donde de niño recosté mi cuerpo,
Zante mía, en las olas reflejada
del griego mar en que nació doncella

Venus, que hizo fecundas esas islas
con su sonrisa; así callar no pudo
ni tus límpidas nubes ni tus frondas
el verso célebre de quien las aguas

cantó fatales y el diverso exilio
por el que rico en fama y desventura
besó su pedregosa Itaca Ulises.

Solamente tendrás de tu hijo el canto,
materna tierra mía: nos prescribe
el hado no llorada sepultura.

Autor del poema: Ugo Foscolo

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